Cultivos transgénicos en España: una amenaza grave

España ha sido el país pionero en la siembra de variedades transgénicas en la Unión Europea, incorporando a la lista nacional de variedades vegetales dos variedades de maíz insecticida Bt en 1998, cinco variedades en 2003 y otras siete en 2004.

La superficie sembrada de maíz transgénico pasó de 25.000 hectáreas en 2002 a 32.000 hectáreas en 2003, aumentando a 58.000 hectáreas en 2004, según los datos de ISAA [1].

En 2003 esta superficie apenas representaba el 7% del total nacional, distribuyéndose de la siguiente forma: Cataluña 13%, Aragón 11%, Castilla la Mancha 9%, Madrid 9%, Navarra 4%, Andalucía 3% y Extremadura 2%.

La mayor parte de la superficie de maíz Bt sembrada en España corresponde, según el Ministerio de Agricultura, a las variedades portadores del evento Bt 176, retiradas del mercado en EE UU por sus riesgos de aparición de resistencia en las plagas y por el riesgo de que su elevada toxicidad afecte a especies de insectos protegidas o beneficiosas, y que la Agencia de Seguridad Alimentaria española recomendó retirar en 2004 por sus riesgos sanitarios.

VARIEDADES CULTIVADAS

Todas las variedades autorizadas en España son variedades insecticidas (Bt 176 y Mon 810), que producen una toxina fabricada en la naturaleza por una bacteria del suelo, el Bacillus thuringiensis. En el caso de las variedades Bt 176, las células del maíz llevan incorporado un gen “marcador” de resistencia a la ampicilina.

La incorporación del gen Bt se supone que debe defender al cultivo controlar el “taladro”, un insecto que puede convertirse en plaga en las zonas donde el monocultivo de maíz está más extendido, especialmente en años de calor. Sin embargo esta “defensa” no está garantizada, ni estaría justificada en gran parte del territorio, donde el taladro no provoca grandes daños.

APARICION DE RESISTENCIA EN LAS PLAGAS

Uno de los grandes problemas de los cultivos Bt es la previsible evolución de resistencia a la toxina por parte de las plagas, sobre todo si la superficie cultivada es muy extensa y uniforme.
Por otra parte, en 2001 la Agencia de Medio Ambiente de Estados Unidos (Environmental Protection Agency) no renovó la autorización para las variedades Bt 176, comprometiéndose la empresa que comercializa las semillas en EE UU a retirarlas del mercado. La no renovación de la autorización se debió a que se había comprobado que en las variedades Bt 176 el riesgo de generación de resistencia al insecticida era más grave que en otras variedades, no estando protegido el cultivo frente a la segunda generación de insectos plaga.

En un estudio sobre control de taladro con maíz MG llevado a cabo por el ITG-A en Navarra durante 1998, 1999 y 2000, se llega a la alarmante conclusión de que en España están apareciendo ya resistencias en el taladro [2]. La aparición de resistencia al Bt no sólo inutilizaría un valioso plaguicida utilizado en agricultura biológica, ocasionando gravísimos perjuicios a los agricultores ecológicos, sino que pudiera tener unas repercusiones difíciles de prever -y potencialmente graves- en los ecosistemas, ya que desconocemos el papel jugado por el Bacillus thuringiensis en los ciclos y equilibrios biológicos de la naturaleza.

RIESGOS GRAVES PARA LA SALUD HUMANA

Las variedades de maíz Bt 176 fueron prohibidas desde el primer momento en varios países de Europa (Austria, Italia, Luxemburgo) por los riesgos para la salud humana derivados de la presencia de un gen marcador de resistencia a la ampicilina, que pudiera agravar el ya preocupante problema de aumento de las enfermedades resistentes a los antibióticos.

El 16 de abril 2004 la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria recomendaba la retirada del mercado de estas variedades, publicándose a los pocos días en España una decisión de la Agencia de Seguridad Alimentaria Española en el mismo sentido, que obligaría a revocar su autorización en España a partir de diciembre 2004. Este revocación, sin embargo, no parece haberse llevado a cabo.

Los riesgos de alergias o de otros problemas para la salud asociados a las variedades insecticidas Bt no se habían estudiado adecuadamente antes de su autorización, ni se ha hecho un seguimiento riguroso posterior de sus efectos, por lo cual su cultivo supone someter a la población (y al ganado que lo consume) a un peligroso (e involuntario) experimento a gran escala. Según un informe del Norwegian Institute for Gene Ecology en Filipinas los problemas de alergias aparecidos en los últimos años en zonas de cultivos Bt pueden estar relacionados con el maíz transgénico [3].

LAS VARIEDADES BT AFECTAN A INSECTOS BENEFICIOSOS

Los riesgos ecológicos del cultivo a gran escala de variedades Bt tampoco han sido evaluados suficientemente. La toxina natural del Bacillus thuringiensis afecta únicamente a determinados insectos plaga, pero no es dañina para otras poblaciones de insectos beneficiosos. Sin embargo, se ha constatado que las toxinas del maíz Bt ocasionan una mortandad apreciable en especies del género Collembola, importantes para la descomposición de la materia orgánica en los suelos [4]. Posiblemente esto se deba a que la toxina Bt del maíz transgénico no tiene las mismas propiedades que la proteína en su forma natural. La proteína insecticida producida por la bacteria B. Thuringiensis se activa por la acción de una enzima presente en el estómago de ciertas larvas, por lo que es específica, mientras que la producida por las plantas Bt es la forma activa de esta toxina y puede afectar a otras especies además de las consideradas plaga [5].

En 1999 investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que el polen del maíz Bt podía afectar a las larvas de la mariposa monarca (Danaus plexippus), especie protegida amenazada, ocasionando una notable mortalidad en las larvas alimentadas en el laboratorio con hojas espolvoreadas con polen procedente de maíz Bt [6]. Una de las conclusiones de este trabajo fue la necesidad de estudios más amplios, poniendo de manifiesto la temeraria ausencia de información sobre el impacto ambiental del cultivo de estas variedades. Posteriormente, un trabajo publicado en 2001 demostraba que algunas de las variedades Bt, concretamente las variedades Bt 176 cultivadas en España, tenían una toxicidad muy elevada, afectando a especies de insectos protegidas o beneficiosas [7].

La toxina Bt puede afectar también a predadores de las plagas. Un equipo del Swiss Federal Research Station for Agroecology and Agriculture, detectó que en determinadas especies enemigas de las plagas, como el crisopo (Chrysoperla carnea), la mortalidad aumentaba notablemente y su desarrollo se retrasaba cuando se alimentaban de gusanos del barrenador del maíz criados en plantas Bt [8]. Este efecto no había sido detectado en los experimentos realizados por Novartis (ahora Syngenta), al parecer por haberse realizado con larvas de crisopo alimentadas con huevos de insecto espolvoreados con Bt, sin tener en cuenta que las larvas no ingieren los huevos sino que succionan su contenido, no siendo por tanto afectadas por la toxina [9]. Una reducción de las poblaciones de enemigos naturales del taladro resultaría en mayores problemas de control de plagas, y en desequilibrios ecológicos difíciles de prever.

LAS TOXINAS Bt ACTIVAS SE ACUMULAN Y PERSISTEN EN LOS SUELOS

La producción de toxinas en los cultivos Bt es continua (a lo largo de todo el ciclo), y el insecticida se produce en todas las partes de la planta. Diversos trabajos de investigación han alertado sobre los riesgos de la posible acumulación de toxinas insecticidas en el entorno, y en particular en los suelos de los cultivos Bt al incorporarse la materia vegetal al suelo tras la cosecha y persistir en determinados suelos. A diferencia de los preparados insecticidas orgánicos basados en el Bacillus thuringiensis, que se descomponen con los rayos ultravioletas al ser expuestos a la luz, la toxina procedente de los cultivos transgénicos puede acumularse en los suelos, pudiendo permanecer las proteínas insecticidas en estado activo adheridas a partículas del suelo durante periodos relativamente prolongados , [10] [11].

Se ha podido verificar, además, que el maíz Bt libera toxina insecticida a través de las raíces, permaneciendo las toxinas en estado activo adheridas a partículas de los suelos y afectando a larvas de insectos [12].

Se desconoce cómo puede repercutir esta liberación y acumulación de toxinas insecticidas a la comunidad de organismos vivos presente en los suelos, a su biodiversidad y a sus funciones ecológicas. Sin embargo el volumen de insecticida Bt que penetraría en los suelos en un cultivo transgénico excedería con mucho el existente en la naturaleza (incluso suponiendo el uso puntual de preparaciones Bt para control orgánico de plagas).

La ecología de la comunidad biótica de los suelos y sus interacciones con las plantas es todavía poco conocidas. Apenas conocemos las funciones de muchos de los microorganismos que habitan el sustrato superior de nuestros suelos, pero es sabida la importancia de una presencia equilibrada de poblaciones de determinadas bacterias, hongos, nematodos... para mantener y mejorar la fertilidad de los suelos y la salud y el rendimiento de los cultivos. Esta comunidad viva tiene mayor importancia, si cabe, en climas áridos y en regiones con suelos pobres y de gran fragilidad, como es la mayoría del territorio español. Se desconoce, además, el papel del B. Thuringiensis en los suelos. Los efectos de la acumulación de la toxina Bt, y la posible evolución de resistencias a este insecticida en organismos del suelo pudiera dar lugar a desequilibrios ecológicos importantes, que afectarían gravemente a la fertilidad de los suelos.




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