Contaminación del aire: el problema son los coches, no el polvo sahariano

Ecologistas en Acción denuncia que el Ayuntamiento de la capital sólo reconoce que el aire está contaminado cuando puede “echarle la culpa” al polvo sahariano. Sin embargo, la contaminación del aire en Madrid es estructural y proviene en un 80% de las emisiones de los coches. La única forma de garantizar un aire saludable para los madrileños es, pues, tomando medidas para reducir el uso del coche, algo a lo que se resisten tanto la Comunidad como el Ayuntamiento de Madrid.

El Gobierno municipal de Madrid suele aprovechar los episodios de intrusión de aire sahariano para echar la culpa de la contaminación al polvo que arrastran estas masas de aire. Sin embargo, esta estrategia de comunicación municipal pretende enmascarar una verdad incómoda, que el 80% de la contaminación del aire de la ciudad es provocada por el tráfico.

Así, ¿cómo explica el Ayuntamiento los altos niveles de óxidos de nitrógeno que tenemos también estos días, cuando este contaminante no viene del Sahara, sino de los tubos de escape? ¿Cómo explica el Ayuntamiento que los niveles de partículas sean mucho más bajos en la Casa de Campo que en el Paseo de la Castellana, si no es porque la principal fuente de la contaminación es el tráfico?

Además, conviene dejar claro que los efectos sobre la salud del polvo sahariano, compuesto fundamentalmente de cuarzo y arcilla, no tienen comparación con la toxicidad de las partículas emitidas por los tubos de escape de los coches. De hecho, los estudios epidemiológicos calculan que a causa de este contaminante, las partículas en suspensión, cada año fallecen casi 2.000 personas de forma prematura en la ciudad de Madrid. Es decir, hablamos de un problema que debería ser la primera prioridad de cualquier administración responsable.

En definitiva, la contaminación del aire en Madrid y en su área metropolitana es una situación estructural: en Madrid sólo se puede respirar con tranquilidad cuando hay una fuerte inestabilidad atmosférica. No es, como quiere hacer creer el Ayuntamiento, que cuando hay anticiclón nos lleguen contaminantes del desierto, sino que no se dispersan los gases tóxicos que genera el tráfico.

El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid son, según la legislación vigente, las Administraciones responsables de mejorar la calidad del aire. Supuestamente disponen de planes de lucha contra la contaminación, pero si éstos se han puesto en marcha (prácticamente nadie es consciente de ninguna medida práctica) han sido claramente inefectivos. Por el contrario, sus principales políticas van en el camino contrario al adecuado.

Efectivamente, si el problema principal son las emisiones de los coches, que los madrileños respiren un aire saludable pasa por establecer restricciones a su uso. Sin embargo, el Gobierno municipal gastó la pasada legislatura más de 4.000 millones de euros en facilitar y aumentar el tránsito de vehículos en la M-30. Por su parte, la Comunidad de Madrid, con su Plan de Carreteras 2007-2011, se dispone a invertir 4.217 millones de euros para construir o ampliar 226 km de autovías. Cuesta imaginar unas políticas más contraproducentes para garantizar el derecho de los madrileños a respirar un aire saludable.




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