El Río Castril otra vez amenazado

EN REALIDAD, ¿EXISTE UNA NUEVA POLITICA DEL AGUA EN ANDALUCIA? ¡A VUELTAS CON EL RIO CASTRIL¡

Después de la sequía de 1995 o tal vez coincidiendo con ella, los movimientos sociales, una parte muy significativa de los científicos y hasta algunos miembros de la propia Administración nos hemos ocupado profusamente del diagnóstico y de las convenientes políticas públicas acerca de la cuestión de las aguas continentales en España. Como fruto de los numerosos libros, artículos en la prensa y en las revistas científicas, congresos, etc. la denominada Nueva Cultura del Agua (NCA), la gestión de la demanda, la calidad del agua, etc. constituyen hoy expresiones muy divulgadas entre académicos y gestores, de tal suerte que o bien nos consideramos correligionarios de estas nuevas tendencias en la política del agua o, al menos, pocos se atreven a manifestarse públicamente contrarios a ellas.

Resulta obvio, por tanto, que, al menos, formalmente, han cambiado bastantes aspectos puntuales de la consideración y de la política del agua en España y en Andalucía en la última década. Entre otros, el polémico trasvase Ebro-Jucar-Almería no se ha realizado, altos cargos de la administraciones española y andaluza, incluida la propia Ministra de Medio Ambiente, se han declarado reiteradamente partidarios de los principios que inspiran la Nueva Cultura del Agua, otros, incluso, son miembros promotores de la Fundación que lleva este nombre, la Directiva Marco de Aguas Europea es una norma esencialmente ambientalista,....

Pero, en realidad, ¿los cambios ideológicos e institucionales mencionados han modificado ya realmente la política del agua en Andalucía? o, por el contrario, ¿cada vez que se producen épocas de menos lluvias aparecen “ los viejos fantasmas” de la “sequía”? ¿Qué fue de los antiguos gestores del agua en Andalucía, de los miembros del denominado “paradigma del cemento”, y de los que denominaban, cuando menos, “ecologeros” a los miembros y simpatizantes de la NCA? ¿Ya no se hacen pantanos para los que nunca habrá agua suficiente que pueda llenarlos y que además representan un peligro para muchas de las personas que residen aguas abajo? ¿Ya se depuran las aguas residuales de los municipios e industrias o aún se vierten a los cauces de los ríos sin el adecuado tratamiento? ¿Se informa y se exponen al público los proyectos de obras hidráulicas antes de su ejecución o se utilizan fraudulentamente figuras como las obras de emergencia para eludir su control?.

Veamos un caso que estos días está apareciendo en diversos medios informativos andaluces y granadinos:

Las aguas del Río Castril, de magnífica calidad, han sido deseadas por muchos desde tiempos inmemoriales. En la actualidad, la nutria, la trucha común, el barbo gitano y la boga, entre otros, lo enriquecen. El bosque de ribera del río Castril, prácticamente único en Andalucía, constituye una auténtica provocación constante para los atilas del agua y del medio ambiente....

En realidad, pese a que me gustaría poder sostener que este valiosísimo ecosistema se conserva aún gracias sólo a la decisiva defensa de los castrileños y corteños, sin minusvalorar esta causa, el reciente proyecto desvela que otras han sido las razones más significativas.

En efecto, el trasvase del río Castril-Canal de Jabalcón incluido en el modificado sólo parcialmente en el 2005 Plan Hidrológico Nacional del 2001, elaborado por el PP, fue abandonado. Sin duda, a esta decisión gubernamental colaboraron las decisivas y enérgicas actuaciones de los vecinos de Castril y de Cortes de Baza, pero, sobre todo, me temo que, la inmediatez de las elecciones generales, en un ambiente de triunfo ideológico de la Nueva Cultura del Agua, el rechazo de los científicos, popular y de las instituciones europeas al Trasvase Ebro-Jucar-Almería, etc. tuvieron mayor influencia..

Mi sospecha se confirma con que sólo tres años después, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) vuelve a la carga. Esta vez, mediante el procedimiento de obras de emergencia, pretende trasvasar aguas desde el embalse del Portillo hasta Baza, detrayéndolas del río Castril, mediante la instalación de una tubería de 35 Km, de la que ya se están ejecutando los primeros 25 Km que discurren en paralelo a su cauce.

La finalidad declarada para esta obra de emergencia es el abastecimiento humano a Baza y a otras localidades. Sin embargo, en este municipio no existen deficiencias de abastecimiento a la población y menos aún perentorias que, por tanto, requieran una urgente solución. Pero si conocemos, por ejemplo, que el suministro medio de agua por habitante de Baza es tres veces superior al consumo medio nacional pero, también, que más de dos tercios del agua extraída de los acuíferos y fuentes no se facturan a los usuarios. El 60% de los contadores, por cierto, instalados en el interior de los domicilios, son obsoletos legalmente. Es más, no todo el volumen del agua procedente de las fuentes y acuíferos está destinada al abastecimiento humano si no que es utilizada en la agricultura que mayoritariamente riega a manta, de la que una parte considerable, incluso, son riegos ilegales.......

En presencia de este desgobierno, ante esta falta de transparencia, ¿cómo se atreven a proponer esta nueva agresión al Río Castril?

Srs. planificadores de la CHG, primero pongan en orden la casa. Si después de ello creen que hace falta más agua para el abastecimiento humano de Baza o de otro municipio, hagan todos los estudios precisos y prescritos legalmente, publíquelos, sométanlos a debate, analicen todas las alternativas técnicamente disponibles y, finalmente, escojan la menos costosa, no sólo financiera si no, sobre todo, ecológicamente.

Con toda seguridad, ésta no será la de mutilar otra vez más al Río Castril.

Claro, pero es posible que la alternativa mejor para la mayoría no sea un buen negocio para algunos.
Sres planificadores, ¿no será que vds. lo que realmente pretenden es, pese a todo, hacer la obra?
O, díganme, en confianza, ¿a vds. le molesta la belleza?

En definitiva, me temo que, al menos, todas las preguntas que hago más arriba no tienen una respuesta nítidamente satisfactoria y que, pese a los indudables cambios que se han producido, tal vez demasiados aspectos de la política hidráulica tradicional se mantengan inalterados entre nosotros. Es más, peor aún, observo que, tomando la terminología de otro conocido ámbito más amplio, los símbolos y los discursos de la Nueva Cultura del Agua han sido asumidos casi automáticamente, sin oponer la más mínima resistencia ideológica por una parte influyente de “los demócratas de toda la vida” para que, en realidad, pocas cosas cambien sustancialmente.

En fin,

Ya están aquí los viejos fantasmas, Siempre los mismos fantasmas...