Otros riesgos para nuestro litoral: prospecciones de hidrocarburos

Accidentes como el Prestige, nos recuerdan el gran impacto ecológico y socioeconómico que pueden tener las actividades relacionadas con el sector de combustibles fósiles. El proceso de exploración, producción y transporte de hidrocarburos presenta una amenaza hacia los ecosistemas marinos y litorales, produciendo una amplia gama de impactos. Estos impactos pueden ser desde los mas obvios, como en el caso de un accidente que produce las mareas negras y la consecuente asfixia e intoxicación de las aves, mamíferos marinos o tortugas, hasta los mas sutiles como el cambio de comportamiento de especies debido a la contaminación sonora producida durante las prospecciones y las consecuencias derivadas del incremento gradual de la toxicidad del medio.

A pesar de que el sector de las energías renovables en España ha ido creciendo en las últimas décadas, la apuesta de los últimos gobiernos ha dirigido los pasos en dirección contraria. España cuenta actualmente con 11 perforaciones marinas para la extracción de petróleo, gas o almacenamiento (Tarragona, Golfo de Cádiz, Euskadi) y se han autorizado ya 30 nuevas áreas marinas para la exploración de yacimientos y posibles nuevas plataformas de hidrocarburos (Islas Canarias, Golfo de Valencia, Tarragona, Mar de Alboran, Asturias y Mar Cantabrico). Esto supone multiplicar por ocho la superficie marina que ya se está explotando y junto con ella las amenazas hacia el medio marino.

La primera fase de la explotación de hidrocarburos son las prospecciones que consisten en estudios sísmicos para ubicar los yacimientos en el subsuelo marino. Estos estudios utilizan continuos disparos de cañones de aire comprimido remolcados desde un buque y pueden durar hasta años cubriendo una zona de entre 300 a 600 millas naúticas. En España las prospecciones de hidrocarburos no están sujetas a evaluaciones de impacto ambiental por ley y carecen de estudios que garanticen su seguridad medioambiental. Todavía estas actividades están parcialmente reguladas por la Ley sobre Investigación y Explotación de Hidrocarburos de 27 de junio de 1974 y no se ajustan a legislaciones ambientales europeas e internacionales mas recientes como la Directiva Hábitats, la Directiva de Estrategia Marina y acuerdos como el Convenio de Barcelona.

Las prospecciones que se realizan con tanta frivolidad en nuestros mares, emiten una intensidad sonora de 250 dB, la cual esta por encima del umbral de seguridad para cetáceos (180 dB) a 1 km de distancia, y a los 30 kilómetros se detectan niveles de 160 dB que pueden afectar el comportamiento de las especies. Además los estudios sísmicos producen energía de baja frecuencia que se puede detectar hasta a 3000 y 4000 kilómetros de distancia de su fuente y coincide con los sonidos producidos y captados de varias especies marinas como peces, cefalópodos, cetáceos, tortugas marinas y pinnípedos. Hay datos que evidencian una reducción en las capturas de peces de distintas especies hasta 55% en áreas próximas a prospecciones sísmicas, así como lesiones en los órganos internos de cefalópodos y cetáceos que han sido relacionados con incidentes de varamientos.

Sumando a esto, los impactos nocivos de la instalación de plataformas y extracción de hidrocarburos debido a las mezclas químicas que se utilizan y el carácter tóxico del petróleo, que en caso de un accidente tanto desde la plataforma como durante el transporte llegará al mar y producirá una catástrofe, Ecologistas en Acción exige el abandono gradual de todas las actividades relacionadas con el sector de los hidrocarburos y una apuesta definitiva por reducción del consumo acompañada por un incremento del uso de las energías limpias.

Angeliki Lysimachou, Enrique Pardo del Área Marina de Ecologistas en Acción y Nina Hoogland, de BenMagec-Ecologistas en Acción de Canarias.




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