Consecuencias de la catástrofe en los ecosistemas y en la pesca

El hundimiento del Prestige fue la mayor catástrofe de este tipo producida en Europa y la segunda del mundo tras la provocada en 1989 por el Exxon Valdez en Alaska. Este gran impacto se debió a la mala gestión del accidente por parte de las autoridades que decidieron alejar el buque de la costa en lugar de llevarlo a una zona de abrigo donde el impacto habría sido mucho más localizado en el espacio. También se considera la mayor catástrofe ambiental de nuestro país, producida por un evento puntual en las últimas décadas. Se vieron afectados 2.000 kilómetros de costa, entre 250.000 y 300.000 aves murieron debido directamente al vertido del fuel, y el coste económico fue uno de los más altos de la historia, superando los 10.000 millones de euros. Además las repercusiones ambientales y socio-económicas de la marea negra se dejarán sentir todavía durante varias décadas.

Entre los hábitat y las especies mas afectadas destacan las praderas submarinas y las comunidades de algas, que viven en las aguas someras, todas ellas de importancia ecológica excepcional, pues dan cobijo y alimento a un importante número de especies de invertebrados y peces. Debido a la flotabilidad del fuel, fueron especialmente afectadas las algas y líquenes que viven directamente sobre las rocas en la zona supralitoral, en torno a las marcas húmedas de la pleamar.

Fueron miles las especies afectadas, desde el conjunto de seres que componen el plancton, base de la cadena alimenticia de muchas especies, hasta incontables invertebrados como esponjas, medusas, anémonas, coral blando, gorgonias, poliquetos, cirrípedos, cangrejos ermitaños, moluscos bivalvos y lamelibranquios, pepinos de mar, erizos y estrellas de mar, sin olvidar a los peces, muchos de ellos objeto de una intensa actividad pesquera que se ha visto muy perjudicada por la catástrofe. Según datos publicados por la Plataforma Nunca Máis, diez años después de la catástrofe existen aún bancos marisqueros que no se han recuperado y problemas que aún no se han terminado de solucionar como la fijación del percebe en algunas zonas de la Costa da Morte. La facturación en el año 2010 fue inferior a la del 2000 en las principales especies de peces, crustáceos, equinodermos y cefalópodos. Y lo mismo ocurre cuando se revisan datos de zonas de marisqueo o cultivo, como en el caso del mejillón en donde las pérdidas en facturación en el período 2003-2010 llegaron a los 45 millones de euros.

Como viene siendo habitual en este tipo de catástrofes, el impacto medioambiental mas evidente y fácil de cuantificar es el de las aves marinas, que nidifican en las costas rocosas pero se alimentan en el mar. Las especies más afectadas fueron el alca, el alcatraz, el arao común, la gaviota patiamarilla, el ánade azulón, el negrón, el frailecillo, el colimbo grande y la gaviota tridáctila.

Pero a la elevada mortalidad de aves marinas producida directamente por el fuel, debido al contacto directo, hay que unirle el producido indirectamente los años siguientes, debido a la reducción de sus especies presa. Un ejemplo de ello es la preocupante situación del cormorán moñudo, que contaba con la mayor colonia española de la especie en las Cíes, y cuya población se ha visto muy mermada, al reducirse un 50% en los fondos de las islas Cíes el bolo, un pez que constituye la principal fuente de alimentación del cormorán.

Incomprensiblemente diez años después, y aunque la capacidad de regeneración de la naturaleza esta siendo ya evidente, las consecuencias para el medio ambiente no se han evaluado de forma global, y no se ha puesto en marcha un plan integral de recuperación de los ecosistemas afectados. Aunque si se han realizado estudios y trabajos de recuperación en algunos puntos, especialmente en zonas protegidas como el Parque Nacional de las Islas Atlánticas.

Theo Oberhuber, Coordinador del Área de Conservación de la Naturaleza de Ecologistas en Acción