XXIII edición de la Marcha a Rota

Manifiesto leído en la XXIII Marcha a Rota, el 11 de mayo de 2008, frente a la puerta principal de la Base Naval.

A FAVOR DE MAYO.-

Hoy, cuarenta años después del mayo del 68, nos hemos congregado aquí para recordar que la falta de imaginación sigue en el poder y que debajo del asfalto sólo nos aguardan playas llenas de marines y carros de combate.

Hoy, nos damos cuenta de que la guerra de Vietnam no terminó nunca porque después llegaron otras guerras en otros lugares, bajo las mismas o distintas banderas, pero en todas ellas siempre morían los mismos y el Apocalipsis sigue ocurriendo ahora.

Ahora, que si algún día concluye la guerra de Irak será por ahorrar dinero y no por ahorrar vidas humanas…

Ahora, cuando los ejércitos de la guerra juegan ante la opinión pública a ser ejércitos de la paz, cuando las armadas europeas protegen a los intereses de las transnacionales y persiguen a los cayucos del Tercer Mundo.

Ahora, cuando por tierra, mar y aire, los lobos de Washington y los de la OTAN, dicen defender a pueblos inocentes, pero terminan convirtiéndoles en víctimas colaterales…

Ahora, cuando la única batalla que tendríamos que librar entre todos es la de la supervivencia del planeta, desforestado por los biodiesel y las grandes madereras, esquilmado por factorías flotantes, atacado por el efecto invernadero y por la avaricia humana…

Ahora, cuando la mejor misión de un soldado sería la de repartir en partes iguales los víveres que existen y no aceptar de brazos cruzados que sus precios se disparen y no lleguen nunca a manos de aquellos que padecen hambre y sed pero nunca terminan de ser bienaventurados.

Ahora, es cuando queremos que en lugar de que Carme Chacón grite marcialmente "Capitán, mande firmes", ella y todos los ministros de Defensa, ordene algún día a todos los séptimos de caballería que rompan filas de una vez por todas y que se disuelvan en las tinieblas de la historia.

Hoy, Andalucía sigue ocupando los últimos vagones del crecimiento económico y los primeros del paro y del riesgo militar. Andalucía sigue en primera línea de fuego porque la han alistado en una guerra que no es la suya.

Hoy, Andalucía sigue esperando inútilmente a Mr. Marshall y aunque ya dejó de ser aquella eterna España de charanga y pandereta, todavía baila el paso de la oca con la más fea, con la muerte a mano armada, con la VI Flota y con la Royal Navy, con submarinos de corazón de átomo y cazas de alma metálica cuyos pilotos no suelen saber si bombardean cuarteles u hospitales, campamentos de la yihad islámica o niños que juegan a ser niños a pesar del odio supuestamente escrito en los libros sagrados, en los despachos del pentágono o en los Presupuestos Generales del Estado español.

Ahora, cuando habría que convertir para siempre en papel mojado los convenios con Estados Unidos de 1953…

Ahora, cuando tendríamos que firmar urgentemente un concordato con nosotros mismos para que la bandera blanca y verde diga paz y esperanza bajo el sol de nuestra tierra…

Ahora, cuando tendríamos que firmar la paz con nuestra memoria para que los andaluces y no andaluces volvamos a ser lo que fuimos, seres humanos de luz que al resto de la humanidad dieron alma de seres humanos….

Ahora, cuando no es tarde para que otro mundo sea posible y para que la utopía no sea una palabra pronunciada en vano desde las tribunas del pensamiento único…

Queremos que Rota deje de ser la antesala del infierno, que a Morón de la Frontera se le recuerde por la guitarra a uña pelá de Diego el del Gastor y no por los eternos tambores de guerra que tocan los motores de aviones de transporte, nodrizas y caza bombarderos o por los siniestros vuelos secretos de la CIA.

Queremos que los gibraltareños sean lo que quieran ser pero que, a un lado o a otro de la Verja de Gibraltar, no vistamos todos uniforme de la OTAN, como rehenes civiles de un polvorín nuclear, como escudos humanos en las trincheras con las que el primer mundo no sólo se defiende del fanatismo religioso sino que exporta su propia idea de democracia, como sigue haciendo en Irak a punta de bayoneta, o en Afganistán, disfrazando a los marines como boy scouts y matando familias desarmadas con el pretexto de acabar con Bin Laden; Bin Laden, ese enemigo necesario que fabricó Estados Unidos en tiempos de la guerra fría y que hoy supone la principal coartada para mantener al alza los presupuestos de Defensa en una guerra convencional que no tiene nada que ver con la que verdaderamente se libra: ¿cómo detendrán nuestros vistosos ejercicios aeronavales a un desesperado con el pecho envuelto en cartuchos de explosivos?.

Pero sobre todo queremos que la solidaridad sea realmente la ternura de los pueblos y no una eterna asignatura pendiente de un hilo.

Pero sobre todo queremos que sea Rota la marinera quien levante la primera llama de la libertad.

Pero sobre todo queremos que este país de todos los demonios los entierre de una vez y que la la palabra España provoque afecto y respeto pero nunca miedo.

Pero sobre todo queremos que Europa recuerde que su contraseña sigue siendo libertad, igualdad y fraternidad y que sus enemigos no son los ocho millones de inmigrantes sin papeles a los que pretende expulsar y encarcelar durante año y medio, sino un puñado de banqueros ambiciosos, ingenieros de finanzas y delincuentes de cuello blanco que llevan décadas asesinando nuestros sueños y convirtiéndonos en la pesadilla de seres inocentes que simplemente sueñan ser como nosotros.

Pero sobre todo queremos que los militares yanquis se vayan a tomar viento del Estrecho para que las únicas barras que veamos estén llenas de cerveza y las únicas estrellas que nos rodeen estén sobre el inmenso decorado del firmamento y no sobre las charreteras de cualquiera de esos generales o ministros que deciden cuales son las guerras donde tienen que morir otros.

Pero sobre todo queremos, cuarenta años después de mayo del 68, que la imaginación suba al poder y que debajo del asfalto sólo hermosos castillos de arena, castillos en el aire libre, castillos de naipes que no estén marcados.

Contra la base de Rota, contra la base de Morón, contra la base de Gibraltar, contra todas las bases. A favor de la paz de los sueños valientes y en contra de la guerra de la obediencia debida y de la rutina cobarde.

Por Juan José Téllez