La fábrica de botellas: un oportunidad perdida

Hace un par de semanas el ayuntamiento hizo público el convenio urbanístico (por cierto, aun no está colgado en la web municipal) para trasladar la ubicación de la fábrica de botellas al extrarradio, y poder darle así un nuevo uso a la gran bolsa de suelo que ocupa VICASA. En su lugar, según los medios de comunicación, se construirán 800 viviendas. Viendo la ubicación de los suelos en el corazón de la ciudad, la operación es una perita en dulce, una oportunidad única para hacer suculento negocio inmobiliario, aunque con la crisis vigente sea de dudosa viabilidad.

En lo que se refiere a viviendas, Jerez, tras una década de explosiva construcción en la ciudad, tiene ya un parque sobredimensionado de por sí, y para colmo, el nuevo Plan General propone casi 40.000 nuevas casas. Los números no engañan, actualmente hay en la ciudad aproximadamente 90.000 viviendas, y si se cumplen las previsiones del nuevo Plan, en 2020 habrá 130.000. Una autentica barbaridad si se tiene en cuenta que la población no sobrepasará las 220.000 habitantes. Vamos, una persona y media por vivienda, casi nada.
En medio del escenario surrealista de la vivienda en Jerez surge la recalificación de VICASA, y los suelos se destinarán a más viviendas. Esto es un problema serio, no sólo por el empecinamiento y la obcecación por construir más y más viviendas, sino por la escasez de ingenio de los gestores urbanísticos locales. El inconveniente principal reside en el descomunal desperdicio de un espacio central de la ciudad con gran valor para revitalizar el tejido urbano y dotarlo de nuevos usos y actividades económicas, culturales, de servicios, etc.

La fábrica de botellas se encuentra en una posición sin par dentro de la ciudad, junto a las estaciones de ferrocarril y autobuses; conectada por las principales vías urbanas de la ciudad, próxima al Campus universitario de la Asunción, en las puertas del centro histórico y en el mismo centro geográfico de la ciudad. El espacio en sí, por su dimensión, localización, articulación y buenas comunicaciones, es una zona de oportunidad para emprender proyectos de recualificación y mejora urbana que actúen como polos de diversificación económica y de la estructura social de la ciudad.

Hay experiencias de sobra que han aprovechado importantes reformas urbanas para implementar nuevas estrategias de desarrollo local innovador y avanzado. El Distrito 22@ de Barcelona ha transformado un gran espacio industrial obsoleto en un área de innovación urbana, social y económica sobre la base de las nuevas tecnologías de la información, y la reforma de la Ría del Nervión en Bilbao –con el Guggenheim como protagonista- ha apostado por la industria cultural frente a la decadente industria pesada.

¿Por qué no un gran espacio metropolitano, en el centro de Jerez, vinculado a la cultura, la educación, el deporte, los servicios, el esparcimiento, la innovación, la sociedad del conocimiento…? ¿Por qué no el Palacio de Exposiciones y Congresos, un Centro de Arte Contemporáneo, la Ciudad de la Justicia, la Ciudad de las Tecnologías, un Centro de Investigación Universitario, un Centro de Investigación en Tecnologías de la Sostenibilidad, un Ecobarrio, un Aula de Ecología Urbana? ¿Por qué no se ha puesto en marcha el concurso de ideas que Pilar Sánchez prometió para recuperar este ámbito? ¿Por qué sigue sin interesar fomentar el debate público en las cuestiones urbanísticas de la ciudad? ¿En qué queda el supuesto marco de reflexión y participación del Plan General?

Lamentablemente la recalificación de VICASA cristaliza la política urbanística de quienes nos gobiernan. El cambio de uso encierra un potente mensaje; escenifica el final de una etapa industrial en la ciudad, que en vez de cederle el testigo a nuevas actividades o usos con capacidad de dinamizar la pertrecha economía local e innovar en nuevas formas de aprovechar la ciudad consolidada, apuesta por inutilizar el espacio con la oferta residencial.

En otro orden de cosas, esta recalificación deja en evidencia el déficit crónico del Ayuntamiento de Jerez en materia de sostenibilidad urbana. Una ciudad que aspire a ser más sostenible tendrá, ineludiblemente, que apostar por regenerar la ciudad consolidada y crear las oportunidades de progreso en ella misma, sin buscar grandilocuentes desarrollos en la periferia. En el debate sobre la sostenibilidad urbana este tipo de espacios se convierten en nodos de regeneración de la ciudad. Si se quiere aspirar a revitalizar la ciudad mediterránea, compleja, compacta y diversa, espacios como la fábrica de botella en Jerez deben ser auténticos referentes.

Visto lo visto, me surgen una serie de dudas ¿Qué pasa? ¿No se pueden emprender en Jerez proyectos urbanísticos que no estén ligados a la construcción desaforada de viviendas? ¿Por qué no un Plan Urbano para la fábrica de botellas? ¿Por qué no una permuta por suelos públicos en el extrarradio? ¿Por qué tenemos que conformarnos con la mediocridad de nuestros gestores urbanísticos? La recalificación del suelo de la fábrica de botellas para construir más viviendas es un crimen y a la vez una oportunidad perdida para transformar este espacio y darle un vuelco a la ciudad. Este Ayuntamiento se equivoca apostando por el dinero fácil de la recalificación residencial. Además, denota una preocupante carencia de conocimiento, escasa creatividad y nulo ingenio urbanístico, en una ciudad, que si precisa de algo, eso son ideas. Pilar Sánchez prometió en las elecciones municipales que habría un concurso de ideas para debatir-decidir el futuro de los suelos de la fábrica de botellas. Al final, como siempre, en época electoral con tal de ganar, todas las promesas valen, por falsas que sean. La de la fábrica de botellas ya ha sido desenmascarada. La próxima; el fantástico y fabuloso plan de recuperación del Guadalete.