Más Protección Ambiental no es el problema, es la solución

Hemos asistido estos días a una polémica que ya debería no despertar atención por antigua y superada. Sin embargo ha merecido una destacada cobertura por parte de algunos medios de comunicación de Andalucía. Nos referimos al planteamiento de que la protección del territorio perjudica el desarrollo. Recapitulemos, recientemente el alcalde de Alcalá de los Gazules, en el Parque Natural (P.N.) de Los Alcornocales ha levantado la liebre de que es necesario relajar las normas de protección en dicho parque ya que se está estrangulando el desarrollo de la comarca. Desde la Junta de Andalucía se apunta que es una idea a estudiar, y que de paso también relajarán otras normas medioambientales que entorpecen el desarrollo. Ya puestos, algunos otros alcaldes en otras partes de Andalucía se apuntan al carro. Y se quejan de que la protección a los ecosistemas naturales les impide tener más desarrollo.

De esta forma, lo que empezó como un rumor por tierras gaditanas llega a Almería. Así, los alcaldes de Níjar y Carboneras piden más flexibilidad para construir en el parque. Y el edil de Urbanismo del Ayuntamiento de Almería no deja pasar la oportunidad de poner su pica en Flandes, y nos dice que necesitamos más desarrollos turísticos en San Miguel de Cabo de Gata, ya dentro del parque y a escasos kilómetros de las infrautilizadas infraestructuras turísticas del Toyo, en Retamar. Hay que temer que estos alcaldes se estén fijando en los ejemplos que vienen de la Comunidad Autónoma de Murcía, donde no han existido escrúpulos ni reparos al descatalogar y reclasificar como urbanizable parte del P.N. de Cabo Cope para ejecutar un proyecto urbanístico megalómano en su litoral.

Desde Ecologistas en Acción de Almería una vez más tenemos que levantar el dedo para decir que no, que una vez más se equivocan. Lo podemos decir tranquilamente porque estos mismos alcaldes nos dan la razón. Por ejemplo, el mismo fin de semana que esta polémica llenaba hojas de periódicos, en esos mismos periódicos aparecían anuncios turísticos de Carboneras vendiendo que era un paraíso por tener gran parte de su territorio en el P.N. Cabo de Gata. Y estamos de acuerdo, gran parte del municipio de Carboneras es un paraíso, pero, ¿no habíamos quedado que el Parque Natural impedía el desarrollo?

Y ahí es donde está el quid de la cuestión. El Parque Natural de Cabo de Gata, y la proximidad al Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada, es la gran oportunidad de aumentar la calidad de vida de los municipios que lo comprenden. Es así porque es posible dar una oferta turística de calidad, sin estacionalidad y diferenciada por sus valores naturales de la oferta de áreas próximas, como puede ser la Costa del Sol o Murcia. Es así porque en los parques es posible generar una agricultura ecológica con un marchamo de calidad y sostenibilidad, aspectos cada vez más apreciados por los consumidores. Todo esto no es compatible con un desarrollo como el que se pretende, que se basa en aumentar la carga turística del parque, en urbanizar zonas ahora vírgenes, o en sembrar de regadíos, invernaderos y otras formas de agricultura insostenible y depredadora sus zonas interiores. Algo deberíamos aprender de la actual crisis económica, pretender un crecimiento ilimitado y sin consecuencias es propio de inconscientes.

Es por ello que hace falta más protección, y no menos, como parecen propugnar algunos alcaldes. Protección que implica favorecer aquellas actividades económicas que guardan un celoso equilibrio con los ecosistemas del Parque Natural. Para ello es necesario que la Consejería de Medio Ambiente mejore la gestión del mismo, no obstaculizando las actividades económicas de sus habitantes con trabas burocráticas absurdas. Pero a la vez se debe ser más celoso, no permitiendo y alentando grandes destrozos, como el tristemente famoso Algarrobico. Lo que los espacios protegidos de Almería necesitan no es más desarrollo insostenible como el se propugna. Lo que hace falta es una gestión sostenible del territorio y de los recursos de forma que no dilapidemos nuestras riquezas y potenciales para beneficio de unos pocos con sede social fuera de la provincia, aunque con testaferros entre nosotros. No podemos matar la gallina de los huevos de oro que son nuestros privilegiados espacios protegidos.

Nótese que no se ha destacado la necesidad de proteger los Parques Naturales por los valores que tienen en sí mismos. Argumentos como éstos se suponen tan conocidos que no creemos que merezca la pena alargarnos en ellos. A veces no queda más remedio que dudar de ello.




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