Plaguicidas y salud I

En relación con los productos químicos de amplio uso en la agricultura, en la limpieza de los hogares, en la industria…de los cuales se han estado autorizando 6.000 sustancias químicas nuevas al año en toda Europa sin estudios de impacto sobre el medioambiente y la salud humana, creando una situación de descontrol y desconocimiento de los potenciales efectos adversos sobre el medioambiente y la salud humana de estas sustancias y ha sido a través de investigaciones sobre ciertas enfermedades emergentes o por el aumento inexplicable de otras que se han podido demostrar sus impactos negativos.

La nueva normativa europea de hace poco más de 2 meses intenta poner orden en todo esto y ninguna sustancia será autorizada sin estudio de impacto ambiental o sobre la salud humana.

Se estima que el 20% del total de enfermedades que se producen en los pases industrializados son de origen medioambiental y se asegura que los plaguicidas son los causantes de diversas enfermedades inmunológicas (sobre todo autoinmunes, donde nuestro sistema inmunológico, de defensa, deja de reconocer nuestras propias células atacándolas como si fueran extrañas), endocrinas (en relación con la reproducción humana, tiroides y otras), neurológicas (parkinsonismo, temblor senil…) y cáncer (leucemias infantiles, entre otros).

De esta manera la Estrategia Europea de Medio Ambiente y Salud, que se concreta en el Plan de Acción Europeo en materia de Salud y Medio Ambiente 2004-2010, ha establecido una lista de sustancias prioritarias que deberán ser objeto de una evaluación en profundidad.

Para la población general, los alimentos son una importante vía de de exposición a este tipo de sustancias, que en su mayoría son COPs o CTPs, compuestos orgánicos persistentes o compuestos tóxicos persistentes como les gusta denominarlos a algunos investigadores, con gran afinidad por la grasa corporal donde persisten durante años y sin haya, hasta el momento, forma alguna de eliminarlos aunque se apunta a métodos basados en una alimentación ecológica, sin ningún tipo de productos envasados, sin colorantes, ni conservantes, ni otros reactivos que modifiquen las características naturales de los alimentos. Dice el profesor Miquel Porta: “los contaminantes tóxicos persistentes son parte de nuestras vidas, encontrándose en muchos alimentos e impregnando aquellos tejidos de nuestro organismo que tienen un mayor contenido en grasas”.

Durante los últimos años ha ido creciendo la preocupación por los efectos adversos sobre la salud de los contaminantes orgánicos persistentes y entre ellos los plaguicidas halogenados persistentes especialmente los organoclorados, de amplio uso en la agricultura, con gran afinidad por la grasa corporal (muy lipofílicos) lo que permite su acumulación en el organismo de modo que exposiciones pequeñas pero continuas pueden resultar finalmente en una carga biológica de gran importancia.

En nuestro país, en pleno siglo XXI, se desconoce el grado de exposición en la dieta y los niveles acumulados en las personas de estas sustancias. Salvo en caso puntuales, País Vasco y Cataluña donde se han realizado un estudio en cada comunidad y de escaso alcance, y aunque no se pueden extrapolar los datos a otras zonas geográficas si se pueden observar, al menos, las tendencias recogidas en estos pocos estudios que avalan los estudios realizados por la Comisión Europea de Medio Ambiente y según estos, en el año 2001, el 59% de las frutas y verduras que se consumen en Europa no contiene restos de pesticidas, el 37% presenta restos de pesticidas por debajo de los límites máximos tolerables y el 3.9% supera esos límites.

Parece chocante que frente a la magnitud de estudios sociológicos, políticos y económicos que existen en nuestro país no haya ni un solo estudio de amplia base poblacional sobre el efecto de los plaguicidas sobre la salud humana, lo que es impropio de una “sociedad del conocimiento” en que pretendemos convertirnos. Los sistemas de información ambiental y de salud pública son responsabilidad de los gobiernos democráticos, al igual que se hacen estudios sobre el comportamiento de los precios, del desempleo o de otra índole.

Las autoridades sanitarias y en materia ambiental son las responsables de evaluar los niveles biológicos de los contaminantes ambientales, valorar los posibles riesgos y actuar en consecuencia.

El calendario que marca la legislación para eliminar los COPs, por ejemplo (con fechas como la del año 2010), refleja también la magnitud de la escala temporal en la que nos movemos: recordemos que el tiempo de vida media de algunos de estos compuestos es de décadas (para algunos COPS, de 8, 10, 20 y hasta más de 30 años). Por ello, incluso si se cumplen las normas legales lo que no es exactamente el caso, en la actualidad, en diversas zonas de España, entre los años 2020 y 2030 las concentraciones de muchos de estos compuestos sólo habrán descendido a la mitad o a un tercio.