Ambientalizar, socializar, territorializar

La educación ambiental avanzada o transformadora reune las siguientes condiciones: ambientaliza, porque aborda problemas ambientales para tratar de reducirlos; socializa, porque fomenta el agrupamiento y vinculación de personas; y territorializa, al enraizar experiencias al territorio: crear, recuperar o regenerar espacios.

Pablo Llobera. Revista El Ecologista nº 73.

Desde la Asociación de Educación Ambiental de Madrid (AEA-Madrid) y el grupo de trabajo de educación ambiental de la Asamblea de Medio Ambiente del 15M, se han identificado una serie de programas de educación ambiental que, al reunir las siguientes condiciones:

1. Ambientalizar: abordar problemas ambientales para tratar de reducirlos,

2. Socializar: fomentar el agrupamiento y vinculación de personas,

3. Territorializar: enraizar experiencias al territorio; crear, recuperar o regenerar espacios,

pueden concebirse como programas de educación ambiental avanzada o transformadora, poniendo así también un nuevo horizonte a una EA que en muchos casos (en la mayoría de las comunidades autónomas), y desde hace años, adolecen de capacidad de transformación social, capacidad de modificación de hábitos e influencia significativa en la mejora de los indicadores ambientales. Un ejemplo: a pesar de la ingente cantidad de programas educativos de fomento del reciclado de la basura que se desarrollan desde hace años, las tasas general de reciclado (porcentaje de materiales de la basura que consigue reciclarse y reintroducirse en los ciclos productivos) apenas alcanzan el 12-15%; esto quiere decir que la EA, en este ámbito, no está consiguiendo su propósito básico: reducir/minimizar el problemas de los residuos; todos conocemos más ejemplos.

La siguiente tabla desgrana el potencial que cada una de estas iniciativas tiene respecto de la capacidad de abordar problemas ambientales (Ambientalizar), su capacidad de aglutinar personas y generar relaciones (Socializar) y de fomentar el arraigo con el territorio o el espacio público (Arraigar-territorializar). Hemos observado y experimentado que los programas educativos que se sostienen o contemplan estas tres patas o dimensiones, tienen mayor capacidad transformadora, tanto social como ecológicamente. Van mucho más allá de los “pequeños gestos individuales” como solución a la cuestión socio-ambiental (a la que tan aficionados son los mensajes de empresas, publicistas y administraciones) y nos insertan en lo que realmente requiere del sujeto social: “grandes gestas colectivas”.

El enfoque tradicional de la EA propone la reflexión y el conocimiento como paso previo a acción; “conocer primero para actuar después” sería su tesis. Pues bien, la experiencia acumulada estos años en EA innovadora, muestra que la tesis complementaria “actuar primero para ir reflexionado durante” es tan o más cierta, como bien muestran iniciativas de hondo calado educativo como los huertos urbanos o los grupos de consumo. Uno entra directamente a la acción y el proceso educativo que se da en el grupo le va abriendo interrogantes, le permite relacionar cuestiones o problemas antes aisaldos, le permite descubrir contradicciones propias y ajenas, le va mostrando alternativas, surgen nuevos horizontes y escenarios de cambio... Se trata pues, de ponerse cuanto antes “manos a la obra” (comprometerse) para que el propio proceso nos vaya capacitando (cambiando). Como nos recuerda Jorge Riechmann en sus escritos citando a Blaise Pascal “quien quiera creer en Dios, deberá aficionarse primero al agua bendita”. Parafraseándole diríamos “quienes quieren ser parte de la solución a la cuestión socio-ambiental se comprometen y actuán”.

Digamos que, en general, y con algunas excepciones, las administraciones tienden a usar la EA como herramienta cosmética que les otorgue alguna credibilidad como agentes de cambio ambiental. Básicamente sus política de EA consiste en estrenar equipamientos (en años de bonanza) y mantenerlos, basando el esqueleto principal de dichos equipamientos en programas de atención a escolares (entre semana) y visitantes ocasionales (fin de semana). Con esto se consiguen unos números aceptables, aunque en el fondo, poco cambia (enfoque cosmético-cuantitativo); con eso, a los políticos y administraciones, parece serles suficiente. En general, se echan mucho en falta programas educativos integrales (enfoque integral-cualitativo), que trabajen las tres esferas antes mencionadas (Ambientalización-Socialización-Territorialización) y que permita/fomente que comunidades o grupos humanos aborden problemas ambientales relevantes y aprovechen esta circunstancia para arraigarse en su territorio.

Pensamos que una EA de vanguardia o puntera debe fomentar e impulsar ese tipo de programas. Lamentablemente los drásticos recortes en EA, como los aplicados por la Comunidad de Madrid en su Red de Centros, con recortes del 50% en el presupuesto y en el personal, apuntan justo en la dirección contraria: volver a la EA de principios de los años noventa: sendas escolares y atención a visitantes. Insuficiente a todas luces y máxime en los difíciles años que se avecinan.

En resumen, si queremos transitar hacia nuevos escenarios (llamémosles sostenibilidad, transición o decrecimiento, lo mismo da), lo mejor, esa es nuestra propuesta, es ponernos juntos manos a la obra (pasar a la acción, aquí se proponen varias), y hacerlo desde acciones colectivas (gestas) decididas por los propios participantes y mantenidas en el tiempo. Afortunadamente hay mucha EA fuera de las propuestas de las administraciones, cada vez más. Aquí van algunas ideas y esbozos.