Papel y medio ambiente

Papel y medio ambiente, Revista El Ecologista nº 42, Miguel Ángel Soto, Responsable de la campaña de bosques de Greenpeace

La industria papelera es una de las principales destructoras de bosques primarios

Nuestro consumo de papel no deja de aumentar, lo que no ocurre con el uso de papel reciclado. La industria papelera, una de las mayores consumidoras de energía y agua, trata de imponer el uso de papel blanco de fibra virgen. Mientras tanto, el 40% de la madera talada para uso industrial se usa para fabricar papel.

Si nos atenemos a los datos oficiales sobre la procedencia del papel que se consume en el Estado español y echamos un vistazo a los papeles utilizados en los medios de expresión escrita de una parte del movimiento ecologista, las revistas de divulgación de la naturaleza, las editoriales afines o la misma administración ambiental, caeremos en la cuenta de que los defensores del medio ambiente y la sostenibilidad utilizamos en nuestros medios de expresión productos papeleros que proceden de la destrucción de los bosques primarios de Finlandia y Canadá, de la devastación de las selvas de Indonesia o de los polémicos y mal gestionados cultivos de eucaliptos en la Península Ibérica.

No es esta contradicción la única que encontramos sobre los hábitos de consumo de papel en nuestro país. El sector papelero y las empresas de distribución de papel han conseguido trasmitir diversas falsedades que han llegado a calar fuerte en el mercado de papel, a saber: el papel reciclado contamina más que el blanco; el papel reciclado estropea las fotocopiadores e impresoras; el papel reciclado es más caro; y, por último, el “papel ecológico” verdadero es el papel de fibra virgen libre de cloro elemental (ECF), precisamente el que fabrica mayoritariamente el sector papelero español.

El resultado de este contraataque del sector papelero local se ha traducido en un descenso de las ventas de papel reciclado en España. Administraciones públicas que a mediados de los años 90 tenían una política de compras de papel reciclado para el consumo interno han dado pasos atrás y consumen hoy en día papel blanco de fibra virgen. Hasta el Ministerio de Medio Ambiente y la Dirección General de Conservación de la Naturaleza han sucumbido al empuje.

Indicador de derroche

Pero la premisa más peligrosa defendida desde el sector pastero y papelero es que el crecimiento de la demanda de papel es inevitable. El aumento del consumo de papel es utilizado por los analistas del sector como señal de crecimiento económico saludable y de mejora de la calidad de vida, como un “indicador de desarrollo”.

Pero el aumento del consumo del papel en el mundo y las previsiones de crecimiento se sustentan en modelos económicos insostenibles, enormemente derrochadores y contrarios al principio de precaución con el medio ambiente. En realidad, el aumento de la demanda de papel es un indicador de despilfarro de los recursos naturales.

Las naciones industrializadas, con el 20% de la población mundial, consumen el 87% del papel para escribir e imprimir [1]. Consumen pero, sobre todo, derrochan recursos, ya que entre el 30 y el 40% de los residuos sólidos urbanos generados en Europa son papel y cartón [2]. Usamos demasiado papel y, además, lo tiramos a la basura.

El consumo de papel en España era, en 2002, de algo más de 170 kg/habitante/año, alejados todavía de los 206 kg/habitante de Reino Unido o los 225 kg/habitante de Alemania [3]. Este dato sirve al sector papelero para reclamar y predecir un mayor consumo de papel para acercarnos a los países más avanzados.

Pero los españoles desperdiciamos un millón de toneladas de envases de papel y cartón y 850.000 toneladas de papeles de impresión y escritura [4], un 40% del papel y cartón consumido. Además, pese al importante incremento de la recuperación de papel en nuestro país, sigue siendo insuficiente para cubrir la capacidad recicladora de la industria papelera española. El sector se ve obligado a importar anualmente del orden del 14% del consumo de papel recuperado de otros países.

El efecto ha sido que la demanda de papel recuperado por parte de la industria cartonera ha servido para fomentar la importación de papel viejo extraído de otros países, y no para mejorar en la recogida de papel usado o fomentar el consumo de papel reciclado. De hecho, los fabricantes españoles se quejan de la bajada de la demanda de papeles reciclados para escritura e impresión. Algo tiene que ver en esto la propaganda en contra el consumo de papel reciclado que se ha propagado desde el sector.

La factura ambiental de la fabricación de papel

La industria papelera y de celulosa ocupa el quinto lugar del sector industrial en consumo mundial de energía, y utiliza más agua por cada tonelada producida que cualquier otra industria. También, la industria pastero-papelera se encuentra entre los mayores generadores de contaminantes del aire y del agua, así como gases que causan el cambio climático [5].

La fabricación y consumo de papel y el futuro de los bosques están estrechamente unidos, aunque frecuentemente la cantidad de madera empleada en la fabricación de pastas vírgenes se infravalora al no contabilizarse los consumos de restos y residuos de aserraderos. Lo cierto es que cerca del 40% de toda la madera talada para usos industriales en el mundo se destinó a la producción de papel [6]: el 25% son cortas directas para la industria del papel, mientras que el otro 15% restante procede de subproductos de otros sectores (aserrío, fabricación de tableros, etc.).

Las fuentes de esas fibras, según los tipos de masas forestales son las siguientes: 17% procede de bosques primarios (bosques vírgenes), sobre todo en regiones boreales; el 54% de bosques secundarios; y, por último, el 29% de plantaciones forestales (2).

En muchos lugares del planeta, los bosques y otros ecosistemas naturales han sido y son todavía sustituidos por plantaciones de árboles de crecimiento rápido cuya gestión intensiva implica la utilización masiva de herbicidas y fertilizantes químicos tóxicos. Además, los monocultivos de árboles para la industria del papel son frecuentemente rechazados por las comunidades locales debido a sus impactos negativos sobre los modos de vida y el bienestar de la población [7].

El sector papelero mundial todavía utiliza el nocivo cloro en el proceso de blanqueo de la pasta, bien sea como cloro gaseoso (cloro elemental) o dióxido de cloro (ECF, libre de cloro elemental). Así, los compuestos organoclorados generados durante el proceso, entre los que se encuentran las temidas dioxinas, siguen comprometiendo la salud de los ciudadanos y la del planeta. En el Estado español, sólo una pequeña parte de la producción es totalmente libre de cloro (TCF).

Comprando destrucción fuera de nuestras fronteras

Dada la especialización del sector español en la producción de pasta de celulosa y embalajes de cartón, la demanda interna obliga a realizar importaciones de productos papeleros desde regiones con recursos forestales. Y los datos oficiales sobre importación de pasta papelera y papel para impresión demuestran que el mercado español está contribuyendo a la destrucción de los bosques primarios del mundo [8].

El principal país proveedor de productos de papel y cartón al mercado español es Finlandia, país que está destruyendo sus bosques primarios para nutrir la demanda de su industria de madera y papel. Tres empresas producen la mayoría de este papel: StoraEnso, M-Real y UPM-Kymmene. También en Canadá los bosques primarios están siendo destruidos por la industria de la celulosa y el papel.

El Sureste Asiático, paraíso de la tala ilegal, también provee de productos papeleros al mercado español [9]. En países como Indonesia, donde las plantaciones se cuadruplicaron en la década de los 90, más de 1,4 millones de hectáreas de bosque primario intacto han sido reemplazadas por cultivos forestales, fundamentalmente de eucaliptos y otras especies utilizadas por el sector papelero (6), obligando a las poblaciones indígenas que los habitan a dejar sus tierras [10].

El papel “Amigo de los bosques”

A la hora de elegir el papel menos perjudicial para el medio ambiente debemos tener en cuenta tanto el origen de la fibra de celulosa, como los procesos de producción y blanqueo. Así, son preferibles:

• Como primera opción y para la mayoría de los usos, el papel 100% reciclado post-consumo. La etiqueta ecológica “Ángel Azul” ayuda a identificar este tipo de papel. Otras opciones con alto contenido en fibra reciclada también son bienvenidas.

• Cuando es imprescindible el papel blanco, de fibra virgen, hay que asegurarse que no proceda de empresas y/o países donde se están destruyendo bosques de alto valor para la conservación, incluidos bosques primarios. Para tener garantías de la sostenibilidad de la gestión forestal el papel deberá estar certificado por el Forest Stewardship Council, más conocido por las siglas FSC.

• Existen en el mercado papeles de oficina fabricados a partir de fibras agrícolas (bagazo de caña de azúcar por ejemplo) y/o cultivos no madereros. Esto disminuye la presión sobre los bosques y la proliferación de plantaciones.

• El blanqueado deber ser totalmente libre de cloro. Se utiliza el término procesado totalmente libre de cloro (PCF) para el caso de la fibra reciclada, o totalmente libre de cloro (TCF) para la fibra virgen. ¡Cuidado con el engaño de los distribuidores con el papel ECF!