En el Día de los Humedales, alerta sobre la presión en los recursos hídricos

EL 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, fecha en la que se firmó el Convenio Internacional sobre Zonas Húmedas en la ciudad iraní de Ramsar, en el año 1971. En este señalado día, en el que se prodigarán los mensajes triunfalista de las distintas administraciones públicas, que suelen gastar más en publicidad que en proteger los humedales, Ecologistas en Acción alerta sobre el progresivo deterioro de los recursos hídricos en nuestra provincia, recursos sobre los que se basan lógicamente la cantidad y calida de los humedales.

La relación entre la demanda y la oferta de recursos hídricos en la provincia de Cádiz se encuentran actualmente en un débil equilibrio. En pocos años, los caudales del trasvase Guadiaro-Majaceite ya han sido absorbidos, y el “status quo” del agua en la provincia está a punto de romperse por la creciente presión sobre los recursos hídricos que están ejerciendo las nuevas urbanizaciones y la proliferación de grandes complejos turísticos ligados al golf y al polo.

La provincia de Cádiz no ha sido ajena a la intensa actividad inmobiliaria que se ha venido desarrollando en el panorama nacional. El desorbitado desarrollo urbanístico ha cobrado especial relevancia en el litoral y la sierra, tomando forma de segunda residencia y cercando espacios naturales como las marismas del Río Barbate, el Salado de Conil y la laguna de la Playa de los Lances. El modelo turístico que están adoptando los Ayuntamientos de la provincia, se está basando en grandes complejos residenciales cuyo principal reclamo son los campos de golf, grandes consumidores y derrochadores de agua. Un caso paradigmático es el de la supuesta recuperación de la laguna de Torrox en Jerez de la Frontera. El principal objetivo de la restauración de este humedal es convertirlo en un estanque que abastezca de agua al campo de golf anexo. Las obras aun no han concluido y sospechamos que se pueda estar regando con agua potable.

A esta alarmante situación hay que añadir la falta de depuración de los vertidos urbanos en varios municipios de la sierra y el litoral, que están poniendo en jaque la calidad de las aguas superficiales en muchos puntos. La mayor parte de los pueblos de la sierra de Cádiz no depuran, o lo hacen deficientemente, y en espacios como la desembocadura del Barbate la contaminación por productos fitosanitarios es muy elevada.

Toda esta presión se traduce en un deterioro de los recursos hídricos y los ecosistemas ligados a ellos. Los estuarios de los ríos Palmones y Guadiaro viven bajo la constante amenaza de obras de urbanización y la proliferación de complejos turísticos de golf. Sobre el río Hozgarganta, uno de los mejores conservados de la región mediterránea, y aun sin regular, planea de nuevo una presa que alimente el brutal desarrollo previsto en Jimena de la Frontera. En Trebujena hay previsto un gran complejo turístico en una antigua marisma desecada que se encuentra muy próxima a Doñana. La febril actividad inmobiliaria ha incrementado de manera disparatada el número de graveras que están acabando con las llanuras de ríos como el Guadalete.

El futuro de nuestras zonas húmedas depende de una gestión adecuada de los recursos hídricos que permita seguir existiendo y funcionando a nuestros ríos, lagunas y marismas.