La acuicultura

La acuicultura. Salvador Arijo Andrade, biólogo y profesor de la Universidad de Málaga. Artículo publicado en la revista El Ecologista nº 43, primavera 2005

Una actividad muy alejada de la sostenibilidad

En la actualidad, el desarrollo tecnológico ha facilitado una explotación del mar hasta tal punto que se ha superado la capacidad de regeneración de los ‘stocks’ pesqueros. Como consecuencia, cada vez se necesitan más inversiones en tecnología y un mayor gasto para mantener el nivel de explotación de unos recursos en continuo receso. El hecho de que el esfuerzo pesquero sobrepase la inversión necesaria para la cría de algunas especies de peces en cautividad, ha facilitado una nueva revolución ‘ganadera’: el desarrollo de la acuicultura. Pero esta actividad adolece de muchos problemas.

El cultivo de peces se viene realizando desde la antigüedad, fundamentalmente en peces de agua dulce. En España, la primera referencia data de 1129, cuando se construyó un criadero en Galicia, aunque no fue hasta la década de los 80 del pasado siglo cuando se comenzó a desarrollar la acuicultura piscícola costera. Hoy, en España, hay más de 20 nuevas especies en estudio, en diferente estado de desarrollo, para llegar a una producción industrial (1). El total de la producción española en acuicultura, en torno a 0,25 - 0,3 millones de toneladas por año, supone cerca del 18% de la pesca y el 25% y 3% de la producción europea y mundial respectivamente (2). La mayor producción corresponde al mejillón, mientras que la dorada, y en menor medida la lubina, son las especies piscícolas cuyo cultivo ha tenido mayor éxito. De éstos, el 56% de la producción se realiza en jaulas, mientras que el 35% se hace en antiguas salinas y el 9% restante en tanques en tierra.

Una acuicultura insostenible

La acuicultura ha permitido mantener en el mercado algunas especies de peces, crustáceos y moluscos a unos niveles relativamente económicos. Al mismo tiempo se han disminuido los esfuerzos pesqueros sobre especies altamente cotizadas en el mercado, evitando su desaparición. Sin embargo, esta actividad no está exenta de problemas y hoy en día está bastante alejada del concepto de sostenibilidad. A continuación se enumeran algunos de los factores que están frenando el desarrollo de una acuicultura sostenible:

1. La acuicultura no ha solucionado el problema de la pesca

Actualmente sólo se crían las especies de alto valor económico, siendo inviable la acuicultura en el caso de peces con menor valor de mercado, ya que los costes económicos superan con creces a los beneficios. Además, no todas las especies con alto valor de mercado se han conseguido cultivar en cautividad. En algunos casos el cultivo de estas especies está en fase de experimentación y a lo sumo sólo se ha conseguido la fase de engorde, no sin problemas.

Otro problema reside en la alimentación de los peces con piensos compuestos por harina de pescado. Las especies más cultivadas en Europa son fundamentalmente carnívoras (salmón, doradas y otros espáridos, peces planos, etc.) por lo que los piensos deben tener un alto porcentaje de biomasa animal. Pero no sólo eso, sino que además, deben tener un alto contenido en ácidos grasos poli-insaturados (como los omega 3). Esto hace que sea necesario alimentar a los peces con piensos fabricados en su mayor parte con harina y aceite de pescado, y para obtenerlos hay que seguir pescando. De esta forma con la acuicultura solo conseguimos transformar pescado (arenques, boquerones y otros peces de bajo valor comercial) en pescado (dorada, salmón, atún) pero con una pérdida energética considerable. Para producir 1 kg de dorada se necesita en torno a 4 kg de otras especies de peces.

Pero es más, las capturas de peces para su transformación en harina se realizan fundamentalmente en las costas de países pobres (Perú, Namibia, Sahara, etc.) con una importante merma de sus recursos pesqueros. Hay que tener en cuenta que un tercio de la pesca mundial se dedica a la fabricación de harina para elaborar piensos para peces, ganado, o lo que es más grave, para utilizarlos como abono. La demanda de harina de pescado hace que se pesque cada vez más la morralla (peces pequeños y ejemplares inmaduros con poco valor comercial), ejerciendo una presión enorme sobre las poblaciones marinas.

En los casos del atún o del langostino tropical, por poner ejemplos significativos, no se puede hablar de acuicultura propiamente dicha. En la acuicultura moderna el ciclo vital está cerrado, es decir, se mantienen unos individuos reproductores que producen huevos fértiles, se crían las larvas y se engordan hasta su talla comercial. Sin embargo, las granjas de atunes y de langostino tropical no poseen reproductores, por lo que necesitan del aporte continuo de larvas o inmaduros procedentes del mar, impidiendo que estos individuos lleguen a ser reproductores en estado salvaje.

2. Enfermedades e impactos de sus tratamientos

La masificación de los peces en esteros y jaulas facilita la propagación de enfermedades infecciosas, ya sea a través del agua, por rozamiento entre los peces o por canibalismo de peces enfermos o muertos. La mezcla de peces procedentes de diferentes orígenes así como la comercialización de alevines y huevos entre granjas piscícolas puede ayudar a la propagación de una enfermedad. Esto, unido al hecho de la naturaleza ubicua de la mayoría de los patógenos, hace que sea prácticamente imposible el aislamiento de los peces frente a las infecciones.

Dentro de las enfermedades no infecciosas se incluyen las causadas por defectos genéticos, carencias nutricionales, lesiones o enfermedades relacionadas con cambios en los parámetros físico-químicos de las aguas. Estas afecciones producen estrés en los peces, disminuyendo su respuesta inmunitaria, lo que puede favorecer la aparición de otras enfermedades. El estrés también es producido por las altas densidades a las que se mantienen los individuos en las jaulas y tanques.

Para el tratamiento y la prevención de las enfermedades piscícolas se han están utilizando una amplia gama de métodos curativos y preventivos, algunos de los cuales pueden tener un alto impacto sobre el ecosistema y sobre los propios consumidores, entre los que destacan los baños de formol y el uso de antibióticos.

Los baños de formol se utilizan para la eliminación y prevención de parásitos y bacterias de la superficie externa de los peces. Su uso es legal y está ampliamente extendido en la acuicultura, a pesar del impacto ambiental que puede producir la liberación al medio acuático de una sustancia tan tóxica.

El uso generalizado de antibióticos en la acuicultura ha provocado la aparición de patógenos resistentes (3). Otros efectos negativos son la acumulación de antibióticos en los órganos internos del pez, haciéndolo inapropiado para el consumo humano, y los riesgos de contaminación ambiental. Algunas de estas sustancias son excretadas sin haber sido metabolizadas o liberadas como metabolitos activos (4) persistiendo en el ambiente durante largos periodos de tiempo. De hecho se ha podido observar que la liberación de forma continuada de efluentes contaminados con antibióticos genera una constante presión de selección que ha propiciado el cambio en la microbiota del entorno, incrementando la aparición de cepas resistentes (5). Además, muchas bacterias patógenas son capaces de transportar los genes de resistencia a los antibióticos, desde las zonas de producción piscícola hasta los humanos (6), pudiendo generar cepas resistentes en la flora intestinal humana.

3. Acuicultura y seguridad alimentaria

Los escándalos sobre seguridad alimentaria (vacas locas, pollos con dioxinas, etc.) también han afectado al sector piscícola. La voz de alarma la dio una publicación en la revista Science (7). Los autores midieron en salmones de cultivo niveles de contaminantes significativamente superiores a los encontrados en salmones salvajes. Los peores indicadores corresponden a 13 de los 14 compuestos organoclorados considerados en la investigación (entre ellos las dioxinas, con niveles de hasta 3 picogramos/g de salmón). La contaminación es tal que el consumo semanal de más de más de 600 g de salmón del Mar del Norte podría ser nocivo para la salud. En sus conclusiones, los autores reclaman mayor atención sobre el control de la alimentación que reciben los peces, considerándola la causante de la contaminación.

4. Impactos sobre el territorio

Este impacto ambiental se circunscribe a la ocupación del territorio, liberación de efluentes con alto contenido en materia orgánica, patógenos de peces y sustancias tóxicas, y liberación involuntaria de individuos al medio natural. Los peces, al escapar de sus jaulas, pueden transmitir sus enfermedades a los que viven fuera, contribuyendo a eliminar un buen número de especies nativas. Las liberaciones involuntarias pueden llegar a extremos tan alarmantes como en algunos fiordos noruegos, donde el 90% de los salmones libres proceden de escapes de las piscifactorías.

La ingeniería genética también está irrumpiendo en el ámbito de la acuicultura. Aunque en estos momentos no se cultiva ningún pez modificado genéticamente, a escala experimental ya existen una gran variedad de peces transgénicos utilizando las especies más comúnmente cultivadas (8).

La contaminación orgánica, producida por los vertidos de piensos no ingeridos y por los desechos de los peces, afecta al ecosistema más próximo a la piscifactoría. En conjunto, en torno al 85% del fósforo, 80% del carbono y 52% del nitrógeno introducido en las jaulas pasa al medio marino a través de la comida, excreciones de los peces y respiración (9).

Por otra parte, las jaulas y todos los artilugios flotantes que mantienen y señalan su ubicación (flotadores, boyas, etc.) suponen un indudable impacto paisajístico.

Posibles soluciones y perspectiva futuras

La acuicultura sólo será alternativa a la pesca si se consigue llevar su producción a parámetros de sostenibilidad, no sólo económica sino, fundamentalmente, ambiental. Con un esfuerzo dirigido hacia medidas legislativas y de control, e investigación aplicada, podríamos acercarnos a una acuicultura ambientalmente sostenible. Algunas propuestas son:

1. Etiqueta de pescado orgánico

En algunos países existen programas para etiquetar pescados con la denominación de pescado orgánico. Actualmente esta denominación se intenta utilizar para diferenciar los salmones silvestres de los cultivados, aunque en un futuro podría utilizarse para designar aquellas producciones piscícolas donde se empleen técnicas de mantenimiento y alimentación de los peces con criterios de minimización de impactos ambientales. En este contexto, la Alianza Global para la Acuicultura, con sede en EE UU, anunció un plan de ecoetiquetado para reconocer el compromiso y la participación de la industria en la acuicultura responsable. La nueva ecoetiqueta será ofrecida a los miembros que incorporen tales principios a sus negocios.

2. Nuevos diseños en la preparación de piensos

Se hace necesaria la preparación de piensos donde se minimice el uso de harinas y aceites de pescado. La cría preferente de especies herbívoras u omnívoras, y la disminución de la producción de especies netamente carnívoras podría acercar la acuicultura a parámetros de sostenibilidad. Sin embargo, hay que tener cuidado con esta cuestión, porque ya existen trabajos científicos donde se baraja el uso de soja transgénica (con componentes grasos semejantes a los de los peces) para la sustitución de la harina de pescado. Esto solucionaría un problema pero generaría otros.

3. Utilización de métodos profilácticos alternativos a los antibióticos

Algunas de las alternativas existentes son:
- Medidas encaminadas a la disminución del estrés. La mejora de las condiciones de cultivo de los peces es la mejor solución para prevenir enfermedades, evitando la utilización de métodos nocivos al medio ambiente y disminuyendo el malestar de unos animales enclaustrados en un medio que no es el suyo.
- Empleo de inmunoestimulantes naturales. Algunas de las sustancias más empleadas son los extractos de hongos y algas, las vitaminas C y E, y las endotoxinas bacterianas. Su utilización no parece generar ningún impacto sobre el entorno o sobre la calidad de la producción.
- Uso de probióticos. Son bacterias que pueden ejercer un efecto beneficioso sobre los peces modificando la microbiota, mejorando la dieta o estimulando la respuesta inmune. Los probióticos han sido utilizados fundamentalmente en mamíferos (cabe reseñar el uso de los Bifidus y Lactobacterium). Su uso no supone una amenaza ambiental cuando proceden de los propios peces cultivados o del ambiente donde está ubicada la piscifactoría. Pero esta inocuidad puede desaparecer cuando se utilizan bacterias procedentes de otros ambientes, o probióticos manipulados genéticamente.
- Administración de vacunas, que previenen la aparición de epidemias, con lo que se produce un ahorro en la administración de antimicrobianos. Su administración se puede realizar por inyección, por baño, o por vía oral con el alimento (la más cómoda para el acuicultor y menos estresante para el pez).

4. Producir/comer menos para producir/comer mejor

Comer menos proteínas animales (incluyendo las de los peces) no sólo repercute en nuestra salud y el medio ambiente, sino que, además, minimiza el daño que producimos sobre los animales, ya sean capturados o criados en granjas o piscifactorías. El componente ético debe regir nuestros hábitos de consumo, influenciando a su vez en los métodos de producción de los alimentos.

Nosotros, como consumidores, podemos incidir de forma significativa en lo que se produce y en lo que se captura. El pescado, en el caso de no optarse por una dieta vegetariana, debe considerarse un artículo de lujo, no tanto desde un punto de vista monetario, sino desde la visón del impacto que producimos sobre los ecosistemas. Este planteamiento puede hacer que seamos más exigentes a la hora de consumir pescado, rechazando todos los productos generados con un alto impacto ambiental y exigiendo un trato mínimamente respetuoso de los peces.

Mucho queda por hacer para que la acuicultura sea realmente una alternativa a la sobreexplotación de los recursos pesqueros y no un agravante del mal estado de nuestros ecosistemas marinos.

Bibliografía

1 Coll, J. M. 2001. Actualidad y futuro de la acuicultura española. Aquatic 14.

2 González Serrano, J. L. et al. 1999. Conclusiones del borrador del libro blanco de la Acuicultura en España. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación 1: 1-96.

3 Karunasagar, I. et al. 1994. Mass mortality of Penaeus monodon larvae due to antibiotic-resistant Vibrio harveyi infection. Aquaculture 128: 203-209.

4 Díaz-Cruz, M.S.; Lópezde Ayala, M. J.; Barceló, D. 2003. Environmental behavior and analysis of veterinary and human drugs in soils, sediments and sludge. Trends in Analytical Chemistry, 22(6) 340-351.

5 Boon, P.I. & Cattanach, M. 1999. Antibiotic resistance of native and faecal bacteria isolated from rivers, reservoirs and seawage. Letters in Applied Microbiology. 28(3): 164-168.

6 Sorum, H. & L´Abee-Lund T. M. 2002. Antibiotic resistance in food-related bacteria. A result of interfering with the global web of bacterial genetics. International Journal of Food Microbiology. 78: 43-56.

7 Hites R.A. et al. 2004. Global Assessment of Organic Contaminants in Farmed Salmon. Science 303:226-229.

8 International Conference of European Aquaculture Society, Barcelona, 2004

9 Wu, R.S.S. 1995. The environmental impact of marine fish culture. Towards a sustainable future. Marine Pollution Bulletin. 31: 4-12.




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