Los cortafuegos causan desertificación en nuestros bosques

Ecologistas en Acción denuncia, en el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, que las fajas cortafuegos ejecutadas en los bosques españoles para prevenir incendios provocan graves procesos de erosión y no son eficaces ante incendios forestales de grandes dimensiones. Por el contrario, una adecuada gestión forestal con criterios de sostenibilidad tanto ambiental como social, ayudaría a evitar incendios y generar puestos de trabajo más estables.

Con motivo de la celebración el próximo 17 de junio del Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, Ecologistas en Acción quiere denunciar el riesgo de desertificación que sufren multitud de bosques y zonas forestales a consecuencia de algunas obras de Selvicultura Preventiva contra Incendios Forestales, como las talas y desbroces que se efectúan para la construcción de las impactantes fajas cortafuegos, de dudosa efectividad o la excesiva construcción de pistas forestales asociadas que generan tremendos desmontes. Esta situación es especialmente grave en estas fechas previas a la llegada del verano y la temporada de riesgo de incendios forestales, cuando los servicios de la administración encargados de la prevención de incendios forestales ejecutan estas obras apresuradamente, en ocasiones sin unos adecuados estudios técnicos ni de impacto ambiental que justifiquen tan brutales actuaciones.

Las fajas cortafuegos son líneas de 15 a 25 metros de anchura desprovistas de vegetación hasta el suelo mineral que ocasiones llevan asociadas a ambos lados fajas auxiliares laterales hasta llegar a los 100 metros de anchura que se suelen aplicar indistintamente en parajes con distintas condiciones de topografía, altitud, vegetación, condiciones climatológicas que determinan distintas virulencias de los incendios forestales. Muy a menudo, estas infraestructuras se sitúan en líneas de pendientes elevadas dejando amplias franjas de terreno a merced de la erosión en cuanto las raíces de la vegetación arrancada dejan de sujetar el suelo y que acaban ocasionando graves pérdidas de suelo fértil y el consiguiente empobrecimiento de los bosques que los sufren y la pérdida de su capacidad de almacenamiento hidrológico.

Además, numerosos técnicos de incendios dudan de la eficacia de los cortafuegos a la hora de frenar el avance de los Grandes Incendios Forestales (GIF) que se desarrollan en condiciones extremas de temperatura, humedad relativa y velocidad del viento y que pueden desarrollar focos secundarios mediante pavesas o piñas que salen “disparadas” cientos de metros. Por otro lado, la destrucción de vegetación ocasionada en la construcción de cortafuegos y pistas forestales supera con creces el suelo quemado en decenios.

En una época de crisis económica y de marcada austeridad, resulta extraño proyectar áreas cortafuegos de dudosa eficacia ante grandes incendios y de un elevado grado de mantenimiento, mientras se observa el estado de abandono en que se encuentra la gestión de los montes con una acusada sobredensidad de muchas de nuestras masas forestales tanto naturales como artificiales, donde se acumulan combustibles muertos producidos por la sequía de los últimos años y la no recogida de los despojos de las zonas de aprovechamiento. Estos trabajos además de contribuir a dificultar el desarrollo de un incendio, también los previenen al dificultar su ignición por la interrupción de la continuidad del combustible, son económicamente más rentables de mantener y además generan otros beneficios tanto pecuniarios como ambientales y sociales.

Como ejemplo, Ecologistas en Acción denuncia la tala de varios centenares de ejemplares de pino negro (Pinus uncinata) efectuada el pasado mes de mayo en un bosque situado en el límite del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Este bosque, situado en la Cresta de Diaza en la cara sur del Cañón de Ordesa perteneciendo al Área Periférica de Protección de dicho Parque Nacional, se trataba de una de las mejores masas forestales de pino negro en el Pirineo Central aragonés, además de uno de los pocos testigos naturales del límite superior del bosque en los Pirineos (Más información).