Campaña sensibilización sobre la quema de rastrojos

Ecologistas en Acción de Arahal viene a poner en conocimiento de la opinión pública, especialmente a los agricultores y a los empleados que trabajan para los grandes terratenientes, que la quema de los restos de cosecha, más conocida como quema de rastrojos, una práctica agrícola tradicional en España que está regulada tanto a nivel estatal como autonómico; está prohibida en la Unión Europea y condicionada a las ayudas agroambientales. Esta labor causa una serie de perjuicios sobre el medio ambiente, provocando cambios notables en el desarrollo normal de la vida en nuestros campos, llegando a esquilmar la tierra y perjudicar a la atmósfera a largo plazo.

Cada año observamos como se producen quemas incontroladas de parcelas, en muchos casos debido a la negligencia de quienes trabajan la tierra al abandonar en caminos y vías pecuarias residuos como vidrios, latas, plásticos,…, que en los días más calurosos pueden provocar y ser el origen de muchos incendios. En otros casos se debe a la creencia de que quemar los restos de cosecha beneficia a la tierra de labor.

Esta práctica obsoleta tiene una mayor incidencia en la provincia de Sevilla, y muy especialmente en la Comarca de La Campiña y la Vega, dado el carácter eminentemente agrícola de su economía, pues una gran extensión de su superficie es utilizada para cultivos cerealistas como el trigo, la cebada, maíz, centeno, etc., así como para oleaginosas como el girasol.

Esta práctica obsoleta tiene una mayor incidencia en la provincia de Sevilla, y muy especialmente en la Comarca de La Campiña y la Vega, dado el carácter eminentemente agrícola de su economía, pues una gran extensión de su superficie es utilizada para cultivos cerealistas como el trigo, la cebada, maíz, centeno, etc., así como para oleaginosas como el girasol.

El impacto de esta actividad sobre la pérdida de suelo fértil, la desertización y la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, sin contar con el riesgo de incendios y la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, son algunas de las consecuencias más negativas de esta práctica.

También al quemar el rastrojo eliminamos gran cantidad de nidos, pollos, volantones o crías de numerosos animales que no pueden huir de las llamas. Son eliminados los pequeños animales que viven sobre y dentro del suelo que enriquecen el mismo con sus excrementos y con sus propios restos. Además se destruye toda una flora y fauna invisible a nuestros ojos y que es la encargada de que el suelo sea fértil, ya que estos microorganismos intervienen directamente en los procesos de descomposición de la materia orgánica.

Cuando se quema la paja se consigue aportar a la tierra una pequeña cantidad de potasio, pero se pierde la capa superior del suelo con lo que desaparece el coloide y con él la capacidad hídrica conseguida, favoreciendo la desertización. Junto con el humo escapa el nitrógeno (algo vital para las plantas) retenido por las raíces de muchas plantas, el elaborado por las bacterias que viven en el humus y el obtenido por las micorrizas. Se calcula que la quema de media hectárea de rastrojo hace desaparecer 100 Kg. de nitrógeno, que luego deberán ser añadidos de modo artificial para que crezca una nueva cosecha.

Del mismo modo arrebatamos a la tierra una considerable cantidad de materia orgánica que de otra forma serviría al descomponerse como abono para el campo.

La quema de rastrojos supone:

- La aniquilación de la fauna por el propio fuego, o por la eliminación de nutrientes y pequeños animales con los que ésta se alimenta.

- La reducción de capacidad de retención del agua, puesto que la paja mezclada con la tierra aumenta estas propiedades del suelo.

- La destrucción de un recurso (la paja) que es utilizable por el ganado, o en otras actividades agrícolas e industriales.

- El uso masivo de fertilizantes artificiales que merman sensiblemente la rentabilidad de las cosechas, perjudican el propio suelo y contaminen las aguas subterráneas.

- El humo de las quemas contamina la atmósfera, agravando el efecto invernadero y aumenta el agujero de ozono.

- El frecuente incendio de arroyos, lindes, bosquetes y bosques que proporcionan sombra, sirven de refugio a la fauna y a un gran número de plantas comestibles o medicinales.

- Degrada el paisaje.

- El aumento de la erosión y la desertización.

Abstenerse de quemar supone:

- Un aumento de la Biodiversidad permitiendo que la fauna amenazada y cinegética se recupere.

- El reciclaje de la paja como abono natural para la tierra, alimento para el ganado o recurso para la industria.

- Cobijo y alimento para la mayoría de especies de los cultivos cerealistas, especialmente a las cinegéticas (perdiz, codorniz, liebre, conejo,...).

- La reducción de las cantidades de agrotóxicos que se vierten cada año al campo, y posteriormente van a parar a las aguas subterráneas.

- La eliminación de buena parte de los incendios forestales que se dan en zonas agrícolas rodeadas de bosques.

Recuperar con el tiempo la sombra que históricamente han proporcionado los árboles o arbustos de los arroyos, caminos, lindes o sotos, al evitar su quema año tras año.

No debemos olvidar que aquellos agricultores que incumplan la normativa existente en materia de quema de rastrojos, podrán ser penalizados e, incluso, se les podrá retirar las subvenciones. Quemar los restos de la cosecha supone la pérdida del pago íntegro de las ayudas para aquellos propietarios que desarrollen requisitos agroambientales en sus cultivos.