Gran cadena humana en defensa de la biodiversidad

Desde Ben Magec-Ecologistas en Acción, queremos dar las gracias a todas las personas que han dejado sus vidas de lado durante unas horas, para acudir a defender la vida del resto de los seres que comparten con nosotros su existencia, tan importante para nuestra Naturaleza… tan importante para nuestra supervivencia.

Las organizaciones que convocamos la Gran Cadena Humana del 28 de noviembre, con el apoyo de decenas de otros colectivos, con la ayuda desinteresada de cientos de personas que se han prestado a colaborar, y con la inestimable sabiduría y esfuerzo de los más prestigiosos científicos canarios, nos hemos unido contra este nuevo Catálogo Canario de Especies Protegidas. Con esta Ley, Coalición Canaria pretende eliminar cualquier barrera legal que impida la construcción de las grandes infraestructuras contra las que tantas y tantas veces, la ciudadanía canaria se ha dotado de argumentos y ha salido a la calle a reivindicar justicia y respeto.

Éste ha sido un acto cargado de valentía, dignidad y generosidad. Sin embargo no será el último acto que se organizará contra ésta y cualquier otra ley que amenace a la especies que componen la biodiversidad canaria, a nuestro paisaje, a nuestros recursos naturales, a nuestra gente… muchas otras veces organizaremos actos en los que pediremos que el Parlamento canario, aquél que la ciudadanía ha dotado del poder para legislar, actúe en defensa de las personas, pero no sólo de aquéllas que les han votado, sino también de las generaciones que todavía no pueden votar, pero que garantizarán que esta tierra siga siendo un espacio habitable, un lugar en el que merezca la pena vivir.

JPEG - 31.3 KB
Fotos: metienenfrito.blogspot.com

¡Por un Parlamento que proteja a las especies!

¡No al puerto de Granadilla!

¡No al puerto industrial de Agando!

¡No al anillo insular!

¡No a los trenes en Tenerife y Gran Canaria!

¡No al campo de golf de Tamanca!

¡Sí a la conservación de la flora y la fauna!


Textos leídos

Textos leídos por las niñas Ana Etelvina Lin y Sofía Alemán Arozena: "El Pájaro moro", y "Un sebadal herido"

UN SEBADAL HERIDO

Señor Domingo Berriel:

Imaginará como me habrá sentado la noticia. Pienso en usted constantemente
desde que me descatalogaron, trato de olvidar pero no puedo. Pertenecía a
uno de esos catálogos de especies naturales destinado a protegernos de
posibles agresiones, concretamente figuraba en la categoría "Sensible a la
alteración de su hábitat". El año que me incluyeron en el listado tuve una
sensación agridulce; por un lado me sentí orgulloso de ser sebadal, pero por
otro me asustó la vulnerabilidad (es duro enfrentarse a una posible
desaparición). Son demasiadas las generaciones que me preceden,
demasiadas anécdotas..., para que en menos de nada dejemos de existir. Yo
procuro ser cauteloso y soplar cuando vienen las aguas sucias. Pero lo estoy
pasando mal, cada vez hay menos peces y es brutal el peso de los emisarios,
los plásticos y los combustibles. A pesar de todo subsisto, si usted supiera toda
la savia que aún queda aquí abajo hablaría distinto en la tele.

Me encantaría que un día se asomase al fondo, que viniera a mi casa y viera
los nidos: lugares mágicos de nacimientos marinos. Sé que soy un simple
sebadal sin linaje, pero pertenezco a un hábitat valioso. Es cierto que muchos
no lo ven, que hablan de mí como si fuera un "césped" sin importancia. Usted
mismo me ha desprestigiado en su discurso y sus palabras me descomponen,
me entristecen, me hacen cambiar de color (me vuelvo amarillo). Comenta
usted "que no tengo la densidad adecuada, que estoy deteriorado, que como
planta en sí no tengo valor, que no soy digno de protección" Pero ¿No fueron
ustedes los que dijeron que era importante? ¿Qué debía estar protegido? Si mi
voz no es suficiente, le pido por favor que lea el informe de la ONU donde se
destaca el favor que hace nuestra especie al ecosistema, que evitamos el
cambio climático… Sería bonito que se acercara a mí y que al final
sobreviviéramos. Le pido por favor que piense en nosotros e incluso en usted,
seguramente caería mejor a todos si me defendiera.

Atentamente,

Un sebadal herido.

EL PÁJARO MORO

Pocos, salvo los majoreros, saben en el Parlamento canario quién es el pájaro
moro y dónde vive, desconocen que pasa la mayor parte de la vida en terrenos
pedregosos y desérticos, entre el silencio del olvido y el vuelo libre que
comparte con la calandria en los llanos interminables, llanos como el del
Esquinzo, que visité junto a María Rosa Alonso, que el próximo mes cumplirá
cien años. El pájaro moro tiene un bello plumaje y un pico de granívoro entre
amarillo intenso y un rojo coral, el píleo es pardo y el obispillo es de tonalidad
rosácea como el resto del plumaje. Quien lo conoce sería incapaz de
descatalogarlo, porque sería un error que en las escuelas canarias los niños no
lleguen a conocerlo. Tiene apariencia robusta y resuelta, cuando emite sonidos
parece que lleva en la siringe una trompeta con sordina; entre los naturales de
Fuerteventura es conocido también por el apodo de pispo, convive con el canto
de otras aves únicas como la tarabilla canaria, que es el pájaro estallón del que
me habla mi querida tía Encarna Calero, que vive en Casillas del Ángel, al pie
de las montañas de Tao, la Atalaya y la montaña del Campo, aún lejos de la
mirada de los especuladores que quieren matar el paisaje de millones de años,
con las palas mecánicas de la ignorancia. No sólo cría en el Archipiélago,
también está en el norte africano, en tierras mediterráneas, en Pakistán y en la
India. El pájaro moro está mosqueado, y hablo de buena tinta, porque otras
criaturas bellas como él no tienen voz en el parlamento, porque su canto es
inefable para el lenguaje político, como lo es el guaña-guaña de la pardela
cenicienta que vuela en la barriga de las olas sin saber qué va a ser de ellas y
de la avifauna de Canarias, si el Parlamento canario hace oídos sordos a su
lastimera conversación nocturna, víctima de leyes diseñadas por hombres que
jamás pisan más allá del asfalto o del cemento de las aceras. El mundo de las
aves en las islas es una puerta espléndida para adentrarse en las joyas que, a
trompicones, todavía se conservan gracias a los gestos utópicos de quienes
ven la naturaleza no como un objeto alejado del hombre, sino como una
extensión de nuestra propia razón de ser.




Visitantes conectados: 531