El último aliento de la industria del carbón

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La posición de Ecologistas en Acción, compartida por otras organizaciones ecologistas, es contraria a los proyectos de captura y almacenamiento del dióxido de carbono (CO2), pues seguimos pensando que aceptar este tipo de opciones, de “barrer bajo la alfombra”, es aceptar propuestas que únicamente tratan de esconder los problemas, sin garantía alguna de resolverlos, y dejando a generaciones futuras una hipoteca ambiental más, esperando que sean ellas las que encuentren la solución adecuada.
Por tanto, la búsqueda de soluciones que no sean la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no nos parece en absoluto adecuada y mucho menos presentar esta tecnología como si fuese de uso común y en la que todos los problemas estuviesen resueltos, ya que, si bien es cierto que existen varios programas de investigación, cabe señalar que la CAC aún no se ha aplicado a una central eléctrica de combustibles fósiles de grandes dimensiones.

Y es que, aunque hace mucho que se vienen utilizando técnicas para separar y capturar rutinariamente el CO2, como subproducto de procesos industriales, para que este gas se pueda capturar de las centrales termoeléctricas y otras fuentes puntuales, ha de ser capturado como un gas relativamente puro por lo que, en estos momentos, los tres únicos proyectos existentes para el almacenamiento geológico a escala industrial, es decir, de más de 1 Mt de CO2/año dos no están relacionados, con procesos de combustión, sino con la eliminación del CO2, como impurezas en el gas natural, y uno con la recuperación forzada de petróleo, a partir del CO2 capturado en una central de carbón gasificado.

Con estas premisas y usando la actual tecnología, las estimaciones de los costes del secuestro están en la gama de 100 a 300 dólares la tonelada de emisiones de carbono evitadas y si bien la meta de este tipo de programas de investigación es reducir el coste del secuestro a los 10 dólares por tonelada, hablamos de unos objetivos a lograr a largo plazo, en torno al año 2015. Además, y según las estimaciones realizadas, la captura del CO2 únicamente supone las tres cuartas partes del coste total, al que ha de añadirse el almacenamiento, transporte y sistema de secuestro. Todo esto supone un consumo energético adicional importante, que implica mayores emisiones de CO2 y, según diversos análisis realizados, un incremento en el coste de generación de electricidad que supone, en estos momentos, doblar dicho coste de generación.

Nos encontramos, por tanto, muy lejos de que las técnicas y prácticas de secuestro de carbono cumplan los requisitos que se le exigen, ya que, además de demostrar que tienen suficiente capacidad de almacenamiento, han de demostrar que son estables a largo plazo y que serán económicamente viables, en unos momentos, en lo que ni siquiera han demostrado que son medioambientalmente aceptables.

Quisiéramos denunciar por último, la estafa que supone la instalación de nuevas centrales térmicas de carbón que se hacen llamar “listas para capturar”, lo que sugiere que las centrales se modernizarán. Nadie sabe cuándo pasará eso, si es que pasa. El factor clave para la CAC es si las opciones comerciales de captura estarán disponibles para las centrales de carbón y a qué coste. Lo más sencillo para evitar el abuso del término “lista para capturar” y con independencia de la posición sobre la aplicación de la tecnología de captura de carbono, sería decir no a todas las centrales térmicas de carbón, SIN un sistema real y funcional de CAC.

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El último aliento de la industria del carbón




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