Deporte, ocio, recreo y naturaleza

De todos los problemas ambientales que hoy día tienen lugar sobre el planeta, las actividades deportivas y de recreo no son, ni mucho menos, de las más graves que podemos encontrar en comparación con otros impactos como vertidos de petróleo (Prestige), megaembalses (presa de las Tres Gargantas), incendios de grandes dimensiones (Portugal, 2003), o los efectos del cambio climático.

No obstante, el auge y la incidencia de los deportes y actividades de ocio y recreo practicados en la naturaleza se ha convertido en un tema lo suficientemente importante como para que desde hace años forme parte de la agenda de trabajo de Ecologistas en Acción. Informes como “El impacto del golf en el medio ambiente”, 1992; “Impacto de la práctica del 4x4 en el medio ambiente”, 1992; “El impacto de las actividades deportivas y de ocio/recreo en la naturaleza”, 1994; “Deporte y Naturaleza. El impacto de las actividades deportivas y de ocio en el medio natural, 2001”; son muestras del interés por un problema que se agudiza con el paso del tiempo.

Golf, esquí, vehículos a motor

Aunque en la mayoría de los casos la masificación es la principal responsable de los impactos creados por los deportes y actividades de ocio desarrolladas en la naturaleza, en otros la ocupación espacial de territorios frágiles (la montaña con el esquí); el uso abusivo de recursos escasos como el agua y de biocidas para el control de plagas (el golf); el ruido, la emisión de contaminantes atmosféricos y los daños al suelo, la vegetación y la fauna (deportes motorizados); etc., son los impactos más característicos.

Estas tres modalidades de deporte en la naturaleza que se practican en el Estado español, golf, esquí y circulación motorizada, están presionando de manera grosera sobre el medio natural y sus recursos, y en los próximos años lo harán de forma más intensa.

El golf implica un incremento desorbitado de consumo de agua –al amparo del trasvase del Ebro estaba previsto un brutal incremento del número de campos: 34 en Murcia, 24 en Alicante, 5 en Valencia, 3 en Castellón, etc.–, territorio, formaciones vegetales, y el aporte de sustancias contaminantes como biocidas y abonos químicos, amén de la construcción de las urbanizaciones que llevan asociadas. El caso de Murcia es llamativo: el Gobierno murciano, eterno demandante de más recursos hídricos, tiene previsto desarrollar una Ley de Campos de Golf que, lejos de racionalizar su proliferación, los potenciará.

Por su parte, las numerosas ampliaciones de estaciones de esquí y los proyectos de nuevas instalaciones darán la puntilla a muchos de nuestros frágiles espacios de montaña por la necesidad de entubar arroyos, modificar el relieve por la construcción de pistas, carreteras, aparcamientos y edificaciones (hoteleras y de servicios), aunque no podemos olvidar la construcción de urbanizaciones en los pueblos colindantes con las estaciones. En este sentido resulta alarmante el gran número de estaciones de esquí que se tiene proyectado crear o ampliar (ver Ecologista 40).

Resulta irónico que cuando los indicadores del cambio climático nos auguran una reducción de las precipitaciones, se estén potenciando modalidades deportivas que se verán afectadas por la disminución de las lluvias. Esta situación obligará a potenciar transferencias de agua e intensificar la reutilización de las aguas residuales depuradas (reduciendo el caudal circulante por nuestros ríos, con afecciones sobre los ecosistemas ribereños) en el caso del golf; o a entubar nuevos arroyos de montaña para suministrar nieve artificial a las pistas de esquí. Aparte, los peligros que implica el monocultivo de este tipo de actividades que generan un modelo económico muy vulnerable ante el cambio climático.

En relación a la circulación motorizada en el medio natural (todo-terrenos, motos, quads, etc.), las autoridades no han puesto freno a esta impactante actividad que está desbocada en el conjunto del Estado español. La falta de vigilancia los fines de semana y periodos vacacionales, posibilita que miles de unidades motorizadas campeen a sus anchas por el medio natural, esté o no protegido.

Son, pues, necesarias y urgentes medidas para limitar las demandas ambientales de los deportes y actividades de ocio que se desarrollan en el medio natural, posibilitando un uso público con menor presión humana sobre el entorno: la paralización de los nuevos proyectos de campos de golf; la moratoria en la ampliación y construcción de nuestras estaciones de esquí e infraestructuras complementarias, fomentando modelos no expansionistas de esta modalidad deportiva, que aseguren su práctica sin comprometer la biodiversidad, el paisaje, así como los bienes y servicios ambientales de nuestras montañas; y el control de la circulación motorizada en el medio rural-natural, concentrando estas actividades en circuitos urbanos más apropiados para su práctica.

Hilario Villalvilla y Jesús Sánchez-Corriendo. El Ecologista nº 41