El ciervo volante

El futuro de este coleóptero en España y en toda Europa está ligado al de los bosques donde vive. Sus poblaciones están descendiendo drásticamente en las últimas décadas. Aunque está protegido por las legislaciones comunitaria y española, la pérdida de hábitat, el deterioro de las áreas boscosas y el impacto provocado por los procesos de urbanización en esas mismas zonas o sus aledaños, además del tratamiento comercial que se da a las explotaciones forestales, provocan incertidumbre sobre su recuperación.

El ciervo volante o Lucanus cervus es uno de los insectos más grandes y vistosos de la fauna ibérica (1). En particular, llama la atención el macho debido a sus mandíbulas hipertrofiadas. Pertenece a un género que cuenta con más de 40 especies de distribución holártica (2); está repartido por gran parte de Europa, donde alcanza Rusia occidental (3).

Su popularidad se demuestra en el hecho de ser uno de los escasos escarabajos que cuentan con abundantes nombres vernáculos. Denominado vulgarmente ciervo volante en los libros, es conocido como vacaloura en Galicia, bacalloria en Asturias, escornabois en Cantabria, arkanbelea en Euskadi, escanyapolls en Cataluña y cornatero en la Sierra de Gredos avulense; en Portugal lo denominan vaca loura, cabra-loura o carocha.

En la Península Ibérica se localiza principalmente en las zonas boscosas que cuentan con especies de Quercus de hoja caduca o marcescente, aunque para su desarrollo tampoco desprecia a las encinas y otros muchos árboles. Frecuente en la mitad septentrional, se hace muy raro en cambio al sur del Sistema Central y de la Serranía de Cuenca. Se conoce de todas las provincias de Cataluña, Aragón, Navarra, Euskadi, La Rioja, Cantabria, Asturias, Galicia, Castilla-León y Madrid. También en el sur, aunque en las comunidades de Extremadura, Castilla-La Mancha, Valencia, Murcia o Andalucía está muy localizado y relegado a enclaves muy particulares (4, 5).

Biología

Es una especie sapro xilófaga. La larva se desarrolla a expensas de la madera desmenuzada y podrida de las distintas especies de quercíneas, aunque se encuentra también en casi todo tipo de frondosas: hayas, olmos, sauces, fresnos, chopos, alisos, tilos, castaños, nogales, moreras y diversos frutales como peral, manzano y cerezo (incluso se ha citado en Europa de algunas resinosas como pinos y tuyas) y aprovecha habitualmente los árboles viejos y los abatidos. Entre los Quercus, tiene marcada preferencia por los de hoja caduca o marcescente; así, utiliza los robles Quercus petraea y Quercus robur en el norte, además del Quercus humilis en Cataluña y Quercus pyrenaica en la meseta castellana y el Sistema Central. El desarrollo larvario dura normalmente cuatro o cinco años. El adulto se transforma en otoño, pero hiberna y no sale al exterior hasta el mes de junio o julio, incluso en agosto en los lugares más fríos de su área de distribución ibérica.

Los escornabois vuelan al atardecer o por la noche, aunque se pueden observar en menor número a cualquier hora del día. De fenología primavero-estival, se pueden ver desde mayo hasta septiembre, si bien los ejemplares ibéricos son más frecuentes durante el mes de julio. Les atrae la savia azucarada y en fermentación vertida por los árboles heridos. Forma parte de la dieta alimentaria de numerosos depredadores; así, diversas aves (arrendajo, alcaudón real, chova piquirroja, rapaces diurnas y nocturnas) y mamíferos (zorro, tejón y gineta) lo cazan cuando pueden, aunque no se conoce que ninguno de ellos haya desarrollado métodos específicos de predación sobre el ciervo volante.

Importancia de los saproxilófagos

Los insectos saproxilófagos juegan un papel significativo en el reciclaje de la madera muerta de los bosques. Las larvas de ciervo volante se alimentan exclusivamente de este recurso. Esto, unido a un ciclo biológico que dura varios años, hace que sean particularmente sensibles a la retirada de madera muerta de nuestras zonas forestales. Por tanto, los podemos considerar como excelentes bioindicadores de la salud de un bosque.

En muchos bosques europeos la madera muerta está a unos niveles críticamente bajos, a menos del 5% del volumen que sería esperable en condiciones naturales, de modo que este índice se convierte en un indicador clave para medir la naturalidad de los ecosistemas forestales (6). De hecho, en los bosques caducifolios no alterados, la madera muerta puede alcanzar entre el 5 y el 10% del total, o lo que es lo mismo, entre 40 y 200 metros cúbicos por hectárea; esas cifras bajan hasta valores mínimos en los bosques manipulados.

Está científicamente demostrado que los bosques naturales son más estables, saludables y resistentes a las enfermedades, plagas y cambios en las condiciones climáticas que los bosques limpios (7). Las amenazas más importantes para nuestros bosques, que conllevan una pérdida de diversidad biológica y cambios drásticos en este tipo de ecosistemas, son las siguientes:

  • La destrucción de los bosques autóctonos o su sustitución por otras especies, sobre todo coníferas, que provocan una pérdida o una fragmentación del hábitat de muchas especies.
  • Los procesos de urbanización o ampliación de zonas urbanas adyacentes, que producen un fuerte impacto negativo que suele estar directamente relacionado con el número de nuevos residentes que se establecen.
  • La eliminación de árboles viejos, muertos o moribundos y la retirada de las porciones muertas de árboles vivos que aconsejan las técnicas modernas de explotación forestal.

Protección de la especie

El ciervo volante está protegido en el Anexo III del convenio de Berna (1979) e incluido en el Anexo II de la Directiva Hábitat de la Unión Europea. También se ha incorporado, como “especie de interés especial”, al Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (Orden de 10 de marzo de 2000, en B.O.E. nº 72, de 24-III-2000). En el Libro Rojo de los Invertebrados de España (8) aparece con la categoría de “preocupación menor” (LC). A nivel autonómico está protegido, catalogado como especie “vulnerable”, en las comunidades autónomas de Madrid (9) y Extremadura (10), y como “especie de fauna de interés especial” en Aragón (11).

Conclusión

La importancia de las especies saproxilófagas ha sido reconocida en Europa con la financiación de importantes proyectos de investigación. En España estamos todavía muy atrasados en este tipo de estudios. Para el ecosistema mediterráneo apenas se conocen datos; no obstante, existen precedentes que marcan el camino a seguir, como lo es un proyecto centrado en el Parque Nacional de Cabañeros, que utiliza como grupos indicadores algunos grupos de dípteros y coleópteros (12).

El denominado Proyecto Ciervo Volante (5) viene realizando desde 1993 un completo estudio multidisciplinar sobre la especie que incluye estudios de biología y ecología, su distribución y abundancia en la península, su evolución o cambios de estatus y su problemática conservacionista.

Mantener en buenas condiciones las poblaciones del ciervo volante en España debe ser un objetivo que no se puede aislar del contexto en el que se integran todos los seres saproxílicos: la importancia de preservar la biodiversidad, la integridad y la calidad de nuestros bosques autóctonos.

José Ignacio López-Colón, Ecologistas en Acción. El Ecologista nº 52

Notas y referencias

1. Es el coleóptero (escarabajo) ibérico más grande. Puede superar los ocho centímetros de longitud, aunque haya ejemplares mucho menores, sobre todo hembras que, no obstante, superan frecuentemente los 3 centímetros.

2. En Europa viven tres especies: Lucanus cervus se extiende por todo el continente, islas británicas y parte de Asia occidental y Oriente medio; Lucanus tetraodon es un insecto muy escaso que sólo se encuentra en algunas localidades francesas, italianas, albanesas y griegas (también en Córcega, Cerdeña y Sicilia), y Lucanus ibericus –la cual, a pesar del nombre, no es de la península Ibérica, sino del antiguo reino de Iberia, un territorio situado al este del Mar Negro y al sur del Cáucaso– en lo que actualmente es el estado de Georgia y el extremo nororiental de Turquía; por el oeste de su área de distribución, esta especie alcanza Grecia y Albania. La mayor parte de los Lucanus viven en el sureste asiático: Tailandia, Malasia, Birmania, Bangla Desh, Vietnam, Laos, Camboya, China y Taiwan.

3. Se han descrito varias subespecies; de ellas, tan sólo la forma nominal, Lucanus cervus cervus (Linnaeus, 1758), y Lucanus cervus turcicus (Sturm, 1843) son europeas, reemplazando esta última a aquella en buena parte de Turquía y los Balcanes.

4. LÓPEZ-COLÓN, J. I., 2000. Familia Lucanidae. En: Coleoptera, Scarabaeoidea I. Martín-Piera, F. & López-Colón, J.I., 2000. Fauna Ibérica, vol. 14. Ramos, M. A. et al. (eds.). Museo Nacional de Ciencias Naturales. CSIC. Madrid.

5. Distribución ibérica de Lucanidae. El “Proyecto Ciervo Volante” está integrado actualmente en la Sociedad Entomológica Aragonesa y se denomina Grupo de Trabajo sobre Lucanidae Ibéricos (GTLI). Su página web es: http://entomologia.rediris.es/gtli

6. DAJOZ, R. 2001. Entomología forestal. Los insectos y el bosque. Madrid.

7. W.W.F., 2004.- Deadwood–living forest. The importance of veteran trees and deadwood to biodiversity. www.panda.org/downloads/forests/deadwoodwithnotes

8. VERDÚ, J.R. & GALANTE, E. eds., 2006. Libro Rojo de los invertebrados de España. Dirección General para la Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente. Madrid.

9. Decreto 18/1992, de 26 marzo 1992, por el que se aprueba el Catálogo Regional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres y creación de la categoría de árboles singulares; en B.O.C.A.M. nº 85.

10. Decreto 37/2001, de 6 de marzo, por el que se regula el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Extremadura, en D.O.E. nº 30.

11. Decreto 49/1995, de 28 de marzo, por el que se regula el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón; en B.O.A. nº 42.

12. MICÓ, E., MARCOS GARCÍA, M. A., ALONSO, M. A., PÉREZ-BAÑÓN, C. PADILLA, A. Y JOVER, T., 2005. Un proyecto para la conservación de la entomofauna saproxílica en ecosistemas mediterráneos. Cuadernos de Biología, 17: 10-20.




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