Mercurio y pescado

En todo el Planeta los peces están acumulando mercurio en sus tejidos, a menudo como resultado del mercurio que emitimos a la atmósfera, y que es arrastrado finalmente a ríos y océanos. Este metal es muy tóxico en todas sus formas, y en particular como metilmercurio, la forma en la que se acumula en los peces, pues se sabe que, al consumirlos, daña nuestras neuronas. Recientes investigaciones sobre el mercurio rebajan dramáticamente el límite de inocuidad de este metal procedente del consumo de pescado.

Paco Ramos, Ecoloxistes n’Aición d’Asturies. Revista El Ecologista nº 39. Primavera 2004.

A finales del 2003, y después de años de controversias, la Dirección de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos publica, por fin, un aviso para que tanto las mujeres embarazadas, como las que hayan dado a luz recientemente, protejan la salud de sus bebés de los efectos de la contaminación por mercurio procedente de pescado y marisco. La administración sanitaria española ha tratado de quitar importancia al problema al no compartir el alarmismo de sus colegas estadounidenses y el sector pesquero considera que la advertencia provoca una alarma infundada ligada a oscuros intereses económicos, mostrando su extrañeza ante un problema supuestamente nuevo y desconocido.

Digamos por delante que existe un acuerdo unánime en que los pescados y mariscos forman parte importante de una dieta equilibrada. Son una buena fuente de proteínas de alta calidad, de vitaminas y minerales. Son bajos en grasas, e incluso las variedades más grasas son beneficiosas debido a que contienen ácidos grasos omega-3. Estos ácidos grasos, que se hallan casi exclusivamente en el pescado y los mariscos, contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas.

Pero dicho esto, pensar que las nuevas advertencias publicadas en EE UU sobre los riesgos del consumo de pescado se deben únicamente a oscuros intereses económicos, o afirmar que es una novedad que los pescados tienen altos niveles de metales pesados –los que más acumulan son los de fondo y los que ocupan la cúspide de la pirámide alimenticia, como atún, pez espada o tiburón–, es una simplificación y un claro desconocimiento de lo que se esta discutiendo sobre este asunto en todo el mundo, incluyendo a organismos tan poco sospechosos de alarmistas como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Organizaciones de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Y es que desde los años cincuenta, se conocen las terribles consecuencias y los efectos por contaminación de mercurio debido a las intoxicaciones masivas en Japón e Iraq. En el primer caso, descargas de compuestos mercuriales de una planta química en la Bahía de Minamata, contaminaron los peces ocasionando más de mil muertes entre las personas que los consumieron. En Iraq, murieron unas 70 personas y aproximadamente 130 sufrieron una fuerte intoxicación por ingerir pan elaborado con semillas tratadas con un funguicida mercurial. Ambos accidentes ocurrieron en 1956.

Además de los problemas de las intoxicaciones masivas, también son preocupantes los efectos sobre la salud del consumo de alimentos con contenidos mucho menores de metales pesados. Por ello ya existe en nuestro país legislación específica desde hace más de veinte años, como la Orden de 2 de agosto de 1991 que establece límites en metales pesados para productos de la pesca. En concreto, para el mercurio establece un límite de 1 ppm (parte por millón) es decir, un miligramo por cada kilo de producto, control que en el que caso de Asturies corre a cargo de la Agencia Regional de Sanidad Ambiental y Consumo.

Se endurecen los límites

Lo que sí ha cambiado en este tiempo es la posición de la Agencia de Medio Ambiente de EE UU (EPA, Environmental Protection Agency) tras su informe al Congreso a finales de 1997, donde a partir de multitud de estudios llega a la conclusión de que el límite establecido por la Dirección de Alimentos y Fármacos de EE UU (FDA, Food and Drug Administration) de 1 ppm –el mismo que está establecido en nuestra legislación–, no es adecuado para la protección de la salud de toda la población, especialmente para aquella mas sensible, bien por su estado de desarrollo o porque su dieta sea especialmente dependiente de los productos de la pesca. Por lo que establece un nuevo valor de referencia (RfD, dosis de referencia de exposición diaria para las poblaciones humanas) que tiene en cuenta todas estas variable y no únicamente el contenido de contaminante en el pescado. El valor de referencia propuesto por la EPA para el metilmercurio es de 0,1 microgramos de metilmercurio por kg de peso corporal y día.

Se establece una importante discusión entre esta nueva propuesta de la EPA, mucho más restrictiva, y la existente, apoyada por la FDA, más acorde con el mantenimiento de la situación actual y lógicamente apoyada por los sectores pesqueros estadounidenses. Algunos, como los atuneros, crean su propia fundación (U.S. Tuna Foundation) para justificar la no modificación. Ante esta situación, de clara discrepancia entre los dos organismos oficiales, se crea un Comité de Expertos (Committee on the Toxicological Effects od Methylmercury) dependiente de las Academias Nacionales de Las Ciencias. En septiembre del año 2000, este comité decidió que el valor propuesto por la EPA como RfD para el metilmercurio de 0,1 microgramos por kilogramo por día era un valor científicamente justificable para la protección de la salud pública.

Este nuevo valor ha hecho que incluso la Organización Mundial de la Salud modificase su propuesta de reducir a 0,5 ppm el nuevo valor límite de contenido de metilmercurio en el pescado, y en la reunión del Comité Conjunto de Expertos para aditivos en los alimentos, formado por miembros de la OMS y de la FAO, reunidos en Roma en el mes de julio de 2003, hicieron una propuesta provisional de ingesta semanal de 1,6 µg por kg de peso corporal, es decir 0,22 microgramos por kilogramo por día, valor mucho más próximo por tanto a las tesis de la EPA que a los valores límites existentes.

¿Cuánto pescado podemos comer?
Ante las nuevas investigaciones, a la pregunta de ¿cuánto pescado puede comer una persona sin exceder la dosis de la referencia de la EPA? la respuesta ya no depende únicamente del contenido del mercurio de los pescados, ya que debemos tener en cuenta, además, el peso corporal y la ingesta semanal de pescado. Así, por ejemplo:

  • Una mujer asturiana, con un peso típico de 60 kg que consuma unos 300 gramos de pescado a la semana, cantidad menor la media de consumo de pescado de nuestra Comunidad, con una concentración de mercurio de 0,358 ppm, cantidad media encontrada en las latas de atún blanco en EE UU, y mucho menor que los límites legales españoles, excederá el RfD de la EPA en casi dos veces y media.
  • Si el contenido fuese de 0,7 ppm, valor alcanzado por la Cabra (Helicolenus dactylopterus) en la lonja de Gijón, según los datos de la Agencia Regional de Sanidad Ambiental y Consumo del Principado de Asturies, excederá el RfD de la EPA en cinco veces, o lo que es lo mismo, en casi 2 veces y media la nueva propuesta conjunta de la OMS y la FAO.
Fuentes de mercurio
El mercurio, un elemento que se extiende con facilidad por el medio ambiente y que es muy persistente, procede tanto de fuentes naturales como de la actividad humana –procesos industriales, minería, incineración de residuos, combustión de combustibles fósiles–. Se puede liberar de bastantes productos que lo contienen: amalgamas dentales, diversos dispositivos eléctricos (interruptores y tubos fluorescentes), instrumentos médicos y de laboratorio (termómetros clínicos, barómetros, etc.), baterías, tratamientos de semillas, cremas antisépticas y antibacterianas…

Nuestro país, siendo el mayor productor de mercurio de la UE, no dispone de una evaluación detallada del mercurio y sus compuestos, como reconoce el propio Gobierno español en su informe ante el PNUMA (Evaluación Mundial del Mercurio). Según este informe, con datos de 1996, el área con mayor volumen de emisiones corresponde al Noroeste español (ver revista Ecologista 24). Por sectores, la distribución porcentual de estas emisiones de mercurio en 1996 fue:

Sectores %
Plantas de combustión industrial 42,3
Combustión en la producción y transformación de energía 27,2
Procesos industriales sin combustión 16,3
Tratamiento y eliminación de residuos 12,8
Plantas de combustión no industrial 1,0
Otros modos de transporte y maquinaria móvil 0,4



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