Observatorio de Corporaciones Transnacionales

El poder del consumidor se basa en su capacidad para optar, en la posibilidad de preguntarse en qué invierte. Tenemos la obligación de manifestarnos a través de nuestras compras, apoyando los métodos que aprobamos y rechazando aquellos que condenamos. Será una forma colectiva de controlar el enorme poder que están adquiriendo las grandes empresas multinacionales.

Carola Reintjes y Lilja Otto [1]. Revista El Ecologista nº 39. Primavera 2004.

“Con nuestra compra votamos”, es un lema cada vez más oído que resume el despertar de consumidoras y consumidores a su responsabilidad y a su poder en una sociedad de consumismo. Nos estamos dando cuenta que con nuestros actos de compra influimos en la estructura global de producción y comercialización.

Desde un punto de vista ecológico, partimos de un concepto integral de la ecología –ecología humana– que incluye la dimensión social y solidaria. Entendido así, el acto del consumo desde una dimensión ecológica integral, debe garantizar una sostenibilidad económica, ecológica y social de la producción y comercialización, tanto en origen (lugar de producción) como en destino (lugar y pautas de consumo, y tratamiento posterior de los residuos).

En este contexto ha surgido como temática innovadora la responsabilidad social de las empresas. Este logro debe de ser atribuido a consumidoras y consumidores que son cada día más exigentes, cuestionando no sólo la calidad técnica (ingredientes y composición) de los productos, sino exigiendo que se demuestre su calidad social y ambiental.

Llegados aquí hay que constatar la necesidad de aclarar la difusa línea entre el compromiso social o ambiental y el marketing. Hay empresas que están mostrando con su adhesión a criterios de responsabilidad social y ambiental que un cambio es posible. Lamentablemente, la realidad a menudo desvela un desmesurado marketing y abuso mercantil en la supuesta responsabilidad social.

Un Observatorio de Corporaciones Transnacionales

El Observatorio, lanzado por IDEAS y ECO-JUSTO, pretende contribuir a aclarar esta zona gris ofreciendo información contrastada sobre las operaciones de las multinacionales en el ámbito internacional. Ofrece datos sobre el comportamiento de las corporaciones detrás de las marcas, investigando las características de su sistema de producción y comercialización en el ámbito social, económico y ambiental. También se preocupa del creciente poder y la activa influencia de las multinacionales en todas esferas de la sociedad a escala estatal, europea e internacional.

Las grandes corporaciones mueven cantidades inmensas de capital, y sus ventas muchas veces superan los PIB de muchos países del mundo. Esta concentración de riqueza da un enorme poder. Un ejemplo de la influencia política de las corporaciones son sus donaciones financieras de alta cuantía a las campañas electorales en Estados Unidos. Para nombrar un ejemplo, Coca-Cola Company y su filial más grande, Coca-Cola Enterprises, juntas ocupan el segundo lugar en la lista de financiación del partido republicano dentro del sector de alimentación y bebidas en EE UU. Las entidades en conjunto donaron más de 890.000 dólares en la campaña electoral de 2002, de los cuales un 75% ha sido para este partido [2].

Si seguimos el ejemplo de Coca-Cola, vemos además como ciertos gobiernos intervienen directamente en las operaciones de dicha corporación, especialmente en caso de conflicto. Según el Indian Resource Centre, el Gobierno estadounidense presionó al Gobierno de la India para que favoreciera con su política a esta multinacional [3]. Hecho que enlaza con la creciente influencia política y el lobbying ejercidos por las corporaciones.

Pero estas historias no sólo acontecen en partes lejanas del mundo, sino también en nuestra Europa. La influencia sobre la toma de decisiones en el ámbito de políticas europeas por parte de los multinacionales es impresionante. El Corporate Europe Observatory (CEO) –un grupo de investigación sobre las amenazas a la democracia que supone el poder no sólo económico sino también político alcanzado por las multinacionales–, desvela la actividad de presión política de las transnacionales y el grado alarmante de influencia que tienen sobre la política europea. Las corporaciones logran su posición privilegiada y de fuerza entre los políticos a través de la financiación de los cada vez más frecuentes grupos de presión o lobbies, agencias de relaciones públicas y think tanks, muchos de ellos con sede en Bruselas.

Una alarmante capacidad de influencia política

Un ejemplo es el Diálogo Transatlántico de Comercio (TABD, según sus siglas en inglés). Establecido en 1995, el TABD es la alianza entre empresas privadas y Estados de mayor alcance internacional. A través del TABD más de 100 de las mayores multinacionales con casa matriz en EE UU o la UE trabajan para identificar regulaciones y políticas que ellos definen como “barreras para el comercio trasatlántico”. En otras palabras, se trata de atacar cualquier regulación o política que no convenga a su agenda corporativa a ambos lados del Atlántico.
El TABD tiene una influencia directa y masiva en las políticas de la UE y de EE UU. Aunque se trata de una entidad del sector privado que no tiene ningún estatus oficial dentro de la Unión, la Comisión Europea denomina como negociaciones las reuniones con el TABD. Esta posición exclusiva y cercana a los centros de toma de decisiones marca una diferencia destacada con la atención que se da a los grupos de interés (de consumidores, del medioambiente y de trabajadores, los TACD, TAED, TALD, respectivamente). Mientras el TABD está invitado a las cumbres bianuales entre la UE y EE UU y sus miembros están siendo fotografiados con los políticos, los otros grupos que representan los intereses de la ciudadanía no son invitados y reciben pocos fondos.
Actualmente el TABD está luchando contra una lista larga de regulaciones de protección al consumidor y al medio ambiente. Entre otros, el TABD esta tomando medidas en contra de: las restricciones al acceso al mercado europeo para productos genéticamente modificados; la prohibición del uso de HFC en frigoríficos; la prohibición de experimentos en animales para probar cosméticos; o la legislación para el reciclaje de desechos eléctricos y electrónicos.
Este programa de cooperación entre la UE y el TABD es inquietante. El CEO constata: “La Comisión Europea se niega a ver que adaptar sus políticas reguladoras y de comercio internacional de acuerdo a las prioridades de las corporaciones está reñido con el progreso social y ambiental, y más que nada con la democratización de la toma de decisiones” [4].

Publicidad, patrocinio y lavado de imagen

Pensemos, para terminar, un instante sobre la influencia que tienen las corporaciones sobre nuestra vida cotidiana. En el ámbito social destaca la publicidad agresiva y el patrocinio de organizaciones de la sociedad civil, muchas veces en los sectores de educación y deporte. “Prácticamente ya no hay ningún espacio libre de publicidad” dice Jane Roberts, la presidenta de Media Joven de Australia [5]. Hasta en el Himalaya han dejado sus huellas las multinacionales. Coca-Cola ha sido condenado por la Corte Suprema de India por sus paneles pintados sobre las rocas en estas montañas [6].

Nos enfrentamos a una ola de publicidad cada vez más profesional, agresiva y omnipresente. En Australia se discutió el año pasado una limitación de la publicidad de alimentos, ya que se ve que el marketing de las cadenas de comida rápida, como McDonald’s, y sobre productos con altos contenidos de azúcar, como los cereales azucarados, gaseosas, etc., está cada vez más dirigido directamente a niñas y niños. Al mismo tiempo, el grado de obesidad infantil ha crecido muy rápido en los países ricos [7].

Por otro lado, los valores que algunas corporaciones transmiten con su patrocinio de iniciativas en el ámbito social o del medio ambiente en muchos casos entran en contradicción con sus operaciones en el mundo. En el Estado español, por ejemplo, Coca-Cola patrocina varias cátedras de Medio Ambiente, como la de la Universidad de Alcalá y de Granada, mientras está siendo criticada por grupos ecologistas y por las comunidades locales por sus operaciones en un país como India, o, aquí en España, por su prevista planta en Can Fenosa. En el estado de Kerala, en India, se ha denunciado el agotamiento de las aguas subterráneas en las cercanías de las plantas embotelladoras de Coca-Cola construidas en medio de tierras agrícolas [8]. La falta de agua ha afectado gravemente a la comunidad y un estudio reciente de la cadena inglesa BBC mostró que la misma planta está vendiendo residuos tóxicos de su planta como fertilizante y que éstos contienen niveles peligrosos de cadmio, un potente carcinógeno [9].

En este contexto, y teniendo en cuenta que el poder de las grandes corporaciones con sus marcas depende también de sus ventas, son importantes los derechos y deberes que tenemos como consumidoras y consumidores. En nuestro consumo tenemos derecho a una heramienta importante: la información, y debemos exigir esta información y transparencia en todo lo que concierne nuestro acto de compra. Hoy tenemos la opción de adquirir productos que no perjudiquen el medio ambiente y productos que conlleven condiciones laborales dignas. Como consumidores también tenemos responsabilidad social y medio ambiental.

¿Qué ofrece el Observatorio?
El Observatorio edita un boletín mensual y mantiene información actualizada en la página www.ideas.coop. El boletín, que es gratuito, incluye información sobre la estructura y funcionamiento de empresas o sectores, comportamiento corporativo, un listado de las marcas, informaciones sobre la rentabilidad económica (distribución de beneficios en la cadena, evasión de fiscalidad), su ética empresarial y responsabilidad social, y el poder e influencia de la empresa. Ofrece también una síntesis sobre la composición de los principales productos, tanto en el aspecto económico, social y ecológico como en el aspecto técnico (ingredientes y envases).

septiembre de 2017 :

agosto de 2017 | octubre de 2017



Visitantes conectados: 393