Otro PGOU en Alcalá es posible

La Sociedad Ecologista Alwadi-ira–Ecologistas en Acción, no quiere que el Ayuntamiento infle otra burbuja. Presentó 212 alegaciones al Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Alcalá en trámite, como alternativa para convertirlo en un Plan que considere los aspectos económicos, medioambientales y sociales de la Sostenibilidad. Desde Alwadi-ira no queremos más expansiones costosas e inútiles.

Proponemos crecer en calidad, llenando los innumerables huecos del suelo urbano, convirtiendo nuestras calles, plazas, colegios y espacios públicos, en lugares para la convivencia, el comercio, el ocio y la cultura.

Alcalá debe apostar activamente por un modelo de desarrollo productivo, armónico, solidario y sostenible, por el camino de la sensatez y en defensa del bien común. Si no lo hacen instituciones como el Ayuntamiento, los ciudadanos sí debemos hacerlo.

Tras 2.000 años de historia, Alcalá de Guadaira tiene 72.000 habitantes y unas 26.000 viviendas, de ellas 5.000 desocupadas. El nuevo PGOU que se quiere aprobar pretende en 8 años construir 27.000 viviendas, duplicar la población y recalificar suelo rústico por un 200% del actual suelo urbano, incluidos los polígonos industriales. Pretenden extender Alcalá hasta unirnos a Dos Hermanas y a las barriadas sevillanas de Torreblanca y Palmete; y a Montequinto. En sitios tan alejados, costear las infraestructuras de alcantarillado, agua, luz, vigilancia, jardinería, limpieza, recogida de basura, servicios, transporte público, y mantener todo eso requiere ingentes cantidades de dinero. Imposible e inabarcable.

Con estas enormes propuestas de crecimiento no se cumplen los máximos permitidos por el Plan de Ordenación Territorial de Andalucía (POTA) para el crecimiento de los habitantes y los suelos, fijado en un máximo crecimiento en 8 años del 30% de la población y un 40% del suelo. Ilegal.

Destruir un cuarto de millón de naranjos y frutales, sostener una maniobra especuladora recalificando el césped del campo de golf, cubrir de cemento y asfalto 4.000 hectáreas de suelos rústicos, construir más de 200 kilómetros de nuevas carreteras, varias grandes superficies de acceso obligado en coche, obligar al uso del coche para todos los asuntos cotidianos, mientras el centro de la ciudad se muere. Insostenible.

Insolidario. Promueve para hoy el derroche de suelo, energía, aire, agua, en detrimento de los habitantes futuros de Alcalá y del planeta.

Injusto. El nuevo PGOU reconoce que aún queda suelo para 10.400 viviendas del anterior PGOU de 1994. Tras 16 años aún queda por desarrollar un 80% del suelo que recalificaron en 1994. ¿Para qué seguir recalificando suelos?, o mejor aún, ¿para quién recalificar tanto suelo?.

Increíble. No se cumplirá esta enorme expansión alocada de Alcalá. Nadie lo cree posible. Nadie se lo cree. Pero si hay cosas que se cumplirán: las recalificaciones de suelos, la especulación con el campo de golf y los terrenos junto a Torreblanca, o junto a Sevilla, o junto a Montequinto, esto si se cumplirá. Los propietarios de estos suelos los verán recalificados. ¿A qué intereses sirve este PGOU?.

Imprudente y ciego. Con una crisis cuyos responsables han sido la avaricia de la banca, las arrolladoras aspiraciones a la riqueza de las inmobiliarias y las ambiciones o corrupciones de los ayuntamientos, insistir en volver a recorrer el mismo camino que nos ha metido en la crisis es una aberrante aspiración de intereses ajenos al interés común. Bastante daño han hecho ya.

Resulta cuando menos imprudente pretender que la actual crisis, desatada precisamente por la avaricia y la urbanización desmedida, tiene una salida en la repetición de esos mismos comportamientos.

Una de las cualidades de los humanos es su capacidad de aprender, por eso tenemos que decir con la claridad de las cosas vividas y sufridas, que presentar como propuesta de un nuevo PGOU para Alcalá, inflar otra burbuja inmobiliaria, ya no es ignorancia, sino torpeza.

Otro PGOU es posible.

En el fondo de nuestro desacuerdo con este PGOU late una profunda inquietud por reconocer que planes como éste conducen a un modelo de ciudad y de ciudadanos que no compartimos en absoluto.

Unas ciudades dispersas por el territorio, unas grandes superficies como lugar de encuentro, unas vías abarrotadas de vehículos conducidos por una sola persona, unas minorías diciéndonos que la guerra es la paz, que la corrupción es la vía natural a la riqueza, que ellos mandan y nosotros obedecemos, que las crisis las tenemos que pagar los de siempre, que la felicidad nace al consumir mucho, que el mundo de sus papeles y televisiones es más real que el que vemos con nuestros propios ojos, que se preocupan mucho de nosotros y que muy pronto todos seremos maravillosamente felices y comeremos perdices.

Pretendemos que las personas tengan vidas de calidad, ricas en experiencias, que sean críticas con los abusos y excesos de los poderosos, con las injusticias y la insolidaridad, con el recortado egoísmo de unos pocos que nos conducen a unos modos de vivir, de consumir, de relacionarnos, donde lo más noble de la Humanidad se aturde entre los inagotables estímulos de las grandes superficies y los malos humos de nuestra constante insatisfacción.




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