El oso pardo en Castilla y León

La Junta de Castilla y León de puertas afuera vende la imagen del oso como símbolo de calidad de nuestra tierra. Pero de puertas adentro abandera proyectos que pueden suponer la desaparición del plantígrado.

Ecologistas en Acción de Palencia. El Ecologista nº 58

El oso pardo (Ursus arctos) no pasa un buen momento en la conocida como subpoblación oriental de la Cordillera Cantábrica. No tenemos más que repasar la bibliografía y las hemerotecas de los últimos años para darnos cuenta que hacer esta valoración no es nada radical, como le gusta calificarla a algún prestigioso experto en el estudio de la especie.

Ubicando el terreno en el que se mueven la veintena de osos de la zona oriental cantábrica, comprobamos que las osas con crías se distribuyen íntegramente dentro de los límites del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina, un espacio de 78.107 hectáreas que consiguió esta catalogación en el año 2000.

Haciendo un inciso al respecto de la situación del Parque Natural, es necesario comentar que a día de hoy, después de 10 años de la aprobación del PORN (Plan Ordenación Recursos Naturales), no están ni tan siquiera redactados el PRUG (Plan Rector de Uso y Gestión), el Plan Turístico, ni el Plan de Mejoras, es decir, los planes que deberían ser el motor de desarrollo de esta comarca. Esta dejadez administrativa, tanto regional como municipal, ha motivado que los pocos vecinos que aún viven en la montaña palentina hayan visto como única vía de salvación la construcción de la polémica estación de esquí de San Glorio [1].

Recientemente se han publicado diferentes libros, estudios e informes sobre la situación del plantígrado. Todos ellos coinciden en la necesidad de mejorar la crítica situación de la especie en el sector oriental y de considerar como muy leve el repunte poblacional de esta subpoblación. Unos hacen mayor énfasis en la aplicación contundente de los planes de conservación [2], lo que conllevaría tomar medidas impopulares entre la población montañesa, y otros siguen reivindicando más de lo mismo [3], que les dejen hacer su trabajo para sacar sus conclusiones y sus libros.

Un cúmulo de problemas

Después de los 18 años que lleva en vigor el Decreto de Protección del Oso (cuya revisión lleva pendiente más de año y medio) no vemos motivos para hacer una valoración positiva sobre la gestión del oso en el Parque Natural. A los hechos nos remitimos: en 2001, un oso muerto por veneno en Triollo; 2005, oso muerto por veneno en Resoba y otro por disparos en Polentinos; 2007, un nuevo oso muerto por veneno en Polentinos y otro por “supuestas causas naturales” en Resoba; finalmente, en 2008, un osezno muerto por supuesto infanticidio en San Salvador de Cantamuda.

Además, están todos los casos de utilización de venenos que se suceden dentro del Parque Natural, y que sistemáticamente se intentan ocultar obviando el protocolo establecido en estos casos, para evitar dar una mala imagen.

En todos estos casos ni la Junta de Castilla y León ni la FOP (Fundación Oso Pardo) –con la que la Junta mantiene un convenio para hacer el seguimiento de la población ursina del Parque y otras actuaciones– se han personado como acusación particular para intentar al menos esclarecer las causas de las muertes. Esto ha provocado un sentimiento de impunidad entre ciertos sectores de la población, que han visto como “no pasa nada” si matas un oso, así que mucho menos si matas un lobo, un venado, un corzo, un rebeco o cualquier especie protegida que se cruce en el camino.

Esta ineficaz manera de gestionar un Parque Natural la podemos entender si revisamos la gestión de los dos estamentos que confluyen en este espacio, Parque Natural y Reserva Regional de Caza, y la conclusión es que están invertidas las prioridades. Efectivamente, priman los intereses cinegéticos y productivistas por encima de la conservación de especies y espacios, estando la gestión del Parque Natural supeditada a la Reserva de Caza. Además, la Reserva de Caza no cuenta con el Plan de Ordenación Cinegética, instrumento decenal obligatorio (irregularidad ésta que no se permite en los cotos privados de caza) lo que hace que su gestión sea opaca y ocultista.

Otro punto negro es la presión ejercida por los furtivos (a los que se les puede poner nombre) donde también cabe incluir a una parte de los celadores de la Reserva Regional de Caza que se encuentra dentro de los límites del Parque Natural.

También, en los últimos años se han creado cientos de kilómetros de pistas forestales dentro de este espacio natural, siempre bajo el pretexto de facilitar el acceso a los ganaderos de la comarca –por cierto una actividad en peligro de extinción– siendo los motivos cinegéticos la causa primordial de las nuevas vías, que son utilizadas indiscriminadamente de día y de noche con potentes focos.

Por si los kilómetros de pistas actuales fueran insuficientes, pende sobre el territorio protegido de Fuentes Carrionas la espada de las concentraciones parcelarias. Hay ocho previstas, una de las cuales ya está en ejecución. Algunos de los datos más destacados de estas actuaciones son: pretenden actuar sobre 56.538 hectáreas; la apertura de 617,5 km de nuevos caminos-pistas; apertura de otros 38,6 km lineales de actuaciones para el riego; un presupuesto de ejecución de más de 5 millones de euros para un total de 105 agricultores a título principal. Para maquillar estos escandalosos datos dentro de un espacio tan singular, los proyectos así como las respectivas evaluaciones de impacto se presentan por separado y no como una única intervención, fragmentando una grave actuación contra el medio ambiente que no pasaría los más mínimos controles ambientales [4].

Evitar la impunidad

Hemos tenido que ser algunos de los grupos ecologistas que trabajamos en la zona (Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, FAPAS, Ecologistas en Acción) los que con nuestros escasos medios hayamos emprendido una batalla judicial y mediática para intentar, ante todo, revertir una situación ya insoportable para la conservación del oso pardo en la subpoblación oriental.

La decisión de estos grupos ecologistas ha llevado a que los jueces de Cervera de Pisuerga hayan admitido nuestros recursos y se reabran los casos de los dos últimos osos muertos en 2007. Se trataba de casos cerrados después de seguir la inercia a la que estaban acostumbrados, archivando los casos a los pocos días de la aparición de los cadáveres o restos sin tener tan siquiera las pruebas (necropsias, análisis toxicológicos) que pudieran determinar la muerte de los osos.

Esta situación ha provocado varias actuaciones que ante todo implican que cuando aparece un oso muerto se investiga y se indaga para que desaparezca el sentimiento de impunidad. Así, con respecto al oso envenenado en agosto de 2007, a petición de Ecologistas en Acción de Palencia, el juez ha ordenado al Seprona la visita a aquellos establecimientos que pudieran ser puntos de venta del veneno (carbofurano) hallado en el cadáver.

Por otro lado, sobre los restos del oso aparecidos en diciembre de 2007 por una supuesta causa natural (golpe fronto-nasal, nunca antes documentado en el mundo) también Ecologistas en Acción ha conseguido que en el verano de 2008 pasen por los juzgados a declarar, como testigos, diferentes personas que participaban en una batida al jabalí donde aparecieron estos restos.

¿Es viable la subpoblación oriental de oso pardo?

Es evidente el cinismo de la Junta de Castilla y León, pues de puertas afuera vende la imagen del oso como símbolo de calidad de nuestra tierra, y de puertas adentro abandera proyectos que conducen hacia la desaparición del plantígrado, todo por un puñado de votos.

Por otro lado, recibimos fondos europeos por tener y mantener una especie en peligro de extinción. Por cierto, que estos ingresos no se han notado en una mejora del hábitat de la especie, sino más bien lo contrario, como tampoco en las condiciones de vida de la población montañesa que lleva siglos conviviendo con la especie.

Las valoraciones de los expertos coinciden en que estamos en el umbral de viabilidad genética para esta subpoblación de osos. Llegados a este punto sería bueno reflexionar, valorar los pros y los contras, y preguntar a la Consejería de Medio Ambiente si realmente tiene interés en mantener una población de oso pardo en la montaña palentina. Si la respuesta es afirmativa, es hora de ponerse a trabajar en serio para que este espacio no tenga solamente el nombre de Parque Natural sino que se gestione como tal.

Notas y referencias

1. Para permitir la estación de esquí se realizó una modificación del PORN, trámite que la Junta de Castilla y León preparó con tanta premura como errores, por lo que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León la ha declarado nula. Ver El Ecologista nº 57.

2. ANTHONY P. CLEVENGER, FRANCISCO J. PURROY: El Oso Pardo, un gigante acorralado. Ed. Edilesa.

3. G. PALOMERO Y OTROS: Demografía, distribución, genética y conservación del oso pardo en al cordillera cantábrica. Editorial Naturaleza y Parques Nacionales (MIMAM).

4. GEA (Gabinete de estudios ambientales): Incidencia de las concentraciones parcelarias en la evolución socioeconómica de los municipios del norte de Palencia. Fundación para la Defensa de la Cordillera Cantábrica.