El síndrome del edificio enfermo

Se conoce como síndrome del edificio enfermo a un conjunto de sintomatologías y enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en los espacios cerrados, pero que también se puede ver agravado por las condiciones de estrés propias del trabajo, el uso de materiales sintéticos o la electricidad estática. Curiosamente, con frecuencia es uno de los efectos de los llamados edificios ‘inteligentes’ o muy tecnificados.

Laura Mundemurra Benedetti, Técnica en Seguridad y Salud en el Trabajo. El Ecologista nº 56

Una oficina, despacho o espacio de trabajo moderno, provisto de aire acondicionado y calefacción, debería ser un sitio saludable para trabajar. Pero algunos de estos edificios, en ocasiones premiados por sus modernas instalaciones, compactos, herméticamente cerrados, dotados de mobiliario propio del siglo XXI, generan innumerables quejas y síntomas en los trabajadores y trabajadoras que los habitan día tras día. Estos síntomas genéricamente se agrupan bajo el nombre de síndrome del edificio enfermo.

A menudo ocurre que una vez que las personas se trasladan a un nuevo edificio comienzan las quejas de que el lugar les enferma. Este síndrome está afectando a miles de personas trabajadoras en el mundo, y hasta el momento no se ha podido averiguar la causa o al menos determinar con exactitud el origen de estos síntomas. Pero de lo que sí podemos estar seguros es de que tiene una relación clara con la mala calidad del aire interior. También se conoce que no es un factor aislado del conjunto de la organización del trabajo y, por tanto, no es fruto de la casualidad.

Los síntomas más frecuentes son relativamente suaves, como sensación de cansancio o letargo, dolores de cabeza, sequedad de ojos, presión en el pecho, ojos llorosos, nariz taponada, garganta seca, sequedad cutánea, náuseas y mareos. Síntomas que por falta de atención pueden derivar en enfermedades por hipersensibilidad, infecciosas o de origen químico y/o físico. Con frecuencia estos síntomas señalados sólo sobrevienen en el lugar de trabajo, y mejoran horas después de abandonarlo, pudiendo desaparecer totalmente en los periodos de vacaciones. También varían según el tipo de edificio.

Hay edificios que nacen enfermos y hay otros que enferman como consecuencia de proyectos de remodelación, reconstrucción o desidia de aquellos que, con responsabilidad de velar por el control y la protección de la salud pública de los ciudadanos, no ejercen la labor de control específica que les compete.

La ventilación es clave

Según las últimas investigaciones [1], las características de los sistemas de ventilación en los edificios son la causa de alguno de los síntomas que padecen las personas con el síndrome del edificio enfermo. En aquellos edificios en los que las ventanas se pueden abrir y que están naturalmente ventilados, donde la presión del viento exterior hace que el aire circule, es menor la incidencia de estos síntomas.

Por el contrario, aquellos con ventanas herméticas en los que el aire que se introduce al edificio lo hace a través de un dispositivo centralizado y que luego lo distribuye por conductos que desembocan en las distintas áreas, potencian un mayor grado de recirculación de aire. Este aire, que en ocasiones circula sin renovarse una y otra vez, acumula microorganismos, se contamina con óxido depositado en las áreas de distribución, gases químicos, bacterias, humos, polvo, moho, hongos, insectos y escombros del interior de las paredes.

Pero no todos los edificios con aire acondicionado tienen problemas. El fracaso en estos ejemplos está motivado por un sistema que no ha sido adecuadamente instalado, por un modelo que fue alterado para adecuarse al diseño del edificio, por cambios producidos al ocuparlo donde a veces las entradas y salidas de aire se cubren con techos falsos, por la distribución de mayor cantidad de personas en sitios no adecuados, o por la ubicación del mobiliario en zonas donde no debería estar según la ergonomía de diseño.

¿Existen otras formas de contaminación interior?

Las oficinas modernas están llenas de materiales sintéticos, plásticos, acero inoxidable, cerámicas, materiales textiles, productos de limpieza, pegamentos, disolventes, etc. La sensibilidad ante estas diversas sustancias químicas es hoy un problema para muchas personas, que reaccionan de forma diferente ante las concentraciones de los distintos componentes, dando en ocasiones como resultado que sus sistemas inmunológicos se vean alterados por la exposición a contaminantes de bajo nivel, generándoles múltiples trastornos.

Pero la sola presencia de estos contaminantes no explica los síntomas. El conjunto de factores presentes en el lugar de trabajo –como la carga de trabajo, la falta de control sobre el mismo, el ambiente térmico, las condiciones de iluminación, las condiciones acústicas, y la propia naturaleza del trabajo– también determinan cómo y cuándo enfermamos.

En marzo de 2007, la prensa [2] se hizo eco de una nueva sintomatología acaecida en uno de los edificios de reciente construcción, el de Gas Natural en Barcelona. Los titulares mencionaban una dolencia conocida como lipoatrofia semicircular. La literatura médica la describe como una enfermedad cuya manifestación clínica consiste en la atrofia de una zona semicircular del tejido subcutáneo graso fino, situado sobre todo en el frente de los muslos. Esta enfermedad fue relacionada con el estado de los edificios, por primera vez en Alemania en el año 1974 [3]. A partir de esta fecha son varios los países que han investigado sobre el tema y que han aportado datos relevantes para abordar la prevención y el control de las personas expuestas.

Desde la aparición de los primeros síntomas hasta la fecha de hoy, se han sumado otros casos como el de las torres de La Caixa, el edificio Agbar, el Servicio de Emergencias Médicas (SEM), todos ellos en Barcelona, aunque hay ejemplos en otras ciudades. Los especialistas afirman que la lipoatrofia semicircular se da cuando en los espacios de trabajo coinciden varios factores a la vez: presencia de electricidad estática, bajo nivel de humedad en el ambiente y muebles con elementos metálicos que conducen esa electricidad.

Recientemente, la Generalitat de Catalunya ha aprobado un protocolo de actuación ante los casos de lipoatrofia dirigido a empresas y mutuas [4], pero esta enfermedad no podrá ser reconocida como enfermedad profesional por no aparecer en la lista de enfermedades profesionales aprobada recientemente por el Real Decreto 1299/2006 de 10 de noviembre. Tendrá por tanto el tratamiento de accidente de trabajo a los efectos del registro y abordaje de las medidas de prevención correspondientes.

¿Es posible recuperar un edificio? ¿Es posible diseñar un edificio que no genere este tipo de riesgos? Identificar los problemas y riesgos nos permite reconocer una inadecuada planificación como una de las causas del origen de este síndrome, las consecuencias de la mala concepción de las instalaciones o de un insuficiente estudio de la organización del trabajo y de las personas que forman parte del mismo.

Los riesgos y los daños ocasionados por estas condiciones de trabajo son conocidas y existe información e investigación basada en criterios científico-técnicos. La legislación europea en salud laboral y medio ambiente establece que los empresarios deberán garantizar la vigilancia específica de la salud, así como informar, formar, consultar y hacer participar a todas las personas que trabajan en sus empresas de las evaluaciones de riesgos.

En definitiva, es necesario hacer que la salud prevalezca por encima de los otros intereses materiales o económicos de empresas y gobiernos. En el asunto de la prevención de riesgos laborales y del medio ambiente debemos creer en la práctica científica y no confundir lo imprevisible con la falta de previsión. El bienestar de las ciudadanas y ciudadanos es un derecho inalienable, y es nuestra obligación hacer que las administraciones cumplan con su deber de control y de exigencia frente a este tipo de riesgos.

Notas y referencias:
- INSHT - Documentos divulgativos: El síndrome del edificio enfermo. Metodología de evaluación.