Vivienda y cambio climático

El sector de la vivienda es uno de los más insostenibles en España. La mejor medida contra el cambio climático sería dejar de construir en tanto no se aprovechen todas las viviendas vacías. Pero, entre tanto, caben una gran cantidad de acciones tanto para reducir las emisiones de gases invernadero como para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

Emilio Ganado, arquitecto, Ecologistas en Acción de Valladolid. El Ecologista nº 54

Es de sobra conocido el disparatado proceso de urbanización que se viene llevando a cabo en España, en particular durante los últimos 5 años, y que tiene lugar sobre todo en el litoral mediterráneo, en el entorno de las grandes ciudades y en el litoral cantábrico. Los datos hablan por sí solos:
- Entre 1987 y 2000 la superficie de territorio urbanizado supuso el 29% del ya existente. Y se estima que en el año 2005 pudo superar el 41% y que en el año 2010 podría llegar a superar el 52% [1].
- En los últimos 10 años se han construido 5 millones de viviendas, con ritmos anuales que empezaron siendo de 350.000 viviendas al año y que acabaron siendo de 800.000 viviendas anuales [2]. Más viviendas que las que se construyeron conjuntamente en Alemania, Inglaterra y Francia.

Sin olvidar todas las infraestructuras necesarias que han sido construidas para dar servicio a esos nuevos desarrollos urbanos.

Un proceso que, además de no servir para cubrir necesidades reales de vivienda –por tratarse sobre todo de segundas residencias para nacionales y extranjeros, mientras muchos jóvenes siguen sin poder acceder a una vivienda–, se ha llevado a cabo sobre la base de modelos urbanísticos de baja densidad, los más ineficientes desde todos los puntos de vista, y que suponen un coste ambiental difícilmente asumible. Algunos autores estiman que en España se emplean en el sector residencial más del 40% de los recursos materiales y el 33% de la energía, y que supone el 50% de las emisiones y desechos generados.

El problema se ve agravado al comprobarse cómo el consumo de energía por vivienda aumenta año tras año, un 5,2% anual desde el año 2000 según el IDAE, Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, fruto de una mayor disponibilidad de renta en las familias. Aún no se alcanzan los niveles que se registran en otros países de la Unión Europea, con mayores consumos energéticos en calefacción y mayores niveles de equipamiento doméstico, pero la tendencia es la de seguir aumentando. En cuanto a los usos domésticos en los que se consume la energía, según el IDAE en 2003 se distribuyó en: un 41,7% en calefacción, un 26,2% en agua caliente sanitaria, un 12% en electrodomésticos, un 10,8% en cocina, un 9% en iluminación y un 0,4% en aire acondicionado. Éste último es el responsable de los picos de potencia consumida que se registran en verano en los últimos años.

Resulta evidente que desde el sector residencial poco o nada se ha hecho para paliar los efectos del cambio climático y para cumplir los compromisos adquiridos por nuestro país para la reducción de gases de efecto invernadero.

Efecto del Código Técnico de la Edificación

Desde marzo de 2007 todo edificio ha de proyectarse y construirse conforme al Código Técnico de la Edificación (CTE), un conjunto de Normas o Documentos Básicos diseñados con el objetivo declarado de garantizar en los edificios la seguridad de las personas, el bienestar de la sociedad y la protección del medio ambiente. Resulta llamativo que el CTE entre en vigor ahora que el fenómeno edificatorio anteriormente descrito parece ralentizarse, en lugar de haberlo hecho en el plazo máximo de dos años que preveía la Ley de Ordenación de la Edificación, en vigor desde mayo de 2000. De haberlo hecho en ese plazo habría contribuido a mejorar la calidad y las condiciones de habitabilidad de buena parte de las viviendas construidas en los últimos años.

Uno de los Documentos Básicos del CTE es el HE-Ahorro de Energía, cuyo objetivo es “conseguir un uso racional de la energía necesaria para la utilización de los edificios, reduciendo a límites sostenibles su consumo, y conseguir así mismo que una parte de este consumo proceda de fuentes de energía renovable”, para lo cual:
- Establece una serie de prescripciones para mejorar la calidad energética de los cerramientos exteriores de los edificios (cubierta, fachadas, suelo...). Para ello impone mayores niveles de aislamiento que la normativa anterior [3], tanto en partes ciegas como en partes acristaladas; y obliga a establecer mecanismos para el sombreamiento de los huecos. Recursos que servirán para reducir las pérdidas de calor en invierno y las ganancias indeseadas de calor en verano.
- Obliga a instalar paneles solares térmicos como apoyo a las instalaciones de agua caliente sanitaria.
- Y establece medidas para una mayor eficiencia energética en iluminación y en instalaciones de producción de calor.

En principio se puede afirmar que el CTE va a contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático en la medida en que va a servir para mejorar la eficiencia energética de los edificios. Se estima que con su aplicación el consumo energético de los edificios será un 25% menor que si se aplicara la normativa anterior. Seguramente esa reducción es insuficiente y habría sido mayor si:
- Los niveles de aislamiento exigidos en cerramientos fueran mayores.
- Se hubiesen contemplado otros recursos bioclimáticos igualmente efectivos como son los sistemas de captación solar pasivos integrados en el propio edificio que servirían para, aumentando la ganancia solar en invierno, reducir el consumo de energía en calefacción; o la inercia térmica de la propia masa constructiva del edifico, para mejor acumular y regular la energía, tanto en invierno como en verano.
- Se hubiesen contemplado otros recursos destinados a reducir la ganancia solar en verano: ventilación cruzada, dispositivos de sombra... recursos que ante el aumento de temperaturas derivado del cambio climático, servirán para reducir la necesidad de aire acondicionado.
- Hubiera hecho obligatoria la rehabilitación energética a más edificios ya construidos (sólo es exigible su aplicación en edificios de más de 1.000 m2 de superficie útil, cuando vayan a ser reformados).

Pero hay que tener en cuenta que son muchos los elementos en un edificio que se verán afectados de una sola vez por el conjunto de disposiciones que comprende el CTE, y que el sector de la edificación es sumamente complejo y presenta una gran inercia, haciendo los cambios difíciles y lentos. No es casual que el sector esté bastante revuelto por todo lo que supone en nuevo Código. Y hay muchas cuestiones que no dependen del CTE como la construcción de nuevas viviendas (a pesar del gran número de ellas que hoy están vacías), su tamaño (son cada vez más grandes), el modelo urbano imperante de baja densidad, el mayor equipamiento en electrodomésticos de las viviendas, el uso que de ellos hagan sus ocupantes... Además, el CTE es abierto, es decir, permite su revisión continuada para incorporar mayores exigencias.

Recursos para paliar los efectos del cambio climático

Sin entrar a valorar el que seguramente sea el recurso más efectivo para contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto de invernadero desde el sector residencial, dejar de construir viviendas hasta que no se aprovechen las viviendas vacías, en un artículo anterior [4] ya enuncié un conjunto de recursos para el ahorro de energía en las viviendas, mediante:
- Un diseño urbano que permita una densidad urbana alta, el acceso al sol en invierno y la ventilación natural en verano.
- Un diseño del espacio público que en verano favorezca la refrigeración y reduzca la absorción de la radiación solar, mediante el empleo de vegetación, agua, materiales con acabados superficiales claros.
- Un diseño de la forma y de la organización espacial de los edificios que busque una alta compacidad, mejorar la exposición al sol en invierno, y unas buenas condiciones de ventilación.
- El empleo en los cerramientos exteriores de los edificios de materiales y soluciones constructivas que supongan mayores niveles de resistencia y de inercia térmica.
- El empleo de sistemas de captación solar pasiva y activa, integrados en los edificios.
- El empleo de tecnologías de mayor eficiencia energética en la producción y distribución de calor, en la iluminación, en los electrodomésticos...

Se trata de un conjunto de recursos a aplicar en edificios situados en el interior de la Península Ibérica, con clima mediterráneo continental, que buscan dos objetivos: reducir las pérdidas de calor y aumentar la ganancia solar en invierno y reducir las necesidades de refrigeración en verano. En el resto del territorio peninsular y en las islas, con un clima mucho más suave, con necesidades de calefacción menores o inexistentes, sigue siendo necesario obtener una buena ganancia solar en invierno, reducir o anular esta ganancia solar en las estaciones intermedias y, protegerse al máximo del sol en la temporada de verano.

Las proyecciones climáticas que se hacen para nuestro país, ante el cambio climático, coinciden en que se producirá un aumento de temperaturas a lo largo del presente siglo, aunque no de forma homogénea. En el interior peninsular se prevén incrementos de temperatura de 2 a 4ºC en invierno, y de 4 a 7ºC en verano. Por lo que habrá que seguir aplicando todos aquellos recursos mencionados; y será cada vez más importante aplicar recursos para la protección solar en la época de sobrecalentamiento, que será cada vez más larga. En la periferia peninsular y en las Islas Baleares el influjo del mar hará que las variaciones no tengan tanta amplitud, unos 2ºC menos. Por lo que seguirán siendo válidos los recursos para la protección solar.

Por ello habrá que prodigarse más en aquellas soluciones que sirvan para evitar la ganancia solar o disipar la energía recibida en la época sobrecalentada, en el urbanismo y en la edificación, dando cada vez más relevancia a soluciones arquitectónicas como:
- Dispositivos de sombreamiento de los huecos acristalados.
- Soluciones constructivas trans-ventiladas en cerramientos expuestos al sol, que permitan disipar el calor recibido de éste.
- Mejor aprovechamiento de la inercia térmica de la masa constructiva de los edificios.
- Favorecer la ventilación en el interior de los edificios, para disipar calor.
- Emplear la vegetación para refrescar los ambientes.
- Emplear la energía solar térmica para la refrigeración de los edificios, mediante máquinas de absorción.