Iberdrola se maquilla de verde

Los esfuerzos de una de las grandes eléctricas por lavar su imagen ambiental

A las empresas no les gusta que les digan que se maquillan de verde. Conocedoras de que la sociedad de los países ricos es cada vez más consciente de los problemas ambientales y de que una reputación de dañinas para el medio puede repercutir en una merma de sus beneficios, proclaman una y cien veces su responsabilidad corporativa con el medio ambiente y se defienden de las críticas ecologistas. Señalan que hacen lo posible (y un poco más) para preservar el medio y que si no se les reconoce es por ignorancia o mala fe. Acusan al ecologismo de ser un movimiento antisistema que no puede reconocer los avances porque perdería su razón de ser. Cuando los ponentes han aprovechado bien los cursos de adaptación a la nueva imagen corporativa llegan incluso a aceptar cierto retraso en entender la importancia de los asuntos ambientales… pero que ahora sí que hacen esfuerzos reales e inversiones para evitar los daños.

Ladislao Martínez, Ecologistas en Acción

Iberdrola es, dentro del sector eléctrico, la empresa que más ha intentado cultivar una imagen verde, lo que no puede dejar de sorprender conociendo sus orígenes. Iberdrola es el producto de la fusión de Iberduero, tradicionalmente vinculado a la oligarquía vasca y a los bancos que se fusionaron para dar origen al BBV [1], y de Hidroeléctrica Española históricamente controlada por la Familia Oriol que fue uno de los pilares del franquismo y siempre próxima a la más rancia derecha. Tras aparecer en diversas quinielas de fusiones y OPAs siempre frustradas, llegó a la dirección Ignacio Galán [2] que insufló nuevos aires a la compañía. En ese momento Iberdrola no se había apenas adentrado en áreas de negocio del sector servicios (sobre todo telefonía), ni se había lanzado a conquistar las américas, lo que la diferenciaba del resto de las grandes del sector. Por lo mismo su nivel de deuda, a la sazón punto débil del sector, era sorprendentemente bajo, lo que le permitía una política ambiciosa de nuevas inversiones en el sistema peninsular en los primeros años del siglo actual.

La eléctrica más verde

Aunque lo cierto es que en ese momento no existía mucho donde elegir [3], Iberdrola se lanzó a un vigoroso proceso de inversión en centrales de gas en ciclo combinado (cuando se escriben estas notas dispone de 4.800 MW de potencia instalada de esta tecnología y una pléyade de proyectos en distintas etapas por toda la península) y construyó o adquirió parques eólicos hasta convertirse, con cerca de 4.000 MW, en la primera eléctrica del mundo en esta tecnología. Algo que repite orgullosa siempre que tiene ocasión.

Esa decisión, junto al hecho de que el grueso de sus activos de generación eran centrales nucleares o grupos hidroeléctricos, la convertían en la compañía eléctrica que menos CO2 emitía por unidad energética producida. A partir de este hecho cierto, Iberdrola diseñó una audaz campaña tendente a presentarse como la compañía eléctrica más verde. Para ello no dudó en romper el tradicional consenso de la patronal eléctrica (UNESA) en lo relativo al cumplimiento de los compromisos de Kioto. Frente al resto del sector tradicional (Endesa, Unión-Fenosa, Hidrocantábrico y Viesgo) se declaró firme partidaria de hacer esfuerzos para cumplirlo, e incluso fue más allá de la propuesta gubernamental a la hora de pedir que su sector dispusiese de menos derechos de emisión, ya que existían posibilidades técnicas para ello. Aunque evidentemente movida por el interés, Iberdrola tuvo un papel muy importante a la hora de conseguir que el Plan Nacional de Asignación de Derechos de Emisión fuera menos malo.

Deseando cambiar su imagen, Iberdrola lanzó además una agresiva campaña publicitaria de su electricidad verde en la que más que esperar obtener grandes beneficios económicos aspiraba a mejorar la imagen pública de la empresa. El hecho de que la Comisión Nacional de la Energía la amonestara por dicha campaña tampoco es especialmente representativo ya es un organismo que sigue dudando si medio ambiente se escribe con o sin “h” [4]. Es cierto no obstante que la campaña inducía a creer que consumir mucha electricidad verde contribuía a preservar el medio ambiente. Una verdadera aberración [5].

Pero son muchos los datos que apuntan a que aunque la mona se vista de seda... El cambio nunca llevó a Iberdrola a poner en cuestión la energía nuclear, en la que su participación es muy alta. Apoyo que no se limitó a mantener centrales tan antiguas y obsoletas como Santa María de Garoña [6]. Animados por un clima que juzgan propicio, con continuas declaraciones de diversos líderes políticos europeos a favor de la misma, Iberdrola se mostró recientemente dispuesta a construir centrales nucleares [7], sin precisar si pensaba pintarlas de verde para no dañar su nueva imagen. Nótese que ya no se habla de una herencia del pasado a la que no se renuncia por cierto pragmatismo; se trata de que en el futuro quiere hacerse lo mismo.

Otro gesto no menos simbólico se produjo con motivo de la ajetreada OPA sobre Endesa. Iberdrola había llegado a un compromiso con Gas Natural para adquirir algunos de los activos de los que debía desprenderse. En concreto 2.600 MW en Italia, 2.600 en Francia y cantidades menores en Polonia y Turquía. Además de todo el mercado de Endesa en Baleares [8], la central de Foix y las mayores centrales de carbón de Endesa: As Pontes (1.500 MW) y Teruel (1.100). La empresa que teóricamente prescindía del carbón por su contribución al cambio climático, apostaba por comprar las centrales más emblemáticas de dicho combustible a la primera oportunidad.

A resaltar también que la responsabilidad ambiental no ha hecho a Iberdrola especialmente sensible a la hora de enfrentar la oposición social a ciertos proyectos. En todos los sitios en que preveía centrales de gas en ciclo combinado, se ha empleado con especial virulencia contra la oposición ecologista y vecinal que se ha desarrollado. Muy especial es caso de Arcos de la Frontera, uno de los enclaves en los que ha habido mayor lucha social. Iberdrola adquirió el proyecto de la moribunda Enron (1.200 MW) y de Nueva Generadora del Sur (400 MW) para construir un macroproyecto de 1.600 MW con todo tipo de irregularidades legales de por medio. La movilización social provocó un cambio electoral en el ayuntamiento, con una coalición del PSOE e IU sustituyendo a un alcalde del PP [9]. Los triunfadores electorales habían hecho de la oposición a las térmicas uno de los elementos de su campaña, pero Iberdrola consiguió atraer hacia el realismo al PSOE y continuar adelante con el proyecto. El equipo municipal se rompió, en buena medida por el cambio de posición del PSOE y la firmeza en el rechazo de IU.

Cerca del poder

Que el compromiso ambiental flaquea se percibe incluso en su cortijo de Castilla-La Mancha. Pese a que la relación con el Gobierno regional es estrechísima [10], la eléctrica recurrió las tibias exigencias que la Consejería le fijó en la autorización ambiental integrada de la ampliación de Aceca. Estas autorizaciones las deben conceder los gobiernos regionales en virtud de la ley de prevención integrada de la contaminación (16/2002) y la aspiración de las eléctricas (verdes o no) es que sea un mero trámite carente de valor. Que no tiene por que serlo lo prueba el hecho de que el Gobierno de Extremadura acaba de parar un proyecto de central térmica en Alange en dicho trámite acogiéndose al incumplimiento del RAMINP [11]. La promotora era también Iberdrola.

Más ajustado a los hechos es que Iberdrola ha mostrado una tremenda capacidad de adaptarse a los cambios de Gobierno. Con los anteriores del PP tuvo notable influencia a través de personas tan destacadas como Benigno Blanco, que llegó a ser Secretario de Estado [12]. La llegada al gobierno del PSOE provocó un brusco giro y vía su apoyo a los planes de reducción de emisión de gases de invernadero, su buena relación con barones regionales del PSOE y su apoyo indirecto a la OPA de Gas Natural sobre Endesa, hoy vive una luna de miel con los que ahora poseen más poder. El permiso para que funcionen simultáneamente las viejas instalaciones de Aceca y su nuevo grupo [13], de una ilegalidad clamorosa, es una prueba fehaciente.

Expuestos los hechos queda a juicio del lector establecer si el cambio al verde es real o cosmético. Sólo una matización final: querer cambiar el sistema, como es mi caso y el de muchos ecologistas, no nos incapacita para juzgar transformaciones.