Especies invasoras en el Mediterráneo

El Mediterráneo está sufriendo un gran cambio en su ecología debido a diversos motivos. Una de las mayores amenazas es la provocada por el aumento de especies exóticas. Las vías de ingreso de dichas especies al mar Mediterráneo son varias, y la situación es cada vez más preocupante.

Elvira Espinosa, licenciada en Ciencias del Mar y en Ciencias Ambientales. El Ecologista nº 62

El mar Mediterráneo es el mayor mar interior del mundo. Se localiza en las zonas templada y subtropical. Su temperatura varía según la estación del año: 21-28º en verano, 10-15º en invierno y una media constante de 13º (a los 100-200 m). No obstante en las últimas décadas se ha visto un aumento de la temperatura de sus aguas, llegando hasta los 30ºC en algunos puntos, debido principalmente al calentamiento global. El aumento de la temperatura va ligado al aumento de la salinidad, y el mar Mediterráneo es más salado que la media de salinidad mundial.

El Mediterráneo, por sus características de mar semi-cerrado, renueva sus aguas mucho menos que otros océanos o mares abiertos, siendo la tasa de renovación de sus aguas de 90 años. Actualmente este mar se encuentra amenazado por diversos motivos. La contaminación, tanto desde tierra –vertidos provenientes de depuradoras, emisarios submarinos y vertidos incontrolados– como proveniente de buques –la limpieza de sentinas a pocas millas de la costa–. La sobrepesca, la pesca de arrastre y los dragados también hacen que la configuración del Mediterráneo se vea alterada.

A estos problemas, hay que sumar la masificación de la costa y las prácticas de algunos tipos de acuicultura. Pero la invasión de especies es un fenómeno que cada vez cobra más importancia en este mar.

Ingreso e invasión de especies exóticas

Las especies invasoras son causa directa del 39% de las extinciones conocidas, siendo, después de la pérdida del hábitat, la segunda amenaza para los endemismos. Lo primero a tener claro es la diferencia entre especie exótica e invasora. Mientras que la primera indica mera presencia, la invasora supone además el desplazamiento de otras especies, alterando el funcionamiento de los ecosistemas y originando una amenaza directa para la biodiversidad. Los impactos de las especies invasoras son inmensos, y generalmente irreversibles. A escala global, es posible que sean más perjudiciales para las especies y los ecosistemas que la pérdida y deterioro del hábitat. Las invasiones biológicas ocasionan además serios perjuicios económicos, que van desde la pérdida de ingresos hasta los altos costes que exige su control.

Las causas del ingreso de especies exóticas (que son potenciales especies invasoras) al Mediterráneo son principalmente: el canal de Suez, el calentamiento global, las aguas de lastre (aguas usadas para mantener el equilibrio de la flotabilidad de los barcos mercantes), la acuicultura y la presa de Asuán en el Nilo.

Desde que en 1869 se construyera el Canal de Suez, más de 300 especies procedentes del Mar Rojo se han adentrado en el Mediterráneo. Este tipo de ingreso se denomina migración lessepsiana (por F. de Lesseps, el ingeniero y diplomático francés que promovió el corte del canal). Un caso de migración es el de la medusa Rhopilema nomadica, natural del Mar Rojo, que en la actualidad cuenta con amplias colonias en el sudeste del Mediterráneo. Estas medusas son tóxicas y afectan de forma grave a la pesca y al turismo.

Otro ejemplo de migración lessepsiana lo encontramos en el pez invasor Siganus luridus: desde su primer registro en 1955 en Israel, se han visto individuos en numerosos puntos del Mediterráneo. Estos invasores han generado cambios notables en las comunidades nativas, especialmente en la zona oriental de la cuenca. S. luridus se suele alimentar de lo mismo que dos especies nativas de peces, Sarpa salpa (salpa) y Sparisoma cretense (vieja colorada), lo que implica el solapamiento de nicho y la alteración del ecosistema. Además, esta especie tiene un gran potencial para usar los recursos tróficos locales, lo que le facilita una adaptación rápida en nuevos territorios.

Más de 200 especies de corales, gorgonias y anémonas viven en el Mediterráneo. Pese a que la mayoría de los corales formadores de arrecifes desaparecieron del Mediterráneo hace más de cinco millones de años, algunas especies han sobrevivido hasta la actualidad, como la madrépora mediterránea (Cladocora caespitosa), precisamente una de las especies ahora más amenazadas.

Los corales son extremadamente sensibles a cambios en la temperatura, pues un pequeño incremento de la misma puede causar un masivo emblanquecimiento. Este proceso ocurre cuando los pólipos del coral, estresados por el calor o por la radiación ultravioleta, expulsan el alga simbiótica que vive en los tejidos del coral. Entonces, el coral se torna blanco y parece desteñido. Estas algas proveen al coral de la mayoría de su alimento y oxígeno. De las 18 enfermedades detectadas en corales de todo el mundo dos de ellas se dan en el Mediterráneo: el blanqueamiento por la bacteria Vibrio shiloi y el síndrome fungo-protozoico. Al blanquearse el coral, se hace más vulnerable, lo que facilita que otra especie (a menudo exótica) colonice su nicho. Esto explica que el aumento de la temperatura esté facilitando el asentamiento de especies exóticas potencialmente invasoras.

El masivo tráfico marítimo en un mar semi-cerrado hace que las aguas de lastre de los grandes buques supongan un riesgo. Un ejemplo de desplazamiento de especies por aguas de lastre lo encontramos con los arrecifes de madrépora mediterránea (Cladocora caespitosa) de gran valor ecológico (de ellos dependen más de 200 especies), pero que son desplazados por el coral invasor Oculina patagonica.

Especial mención merece Posidonia oceanica, planta marina que se está viendo desplazada por competencia del sustrato por Caulerpa racemosa, alga de origen tropical que durante la última década se ha expandido a lo largo de la costa mediterránea occidental, colonizando los hábitats bentónicos (asociados al fondo marino) autóctonos. Su carácter invasor es más marcado que la conocida Caulerpa taxifolia, que llegó al Mediterráneo a mediados de la década de 1980, tras ser desechada por un desagüe del acuario de Mónaco.

Desde principios del siglo XX, el número de especies introducidas en el Mediterráneo se ha duplicado cada 20 años y en la actualidad existen unas 450 especies exóticas. La clasificación taxonómica de las especies alóctonas muestra la siguiente distribución: 34% moluscos, 17% artrópodos, 16% cordados, 11% algas y 8% anélidos.

La factura económica que hay que pagar a causa de las plagas asciende a miles de millones de euros al año. Directamente, las especies invasoras pueden acarrear prohibiciones de venta de determinados productos infestados, pérdidas en la industria pesquera al disminuir la captura, e indirectamente influyen en aspectos como la disminución del turismo, además de ser un peligro para la salud humana.

No obstante, se pueden tomar una serie de medidas para mitigar la inclusión de especies exóticas en el mar Mediterráneo.

Evitar el ingreso de especies exóticas

Las medidas para reducir las invasiones biológicas y los impactos ecológicos y económicos que representan, deben pasar por estudiar detalladamente todas las vías y mecanismos de introducción y tomar las medidas necesarias para reducir el número e intensidad de dichas introducciones.

Para ello es vital reformar totalmente la gestión actual (o su práctica ausencia) de la pesca deportiva, prohibir la pesca de arrastre, prohibir la introducción y comercialización de especies que sabemos que son invasoras en regiones climáticas similares y potenciar la vigilancia aduanera en las materias de tráfico de especies de flora y fauna. También, aumentar las actuaciones de prevención y los controles en las instalaciones de granjas y exigir limitaciones en el comercio de especies exóticas. Además, es necesario establecer mayores controles de frontera y cuarentena, cumplir lo acordado en la Convención Internacional sobre el Control y Gestión del Agua de Lastre (con la esterilización y tratamiento del agua) y Sedimentos de los Buques, así como establecer unos protocolos de vaciado de las aguas de lastre en travesías transoceánicas para minimizar las probabilidades de introducción de especies. También se debe facilitar el intercambio de información actualizada sobre la situación de las especies invasoras entre los organismos responsables.

Pero para ello, se tienen que aumentar los recursos económicos y humanos que se dedican a investigar, gestionar y divulgar esta problemática, siendo necesario educar al público en general y en especial a los sectores socioeconómicos más directamente involucrados. Se deben aplicar los principios ambientales de “quién contamina paga” de “prevención” y de “precaución medioambiental o de cautela”, tal y como establece el artículo 174.2 de Tratado de la UE.

Por otro lado, si tratamos de erradicar una especie invasora, debemos de hacerlo únicamente cuando sea ecológicamente viable y cuando se tenga el apoyo tanto político como financiero para proceder a su completa erradicación, así como el apoyo de la sociedad, conseguido a través de la información.

Sabemos que las especies invasoras son y serán un enorme problema ambiental del mundo globalizado del siglo XXI, pero existen muchas posibilidades de gestión para mitigarlo que debemos poner en práctica cuanto antes.

Bibliografía:

- N. STREFTARIS, A. ZENETOS: Alien Marine Species in the Mediterranean - the 100 ‘Worst Invasives’ and their Impact.
- R. RODOLFO-METALPA y otros: Growth and photosynthesis of two Mediterranean corals, Cladocora caespitosa and Oculina patagonica, under normal and elevated temperatures.
- INSTITUTO ESPAÑOL DE OCEANOGRAFÍA. Los retos del Mar.
- M. FINE, y otros: Oculina patagonica: a non-lessepian scleractinian coral invading the Mediterranean Sea.
- UICN, Especies Exóticas Invasoras, Recomendaciones.
- http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article2742
- http://www.hidritec.com/doc-lastre1.htm
- http://www.ciesm.org/atlas/appendix1.html




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