Libélulas de montaña

Cuatro especies de libélulas ligadas a hábitats acuáticos de montaña se encuentran amenazadas en la Península Ibérica, debido a lo fragmentado de su distribución, a la pérdida de su hábitat y al cambio climático.

Antonio Torralba-Burrial, Dpto. Biología de Organismos y Sistemas, Universidad de Oviedo. El Ecologista nº 62

Las libélulas, por su conspicua coloración, tamaño y costumbres, han dejado su impronta en diversas manifestaciones artísticas y estéticas de la especie humana, desde los adornos nasales de los kofan colombianos a los broches de joyería que pululan en abrigos femeninos por nuestras ciudades. Aunque las mayores influencias sobre los humanos son estéticas y científicas, interactúan con ellos de diversas maneras [1]. De hecho las podemos considerar como una parte fundamental de la herencia natural europea por su valor científico, educativo, cultural, recreativo, estético e intrínseco, como bien reconoció el Consejo de Europa [2].

No obstante, sus especies son todavía poco conocidas por gran parte de la sociedad, lo que puede afectar a las percepciones sobre lo necesario de su conservación. Las libélulas están ligadas a los ambientes acuáticos, ligazón que influye en su problemática de conservación. La vulnerabilidad de las libélulas se pone de manifiesto en el hecho de que, de las 5.600 especies reconocidas en el mundo, 176 han sido incluidas en alguna categoría de amenaza en la Lista Roja de la UICN de 2006. Un reciente estudio [3] siguiendo los criterios de valoración del riesgo de extinción de la UICN concluye que un 10% de las libélulas evaluadas (1.500 especies) se encuentra amenazada, ya sea en las categorías de en peligro crítico (2%), en peligro (3%) o vulnerable (5%). En el caso de la Península Ibérica, de las 78 especies presentes, 18 se encuentran recogidas en el reciente Libro Rojo de los Invertebrados de España [4].

En este artículo expondremos la situación de las cuatro especies amenazadas asociadas a hábitats de montaña en la Península Ibérica (Aeshna juncea, Cordulegaster bidentata, Sympetrum flaveolum y Leucorrhinia pectoralis).

Aeshna juncea

Es una de las cuatro especies holárticas (distribuidas por Europa, Asia y Norteamérica) con las que cuenta la fauna ibérica [5]. Al igual que otras especies de su mismo género, es común a baja altitud en el norte de su área de distribución (hasta más allá del círculo polar ártico) mientras en la parte más meridional sólo vive en las zonas alpinas y subalpinas [6]. Así, en los países mediterráneos su distribución se encuentra fragmentada y limitada a las cadenas montañosas.

En la Península Ibérica es una especie muy rara (mapas actualizados de distribución de ésta y las demás especies en [7]). De los tres Estados peninsulares, en Portugal ha sido citada sólo en la Sierra de Estrella y en Andorra en los Pirineos, mientras que en España existen más datos: Pirineos, Cordillera Cantábrica y Sistemas Central e Ibérico.

Habita aguas estancadas (lagos, charcas, humedales), y en Europa central la única condición necesaria para la colonización de aguas estancadas someras por esta especie parece ser la presencia de vegetación emergente creciendo en una zona turbosa o similar [8]. En el caso peninsular estas condiciones se suelen dar en zonas de montaña, pero en la cornisa cantábrica se pueden dar también a baja altitud, habiéndose detectado su reproducción en una turbera situada a baja altitud [9].

No está recogida en ninguno de los catálogos de especies amenazadas ibéricos; no obstante sí que aparece en algunos Libros Rojos. Así, se ha propuesto su catalogación como vulnerable en el conjunto de España [10], y como de interés especial en Asturias [11].

Cordulegaster bidentata

De color negro con manchas amarillas, resulta muy similar a la otra especie del género, C. boltonii o libélula tigre, de la que puede diferenciarse por el color del triángulo occipital y características de las estructuras reproductoras.

Como el resto de cordulegástridos se desarrolla en aguas corrientes, algo que la separa de las otras especies aquí tratadas. Se encuentra en hábitats muy concretos: pequeños regatos de montaña, lo que provoca una distribución muy fragmentada, siguiendo estas zonas montañosas, en toda su área de distribución. En la Península Ibérica las únicas citas fiables de esta especie están limitadas a los Pirineos oscenses, leridanos y andorranos, habiéndose propuesto su catalogación como vulnerable [12].

Sympetrum flaveolum

La coloración de esta especie es bastante característica, aunque varía entre machos y hembras y con la edad. Habita preferentemente aguas estancadas someras, bastante colmatadas y en muchos casos temporales, aunque se han encontrado adultos en actitud reproductora y poniendo huevos en aguas ligeramente corrientes.

En la Península Ibérica presenta una distribución fragmentada, con escasas localidades conocidas, siempre asociadas a las zonas montañosas de los Pirineos, cordillera Cantábrica y Sistemas Ibérico y Central (existiendo una cita antigua y dudosa de Sierra Nevada). De hecho, estudios realizados en Asturias [13]. la muestran como la libélula más ligada a una altitud determinada (por encima de los 800 m). No está claro hasta que punto esta fragmentación geográfica implica fragmentación de los flujos génicos entre poblaciones, ya que realiza movimientos migratorios en masa algunos años, lo que podría unir las poblaciones. Ha sido recogida en el Libro Rojo de Invertebrados de España como vulnerable [14], aunque todavía no se encuentra en ninguno de los catálogos ibéricos de especies amenazadas.


Leucorrhinia pectoralis

Las libélulas de este género presentan la parte frontal de la cabeza de color blanco, de ahí su nombre científico (literalmente “nariz blanca”). L. pectoralis es más frecuente hacia el norte de Europa, presentando en la parte sur oriental de su distribución (los Balcanes, Turquía) poblaciones escasas, muy separadas unas de otras y exclusivamente en zonas de montaña. Debido a la destrucción de sus hábitats y a su regresión, está considerada como especie estrictamente protegida en el Convenio de Berna (anexo II) y en la Directiva Hábitats (anexo IV), donde además se indica que resulta necesario designar zonas especiales de conservación (anexo II). Su situación en la Península Ibérica es dudosa: tan solo ha sido citada una vez en los Pirineos leridanos [15]. Nuestro desconocimiento sobre las posibles poblaciones ibéricas es por lo tanto muy grande. La ausencia de más datos no nos permite saber si existe una o más poblaciones en esa parte de los Pirineos, ni siquiera si sigue existiendo en la actualidad. La situación se agrava por lo separadas que se encontrarían estas poblaciones ibéricas del resto de las europeas, puesto que los últimos datos en los Pirineos franceses para esta especie son anteriores a 1980, aunque mantiene algunas poblaciones importantes en el centro y este de Francia [16]. En el Libro Rojo de los Invertebrados de España está considerada como en peligro crítico, la máxima categoría de amenaza [17].

Amenazas

Las principales amenazas que afectas a estas especies de libélulas provienen de la destrucción de sus hábitats. Pueden verse afectadas por construcciones y modificaciones de la pendiente, en el caso de que se eliminen las zonas húmedas en las que habitan, por lo que debería tenerse en cuenta su presencia y las medidas correctoras necesarias en el caso de pistas de esquí u otras alteraciones que ocupen una gran extensión en zonas de montaña.

Igualmente un exceso de carga ganadera puede ocasionar la eutrofización de las charcas someras y la desaparición de la vegetación emergente por pisoteo o consumo directo, lo que afectaría a la estructura y calidad del hábitat. Se han propuesto en ocasiones sistemas rotatorios al actuar sobre las charcas (dejar una parte de la charca o charcas cercanas sin alterar) para compatibilizar las tareas de manejo con la conservación de Leucorrhinia pectoralis y otras especies de libélulas de montaña [18].

La introducción de peces para pesca recreativa también puede afectarles negativamente, en especial a Leucorrhinia pectoralis, hasta el punto de impedir su presencia en una determinada zona. En otros casos (Sympetrum flaveolum) las propias características del hábitat (elevada temporalidad) evitan el problema de estas introducciones.

La otra amenaza a la que se enfrentan estas especies de montaña en la Península Ibérica es el cambio climático. Al estar en el extremo sur de su distribución, las temperaturas existentes limitan su presencia a las montañas, y los incrementos en esa temperatura pueden reducir la extensión del hábitat potencial de las especies, agravando sus problemas de conservación.

Debemos tener en cuenta que la evolución del cambio climático en curso, la distribución fragmentada de sus poblaciones y cómo controlemos las posibles alteraciones de sus hábitats por parte de los humanos pueden ser determinantes para definir en qué medida y en qué lugares seguiremos contando con la presencia de estas especies en la Península Ibérica.