Sin presencia permanente del oso en el Pirineo aragonés y navarro

El último ejemplar de oso pardo pirenaico (Ursus arctos) que vivía de forma permanente en el Pirineo aragonés y navarro ha desaparecido y no se tiene ninguna pista ni rastro de que siga con vida. Desde hace meses, se sabía que los osos Camille y Aspe Ouest, eran el mismo pero con denominaciones distintas en España y Francia, el último indicio que se tuvo de este ejemplar fue una foto realizada por las cámaras de seguimiento realizada el 5 de febrero de este año (que acompaña esta nota), desde entonces no se ha vuelto a encontrar ninguna pista y no ha habido ningún ataque, lo que casi certifica la muerte del mismo.

Con estos hechos se confirma el más negro de los presagios, largamente anunciado por las diferentes Asociaciones Ecologistas de ambos lados de los Pirineos.

A esta situación se ha llegado por la contumaz negligencia de las administraciones navarra y aragonesa, la primera con un obsoleto Plan de Recuperación de la especie en el que se contemplan medidas inadecuadas para su conservación y la aragonesa por una inexplicable desidia y un incumplimiento en la elaboración de un Plan de Recuperación de la Especie al que está obligada desde hace diecinueve años por el reglamento de 1991 que desarrollaba la antigua Ley 4/89 de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre. Pero este incumplimiento es reiterado con tozudez inusitada porque la Ley 42/2007del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad obligaba a redactar el plan de recuperación en un plazo de tres años y no se tiene conocimiento de plan alguno para la recuperación de la especie en el malogrado núcleo occidental pirenaico español. De los dos últimos machos de la zona francesa se sabe que Neré vive en el valle de Aspe, con alguna incursión esporádica en la vertiente española y Canelito, hijo de Canelle –última osa autóctona abatida por el cazador René Marqueze- vive entre los valles de Aspe, Ossau y Cauterets.

Por todo lo anterior resulta inexplicable la nota de prensa emitida a finales de septiembre por el Departamento de Medio Ambiente aragonés en la que asegura haber gastado más de cuatro millones de euros en la conservación del oso; lo que evidencia su fallida política para la conservación de la especie y que el dinero invertido ha sido en subvenciones sin finalidad específica de conservación. La política errática sin un programa de conservación definido ha provocado que ciertos ganaderos asociasen que cuanto más fuerte fueran sus protestas, mayores serían las subvenciones y así se ha llegado a tal grado de distorsión que ha acabado con que un sindicato agrario haga propuestas tan peregrinas como la de encerrar a los osos en vallados o las airadas protestas de un ganadero de vacuno del valle de Broto alegando daños y amenazas increíbles. Afortunadamente existe una mayoría de ganaderos que hacen una buena gestión de sus rebaños y de los pastos que aprovechan, esos son los imprescindibles para la conservación de la biodiversidad, esperemos que cunda su ejemplo y cuenten con el apoyo efectivo de la administración reflejado en medidas más adecuadas técnicamente.

La única forma de revertir la desgraciada situación actual y recuperar el territorio para que siga siendo zona osera, es el reforzamiento de la especie por medio de dos hembras, una en el lado francés (compromiso adquirido por la administración gala) y otra en el lado español, que actuarían de reclamo para la recolonización de la zona por esta especie.

En los valles occidentales aún existe un hábitat adecuado para la conservación del oso, depende de las Consejerías de Medio Ambiente aragonesa y navarra recuperar la especie o que se pierda para siempre.




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