Sorpresa y pesimismo por el nombramiento de Antonio Mompó

El reciente anuncio del nombramiento de Antonio Mompó como “nuevo” Delegado de Medio Ambiente en Albacete ha producido a Ecologistas en Acción sorpresa y pesimismo.

Sorpresa porque aún no se habían cumplido seis meses desde el nombramiento como coordinador de los citados servicios medioambientales del ahora sustituido Juan Francisco Fernández, con el que había sido fácil el diálogo en este breve periodo, como también lo fue con Manuel González, ahora Delegado de la Junta, y que habían mostrado una actitud favorable a recoger las opiniones de todos los sectores ciudadanos, e incluso manejando un lenguaje más próximo al discurso ecologista: desarrollo sostenible, agricultura ecológica, protección del medio ambiente.

Y pesimismo porque el ahora recién nombrado ha ocupado la Delegación de Agricultura, a la que se había añadido la gestión medioambiental, durante once largos años, manifestando una ineptitud y desprecio por todo lo que significaba la conservación ambiental. Su anterior nombramiento es del año 1991, cuando todavía no se había celebrado la Cumbre de Río de Janeiro, ni se habían firmado los acuerdos de Kioto, y los niveles de exigencia medioambiental en España eran bastante menores que los actuales; su gestión respondía a los criterios de un desarrollismo agrícola en el que el uso y abuso de productos químicos, la extensión de cultivos como el maíz, la remolacha o la alfalfa agotaban y contaminaban a pasos de gigante los acuíferos subterráneos y la conservación del medio ambiente era un obstáculo sin importancia para esa política, de la que el sr. Mompó fue un eficiente y leal servidor.

Entre los numerosos conflictos surgidos en esa época es fácil encontrar ejemplos en las hemerotecas: su inhibición en el tema de la construcción del campo de golf de la ribera del Júcar o del vallado ilegal de la finca Malefatón de Alatoz, la permisividad con la instalación de la embotelladora de agua del Arquillo, afectando a dos lugares protegidos como la laguna del Arquillo y los Ojos de Villaverde, mirando a otro lado cuando se construía sin disponer de los permisos; su falta de actuación para exigir un estudio de impacto ambiental o la elección de un trazado adecuado en la construcción del oleoducto Cartagena-Puertollano, que ha originado vertidos en lugares de frágil equilibrio ecológico, sin que sepamos aún sus futuras consecuencias, o la vergonzosa actuación a la hora de sancionar una tala masiva de encinas, que se saldó con la multa de 15.000 pesetas por el valor de la leña; o en los casos de animales atrapados por lazos ilegales en fincas de caza, que se quedaron sin sancionar. Estos casos y otros muchos que sería largo enumerar, nos llevaron a permanentes conflictos y la petición de su cese en varias ocasiones, y la imposibilidad del diálogo, por su desprecio hacia nosotros y lo que representábamos. Incluso era conocido que bastantes de los trabajadores de la Delegación a su cargo tenían limitadas sus facultades de actuación ante determinados “poderes” de la provincia, por indicación del ahora nombrado Delegado. Una persona que es del siglo pasado en su concepción del medio ambiente y que no ha debido ser nombrado para la nueva política que patrocina la nueva Ministra de Medio Ambiente y creemos que también la Consejera de Castilla La Mancha. Esta decisión nos obligará a dirigirnos a interlocutores de mayor responsabilidad, por lo menos hasta que los hechos demuestren que, efectivamente, se ha designado un Delegado para el Medio Ambiente. Haciendo nuestras las palabras de Zapatero al ser elegido: “no nos falles”, creemos que con este nombramiento nos han empezado a fallar un poco.