Final del vertido de fosfoyeso

Ecologistas en Acción considera la finalización de los vertidos de fosfoyeso a las marismas del Tinto como el más necesario avance para la eliminación definitiva de los vertidos industriales a la ría de Huelva y el primer eslabón de una cadena que debe concluir con la recuperación y devolución a su estado original de un paraje natural históricamente asociado a los valores ambientales y naturales de nuestra ciudad.

Ecologistas en Acción también lamenta que hayan sido necesarios tantos años para que se imponga la cordura y el respeto a nuestro patrimonio natural, por encima de los intereses privados de unas empresas que, anunciando a bombo y platillo su compromiso con la ciudad de Huelva, vienen demostrando a diario lo contrario, hipotecando nuestro futuro bajo legados de destrucción tan devastadores como este de las balsas de fosfoyeso.

Protesta hace 25 años
Ecologistas de Huelva contra el vertido de fosfoyesos hace 25 años

Desde que la antigua Coordinadora Ecologista de Huelva, hoy Ecologistas en Acción, iniciara sus primeras protestas ante la administración medioambiental en la década de los ochenta, se han venido depositando residuos tóxicos y radiactivos en las marismas a razón de más de tres millones de toneladas/año, llegando a superar el doble del volumen hasta entonces existente y hasta conformar el desolador panorama que hoy nos encontramos. En este lapso de tiempo perdido, de reivindicaciones desatendidas, los fosfoyesos han crecido en altura hasta crear un infranqueable muro de desencuentro entre la ciudad y su entorno natural más inmediato.

Además de los fosfoyesos, en marismas del Pinar, del Rincón y Mendaña, se han depositado las aguas ácidas de transporte de los residuos, cenizas de pirita, lodos de dragado, inertizados de la planta de inertización de Palos de la Frontera, incluyendo las cenizas de acerías contaminadas con cesio-137, voluminosos de la recogida selectiva de basuras, escombros y áridos de obras, que han ido sepultado las marismas, creando uno de los paisajes más degradados de nuestro planeta, en un entorno de gran permeabilidad y capacidad de difusión de los elementos contaminantes. Esta gran capacidad de difusión del medio receptor ha conllevado la dispersión permanente de un pernicioso elenco tóxico, que ha transformado la cuenca fluvial de los ríos Tinto y Odiel, en su desembocadura, en un gran erial químico radiactivo. Sumado a todo esto, la contaminación de acuíferos y la dispersión de partículas y gas radón-222 por la acción del viento, han terminado derivando el problema ambiental en un problema sanitario, aún sin cuantificar, para la población de Huelva y pueblos limítrofes del entorno.

La parálisis de ideas que ha venido sufriendo la administración para dar solución al grave problema del abandono de los residuos en las marismas consentido a las empresas, se ha traducido en una política de cosmética ambiental con cargo al erario público, consistente en querer evadir el problema disimulando el mero escándalo visual y paisajístico, a base de una efímera cubierta vegetal sobre las áreas afectadas y la siembra de arbolitos, ocultando la magnitud del problema y postergando sus lamentables consecuencias a las generaciones venideras. Por otra parte, las empresas, alentadas por la defensa a ultranza desde la administración de una quebrantada sostenibilidad, han apostado, a golpe de recurso, por mantener la situación de flagrante ilegalidad y prorrogar agónicamente y hacia un callejón sin salida su viabilidad, utilizando como chantaje y elemento de presión el drama social de la pérdida de puestos de trabajo, contra la búsqueda de alternativas y soluciones que desde el principio, y después de más de diez años de litigio, hubieran redundado en una mejor situación social y medioambiental.

Aún así, pensamos que es un momento histórico para Huelva que no debe quedar desaprovechado, generando una motivación especial que debe encaminarse hacia la recuperación del espacio natural perdido, alejándose de proyectos de restauración inútiles como los hasta ahora empleados, o sucedáneos, aún más caros, que solo tengan como finalidad tapar el desastre sin atajar el verdadero problema de contaminación existente. En este sentido, la propuesta de recuperación presentada por el Ministerio de Medio Ambiente roza la tomadura de pelo al ciudadano y el escarnio. Las recomendaciones, apuntadas desde las autoridades medioambientales europeas y la debida e independiente caracterización de cada residuo presente en las balsas, su inertización, y correcto tratamiento, deben ser los ejes sobre los que gire la descontaminación de las marismas. Igualmente, la exigencia de unas garantías medioambientales y sociales justas, deben eludir las soluciones que planteen cambiar el problema de sitio, fomentando la creación de nuevos vertederos y el traslado del daño ambiental y sanitario a otras zonas.

Entendemos que todo el proceso de descontaminación, incluidos todos los estudios previos necesarios, deben ser sufragados por aquellos que causaron el daño en cada caso y bajo la vigilancia y transparencia de la administración ambiental, favoreciendo la participación ciudadana desde los planteamientos iniciales.

Por último, Ecologistas en Acción quiere incidir, desde el desalentador panorama dibujado en Huelva, en la necesidad de cuestionar la industria del fosfato y su proceso productivo a nivel mundial, por la incapacidad de gestionar apropiadamente el ingente volumen de residuos que genera y la elevada cantidad de metales pesados y elementos radiactivos que se ponen en juego, como ya sugiere la actual directiva comunitaria en vigor, Euratom2000.