Evolución de la superficie forestal en España 1987-2005

Más cemento, más regadío, menos bosques.

Fernando Prieto, doctor en Ecología y autor de varios trabajos y libros sobre incendios forestales. Revista El Ecologista nº 70.

En el artículo se analiza como ha variado la superficie forestal en España entre 1987 y 2005 según los datos del proyecto Corine Land Cover. En resumen se puede decir que ha habido una pequeña reducción en superficie, pero una bastante mayor reducción de la madurez y resiliencia de los ecosistemas forestales.

En este artículo se recogen las principales tendencias observadas en la evolución de la superficie forestal en España entre 1987 y 2005. Durante este periodo se observan importantes intercambios dentro de las diferentes categorías de la superficie forestal, que más abajo analizaremos, junto a otros procesos tales como el fuerte aumento de la superficie artificial, el incremento de los regadíos y la pérdida de zonas húmedas. Estos procesos se pueden relacionar con otras variables determinantes como la falta de la recogida de leña, el derrumbe de la ganadería extensiva que origina una falta de pastoreo, el uso de cemento por la economía (gran crecimiento urbanístico y de infraestructuras), el abandono rural que subyace a los incendios forestales, pero también sobre las políticas agrarias que incentivan la transformación de zonas forestales o de secanos en regadíos.

Todas estas variables han producido efectos, en algunos casos prácticamente irreversibles, sobre la biodiversidad, el paisaje o sobre el ciclo hidrológico. En conjunto, podemos afirmar que se ha producido una disminución y pérdida acusada y muy rápida de servicios de los ecosistemas en el pasado reciente en España.

Se puede medir

Los cambios en los principales ecosistemas, son fundamentales para evaluar los procesos de sostenibilidad [1]. Como el espacio es limitado, obviamente si aumentan los regadíos o las zonas urbanas esto ocurre a costa del resto del territorio. La medida de estas tendencias de ocupación del suelo puede considerarse una variable de sostenibilidad fuerte, ya que ciertos cambios, por ejemplo la urbanización sobre zonas agrarias, húmedas o forestales, suponen una pérdida irreemplazable y no sustituible, son procesos irreversibles [2].

Lord Kelvin escribió: “Lo que no se puede medir no se puede gestionar”. Gracias al proyecto Corine Land Cover [3] se puede cuantificar la ocupación del suelo en España. Corine Land Cover no tiene un gran detalle, pero es la mejor y única herramienta disponible que permite saber cuál es la situación anterior (de dónde venimos), la actual (en qué contexto estamos) y prever en qué situación nos veremos (escenarios) si seguimos con las mismas tendencias. Esta información es muy valiosa y tiene una gran relevancia, ya que por primera vez se puede analizar en tres momentos del tiempo, 1987-2000-2005, a una escala estatal y con la misma metodología, la evolución de la ocupación del suelo [4].

Más cemento, más regadío y menos bosques

Entre 1987 y 2005, se han producido incrementos de la superficie artificial superiores a un 50% (aumento de urbanización e infraestructuras) [5], así como una ligera disminución de superficies agrícolas y forestales, un ligero aumento de las zonas húmedas y un fuerte incremento de las láminas de agua. La fecha de inicio de este periodo es muy relevante en nuestra historia reciente, ya que el 1 de enero de 1986 se produjo la entrada de España en la UE, que está asociada a fuertes inversiones en infraestructuras y a un despegue de la economía asociado a inversiones europeas y fondos estructurales. Por otra parte, en el periodo transcurrido entre 2000 y 2005 se produjo la aceleración del boom inmobiliario, con grandes incrementos de la construcción residencial. A partir de 2007 se produjo la gran caída de este sector.

En general se ha detectado una ligera disminución de superficie forestal entre 1987-2005, confirmando lo ya observado entre 1987-2000 y en clara contradicción con lo que dicen los Inventarios Forestales Nacionales. Entre los rasgos más relevantes de estos cambios de superficie desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental, señalaremos (ver tablas 1 y 2):

  • Se han producido grandes intercambios dentro de las diferentes categorías en las que se subdivide la superficie forestal, con pérdidas y ganancias de ecosistemas forestales (ver figura 1). Entre las pérdidas destacan los incendios, y las talas o degeneración de masas forestales, mientras que entre las ganancias de superficie están la regeneración y la matorralización en zonas abandonadas e incendiadas.
  • Las zonas forestales también se han reducido por la artificialización del suelo que ha sido muy fuerte durante el periodo analizado [4]. En buena medida este crecimiento de lo cementado se ha realizado sobre zonas agrarias productivas de huertas, zonas forestales y zonas húmedas. El enorme incremento de infraestructuras también ha determinado la fragmentación de las zonas forestales.
  • La creación de zonas forestales no implica necesariamente la formación de masas continuas, que son las de mayor relevancia para la recuperación de las funciones del ecosistema y la diversidad biológica.
  • Además, las zonas forestales han disminuido en determinadas zonas de Levante por el incremento de regadíos sobre zonas forestales. Este hecho llama la atención en un escenario de escasez de recursos hídricos en general y falta de recursos hídricos para asignaciones ambientales en particular.

Menos bosques maduros, más matorrales

Entre las importantes transformaciones internas a los ecosistemas forestales, cabe destacar:

  • Disminuye la superficie forestal de calidad por incendios (860.000 hectáreas entre 2000-2005 o 3,2 millones de hectáreas entre 1987-2005, según las estadísticas del MARM), originado también una disminución de la calidad de los ecosistemas. De forma notable el fuego ha contribuido a transformar masas arboladas, principalmente pinares, en zonas de bosque mixto, matorral boscoso o zonas arbustivas o de pastizal.
  • Aumenta la superficie por regeneración en zonas incendiadas, colonización en zonas de montaña o por nuevas reforestaciones. Esta matorralización muchas veces se debe al abandono de zonas rurales [6], que origina una cierta inestabilidad de los ecosistemas forestales.
  • También se han producido talas, urbanizaciones y transformaciones agrarias en terrenos forestales.

En condiciones naturales, los ecosistemas forestales en nuestras latitudes y con vegetación natural experimentan procesos muy lentos de sucesión. Por este motivo unas tasas de intercambio tan elevadas y rápidas como las que hemos señalado entre diferentes usos forestales indican un grado de perturbaciones y antropización importante. Además, estos cambios tienen lugar de forma muy dispersa en el territorio incrementando la fragmentación del territorio natural, aspecto clave para el mantenimiento de la diversidad biológica.

Observando en detalle las diferentes categorías se observa que los bosques de frondosas, coníferas y bosque mixto han experimentado ligeras disminuciones. El matorral boscoso de transición ha experimentado un aumento del 2,6% y en general se observa que los ecosistemas forestales, en relación a otras categorías, son los que han experimentado tasas mayores de cambios de uso dentro de la misma categoría (tabla 2).

Los pastizales naturales habrían pasado de 2,67 millones de hectáreas a 2,64, habiendo disminuido por tanto en más de 27.000 hectáreas. Es probable que la causa principal haya sido el cese de la ganadería extensiva y la colonización de zonas agrícolas marginales. La creación de monte alto sobre pastizales no siempre es positiva, pues puede implicar la pérdida de paisajes y ecosistemas culturales asociados a determinados usos de gran valor ecológico.

Mientras aumentan los bosques por colonización natural, sobre todo en zonas de pastos y agrícolas abandonadas, por otra parte disminuyen por los incendios forestales, es decir, se produce un aumento de superficies por un lado, pero merma de bosques de calidad por el otro. Este proceso dista de ser sostenible por las características de los ecosistemas forestales donde es importante la permanencia en el tiempo para que se den adecuados parámetros de biodiversidad y de resiliencia.

Conclusiones

Las zonas forestales y naturales presentan en conjunto una disminución muy ligera, principalmente por la conversión a zonas agrícolas y el aumento de superficies artificiales. España es un caso atípico en Europa, donde la cobertura forestal muestra una tendencia a la expansión.

Durante el periodo 2000-2005 se incrementó la población española en casi un 10% pasando desde 40,5 millones de personas a 44,1, coincidiendo con importantes tasas de inmigración. Por ello la cobertura forestal per cápita ha disminuido de una forma significativa, lo que también puede considerarse un claro indicador de insostenibilidad.

Pero, quizás, el tema más relevante no es tanto el aumento o la disminución de la superficie, sino la variación de la calidad de los ecosistemas forestales, medida en términos de biodiversidad, servicios de los ecosistemas, etc. Esta variable al igual que la resiliencia –la capacidad de los sistemas forestales para absorber perturbaciones– podemos considerar que han disminuido, por los dos factores ya mencionados: el gran intercambio dentro de la clase (pérdida-ganancia de zonas forestales) y por la fragmentación que ha supuesto sobre las zonas forestales las nuevas infraestructuras y la creación de masas sobre zonas agrícolas también de una forma fragmentada.

La disminución de pastizales naturales seguramente está relacionada con la matorralización general y esta a su vez, por la falta de pastoreo extensivo, confirmándose la tendencia observada en el periodo anterior, 1987-2000. La explotación de estos recursos tendría una positiva repercusión económica y supondría una disminución de la magnitud y, probablemente, de la frecuencia y gravedad de los incendios forestales. Además de disminuir la biomasa y la necromasa inestable, los incendios forestales serían más fáciles de apagar. Una mayor prevención implicaría menores gastos en extinción y generación de trabajo estable en el medio rural.

Las tendencias observadas son preocupantes, sobre todo en un escenario previsible de cambio climático, con aumento de temperaturas, irregularidad de las precipitaciones y ligero descenso de las mismas. Un escenario sostenible respecto a los ecosistemas forestales (sobre todo teniendo en cuenta que constituyen un ecosistema clave para el ciclo del agua, para la diversidad y otros servicios ambientales) implicaría que aumentasen paulatinamente, se redujeran los incendios forestales, no se fragmentaran y, finalmente, evolucionaran hacia estadios más maduros y más resilientes. Pero los cambios reflejados marcan la tendencia contraria.

Es evidente la necesidad de cambiar de rumbo radicalmente respecto a la gestión forestal, aumentando la ordenación y la gestión de los montes y de los usos tradicionales que implicarían una mayor estabilidad de los ecosistemas forestales y un escenario más seguro y sostenible para todos.

Tabla 1. Principales cambios detectados en Corine Land Cover 2006 en zonas forestales (periodo comprendido entre 2000 y 2005)

Fuente: IGN CLC. 2006. Servicio de Ocupación del Suelo. Subdirección General de Observación del Territorio. Ministerio de Fomento.

Tabla 2. Desglose de los cambios en las superficies forestales entre 2000 y 2005

Fuente: IGN CLC. 2006. Servicio de Ocupación del Suelo. Subdirección General de Observación del Territorio. Ministerio de Fomento.

Figura 1. Tasas de cambios de ocupación del suelo forestal. Comparación 1987-2000 y 2000-2005