¿Cuánta energía necesitamos?

Es posible vivir bien con la mitad de la energía que consumimos

Rosa Lago, Ekologistak Martxan. Profesora de Energía Solar Fotovoltaica de la Universidad del País Vasco. Revista El Ecologista nº 67

Si estamos de acuerdo en que hemos sobrepasado la capacidad de generación de recursos de la Tierra, y que estos recursos tienen que repartirse de manera justa, entonces la pregunta sobre cuánta energía es necesaria para un buen desarrollo humano, que sea al mismo tiempo sostenible, es más que pertinente. A ésta importante cuestión se intenta dar respuesta en el artículo.

La era que comienza con el uso masivo del carbón y se desarrolla y culmina con el petróleo barato, ha permitido acelerar la depredación de recursos naturales y la explotación humana a escala planetaria. Quienes pretenden continuar con el business as usual para que todo siga igual, buscan energía en las arenas bituminosas, en la nuclear de tercera generación, en las renovables porque algo ya producirán... “Más madera que es la guerra” diría Groucho Marx quemando los vagones del tren que le transportaba. “Más energía, más de lo mismo, que no pare” la economía que ha beneficiado a tan pocos a costa de quemar los rescoldos de una Tierra agonizante.

Si la actual maquinaria económica puede ser alimentada con fuentes exclusivamente renovables es una cuestión que me interesa poco. ¿Sería un avance? quizás. Sin embargo, igualmente se alimentará el sistema de guerra, deuda ecológica y explotación de una mayoría por parte de una minoría, la cual se apropiará de la energía disponible, siempre escasa para saciar su avidez. El mejor ejemplo del poder que las empresas energéticas ejercen ya sobre las poblaciones empobrecidas lo tenemos en el Sur, preludio de lo que pueda acontecer en nuestros propios países sobre una población atenazada por la crisis económica.

Me genera pesadumbre el ver implicada a la industria fotovoltaica con la deuda ecológica, como el caso del fabricante chino de silicio Luoyang Zhonggui, que presuntamente habría vertido residuos tóxicos en un terreno municipal [1]. Tan detestable como su aplicación con fines militares [2], lo que nos alerta sobre la necesidad de aspirar entre todas a transformar las raíces del sistema económico, precisamente en tiempos de crisis, de cambio.

Una raíz del sistema es la fe en el crecimiento económico, y por contra, nosotras defendemos el decrecimiento con equidad. Podemos vivir bien con menos, podemos desarrollar nuestras capacidades humanas y sociales, tener buena salud, formación educativa, con menos energía de la que consumimos.

¿Cuál es el mínimo consumo energético que permita un buen desarrollo humano?

En primer lugar, elaborar una definición de desarrollo humano que sea reconocida universalmente es tan complejo como aunar el espectro reflejado por todas las culturas existentes. La cultura occidental ha predominado en su interpretación, y la cuantificación del desarrollo ha estado muy ligada a términos monetarios. Como nos recuerda Marta Pascual, la pobreza está más determinada por factores como tener acceso a los recursos (tierra fértil, alimentos no contaminados, agua potable…), que por vivir con menos de un dólar al día [3].

Intentando recoger aspectos diferentes al puramente económico, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) aporta el Índice de Desarrollo Humano (IDH), cuantificado sobre la base de la esperanza de vida, la tasa de alfabetización y matriculación o el PIB per cápita. Aún así, se entrevé el predominio de la cultura occidental cuando se identifica educación con escolarización, lo que supone negar la sabiduría milenaria que ha sido transmitida hasta hoy oralmente. Marta Pascual comenta que los indicadores empleados por la ONU no reflejan variables esenciales para el desarrollo humano, como la existencia de una red próxima de apoyo efectivo y material [3].

Sin embargo y a falta de datos mejores que muestren la realidad mundial, en las gráficas 1 y 2 observamos cómo evolucionan algunos indicadores aportados por el PNUD y el Banco Mundial con la energía consumida.

Figura 1: Consumo energético primario versus esperanza de vida en 2006.

Fuente: Datos del Banco Mundial.

Figura 2: Consumo eléctrico versus IDH (Índice de Desarrollo Humano) en 2003.

Fuente: Datos del PNUD.

Según se observa en la figura 1, existen países con niveles de consumo energético muy inferiores a España, y una esperanza de vida superior a los 75 años: es el caso de Cuba, Costa Rica, Argentina, Uruguay o Bosnia y Herzegovina. Smil realizó un estudio análogo comparando el consumo de energía y diversos indicadores de desarrollo, y concluye que es necesario consumir al menos 1,67 tep/cap anuales para garantizar una buena calidad de vida y oportunidades para el desarrollo intelectual [4].

La pobreza y la cobertura eléctrica de un país están estrechamente ligadas. El 90% de la población de un país que asegure la cobertura eléctrica a todas las personas, estará por encima del nivel de pobreza [5]. En la figura 2 se observa la evolución del IDH en función del consumo eléctrico. De nuevo, los mencionados países muestran un alto IDH (superior a 0,8) y un consumo eléctrico entre 1.200 y 2.600 kWh per cápita al año [6].

¿Puede satisfacerse este consumo energético óptimo de manera sostenible?

Tratando de responder esta pregunta, Gorka Bueno recoge la estimación del potencial sostenible renovable mundial realizada por el German Advisory Council on Global Change (WBGU), según el cual el suministro podría ascender a 14,81 Gtep anuales en 2050 [7]. Con una población prevista de 9.150 millones de personas, este potencial permitiría un consumo de 1,62 tep/cap/año, de los cuales 13.202 kWh/cap/año sería electricidad renovable. Si se suma a esta cifra el consumo de energía fósil compatible con el escenario de reducción de emisiones de CO2 propuesto por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (0,13 tep/cap/año) se obtiene la cifra de 1,75 tep/cap/año [8], superior a lo consumido en Cuba, Costa Rica y Uruguay, muy cercana al consumo de Argentina y Chile, y suficiente para garantizar una buena calidad de vida de acuerdo a Smil.

Sobre la base de estas estimaciones, sí podría satisfacerse un consumo energético que permitiera un buen desarrollo humano de manera sostenible. En 2009 consumimos 2,84 tep/cap en energía primaria en el Estado español, casi el doble del nivel sostenible, y ello a pesar de que la energía primaria total demandada descendió un 8,3% respecto a 2008. Solamente 0,26 tep/cap provinieron de fuentes renovables. Es decir, alcanzar el nivel óptimo requiere reducir nuestro consumo energético total a la mitad, y aumentar en casi seis veces nuestro suministro energético a partir de renovables.

En materia de electricidad, decíamos que de acuerdo a la figura 2 sería necesario suministrar al menos entre 1.000 y 2.000 kWh/cap anual, y por tanto, la producción de electricidad renovable en 2008 (1.680 kWh/cap/año) sería suficiente. Sin embargo y como se ha mencionado, el WBGU estima un potencial sostenible renovable mundial muy superior (13.202 kWh/cap/año de electricidad). Evidentemente este nivel tan alto de electricidad, incluso superior al consumo actual (6.516 kWh/cap/año en 2009), implica que la electricidad aumente su peso específico en el cómputo total de la energía consumida, y en la satisfacción de la demanda de sectores en los que no tenía relevancia, como pueda ser el transporte.

Personalmente me genera dudas un nivel de electricidad tan alto por la ocupación del suelo requerida. En los informes de Greenpeace dedicados al potencial renovable para la Península se calcula que sería necesario ocupar entre un 2,4% y un 3% extra de territorio peninsular para satisfacer la demanda eléctrica prevista en 2050 (aproximadamente 7.300 kWh/cap/año) [9]. Esta cifra es comparable al suelo total artificializado en el año 2000, un 2,1% del territorio [10], y es varias veces superior al suelo industrial o comercial de ese año, un 0,26%. Es cierto que la artificialización del suelo no es un indicador absoluto, y que la degradación producida depende de la actividad concreta, pero no se debe ignorar su relevancia [11].

Tan importante como cuánto es cuándo. ¿En qué plazo podríamos alcanzar el nivel óptimo? Desde luego si la demanda descendiera al ritmo actual del 8% anual, se alcanzaría en ocho años. Otra referencia es nuestro pasado: el Estado español superó el nivel de consumo óptimo hacia finales de los años setenta. ¿Podríamos dar marcha atrás y descender en treinta años por la abrupta pendiente del consumo hasta un nivel óptimo, asignando equitativamente la energía disponible a las actividades que aporten desarrollo humano?

Cambiar la sociedad, incluido el modelo energético

Existe un salto tremendo entre Kan Pasqual [12], centro social con auto-producción y autonomía energética, y el sistema gobernado por Red Eléctrica Española (REE). Me contaba nuestro amigo Marc Gavaldá que cuando el viento sopla fuerte y gira el molino de Kan Pasqual a toda potencia, rápidamente enchufan todos los aparatos que puedan tener batería como ordenadores portátiles, y ponen a trabajar aquello que les interese. De esta manera no necesitan ampliar el número de baterías para almacenar la energía abundante del momento. En cambio, las usuarias conectadas a REE encendemos los aparatos eléctricos ajenas al viento, sol o fuerza nuclear que lo impulsa, y REE grita “¡sube el pico de la demanda!, ¡más madera!”, es decir, más centrales eléctricas del tipo que sean.

Quizás Kan Pasqual sea una solución particular, pero desde luego REE no es una buena solución general. Clamo una vez más por la implicación local en la generación de energía, suministro y gestión de la demanda. Empezando por lo fácil, en casa podemos trasladar consumos a la noche, como poner la lavadora. Se puede también contratar una potencia baja y que simplemente salte el automático en casa como aviso de que hemos encendido demasiados aparatos, o bien conectar a un circuito no prioritario los aparatos que pueden esperar, como la lavadora, nevera, cargadores de baterías [13]… A esto se llama gestión de la demanda. Actualmente existen industrias que tienen contratos de interrumpibilidad, por los cuales pueden ser desconectadas cuando la demanda total es muy alta.

La generación distribuida de las energías renovables permite el empoderamiento de localidades o colectivos frente a las grandes empresas eléctricas. Es el caso del propio Kan Pasqual. En Schönau (Alemania) [14], los habitantes compraron el tendido eléctrico local y crearon así la primera localidad del mundo abastecida exclusivamente por energía ecológica. En Gotarrendura (Ávila), el municipio está volcado en su revitalización a partir de proyectos ligados a la sostenibilidad [15].

Dándole rienda suelta a la imaginación, un paso más en la autogestión sería una red eléctrica local capaz de visualizar segundo a segundo el consumo eléctrico, y con formas de acumulación eléctrica a su disposición. Ante un pico de demanda y en lugar de construir una central térmica o un pantano más grande, quiero pensar que hallaremos soluciones mejores desde lo local. Ya ocurre en otros ámbitos como el de los residuos urbanos: ante la amenaza de una incineradora, la gente se implica en la selección y recogida puerta a puerta, con mucho éxito en Gipuzkoa.

Las sociedades que han experimentado una crisis del petróleo o reflexionado sobre ello, plantean acciones que abarcan todos los ámbitos [16]: reordenación del territorio para reducir las necesidades de transporte; proteger las tierras de cultivo y el procesado local de alimentos; planes de emergencia energética para casos de carestía; rediseñar una red de seguridad para proteger a la población vulnerable y marginada; sistemas de trueque, bancos de tiempo, moneda local… El caso de Cuba es paradigmático ya que sufrió escasez energética con la caída de la Unión Soviética y el bloqueo por parte de Estados Unidos. Las acciones emprendidas recorren el campo energético, la agricultura urbana, la socialización del transporte, el cambio del puesto de trabajo, el reciclaje, o la medicina tradicional [17]. La vivienda colectiva en Suecia y Estados Unidos, con espacios, actividades y electrodomésticos comunes, proporciona un ahorro de espacio entre un 10% y un 30% [18].

Concluyendo

Escapar de un caótico futuro tipo Mad Max, o de un ordenado y férreo ecofascismo, requiere el empoderamiento local también en el campo energético frente a las elites y grandes empresas. Debemos y podemos optimizar y gestionar los recursos localmente, generando la energía necesaria y destinándola a desarrollar nuestras capacidades humanas.

Diversos estudios indican que existe un óptimo energético que puede ser satisfecho a partir de fuentes renovables de manera sostenible. ¿Cómo habrá de transformarse nuestra sociedad? Alguien preguntaba qué potencial tiene la minieólica, no lo sé, cómo tampoco sé cuánta energía ahorraríamos si los alimentos provinieran de distancias inferiores a 100 km, por ejemplo. Tengamos en mente los criterios importantes, y hagamos las preguntas que puedan responder a la construcción de un modelo sostenible.