Informe Planeta Vivo

Un diagnóstico del estado del planeta.

Miguel A. Valladares, Director de Comunicación de WWF España. Revista El Ecologista nº 67

El Informe Planeta Vivo, que mide el estado de la biodiversidad global y la demanda de recursos, se realiza cada dos años. El de 2010, que se resume en este artículo, no deja lugar a dudas: hemos superado los límites de la biocapacidad de la Tierra y salvo que reaccionemos pronto y con decisión, caminamos hacia un colapso ecosistémico.

En los últimos 40 años hemos perdido el 30% de la biodiversidad del planeta, mientras que hemos aumentado más del doble la Huella Ecológica, es decir, nuestra demanda de recursos naturales. Esto está generando una presión insostenible sobre la biosfera. De 2000 a 2010 han desaparecido anualmente 15 millones de hectáreas de bosques; en las regiones tropicales se ha perdido el 60% de la biodiversidad; más de 2 millones de toneladas de residuos y aguas residuales terminan en los cursos de agua dulce; el 52% de los stocks de peces comerciales se han agotado; 500 millones de personas están afectadas por la construcción de embalses… A este ritmo, serán necesarios tres planetas para satisfacer la demanda de recursos naturales de una población que alcanzará los 9.200 millones en 2050, más de 6.000 millones de ellos apiñados en ciudades.

Éstas son algunas de las conclusiones de la edición 2010 del Informe Planeta Vivo de WWF. El documento demuestra claramente que caminamos por la senda de la insostenibilidad y que nos encontramos en un período de translimitación ecológica, es decir: hemos superado los límites de la biocapacidad de la Tierra. Ya no hay tiempo para debates ni negociaciones, ha llegado el momento de actuar.

El Informe Planeta Vivo es un diagnóstico del estado de la naturaleza, un exhaustivo análisis científico que ofrece los últimos datos conocidos sobre las tendencias de la biodiversidad global terrestre, marina y de agua dulce, y sobre la demanda de recursos naturales de la humanidad. Se trata, en definitiva, de un termómetro para medir la salud del planeta, sus enfermedades más graves, su repercusión sobre el hombre y propuestas para aliviar esta situación.

Hace ahora 12 años que WWF lanzó el primer Informe Plante Vivo. Desde 2002, el informe se realiza cada dos años en colaboración con la Sociedad Zoológica de Londres y la Red de la Huella Global, y está basado en el análisis de miles de datos de más de 200 países, regiones biogeográficas, biomas, especies, productos y bienes consumidos y emisiones de CO2. Los datos que se incluyen en el informe abarcan desde 1970 hasta 2007, aunque en algunos casos concretos se utilizan datos de los años 60. La octava edición del Informe Planeta Vivo es especialmente oportuna puesto que se lanza en el año dedicado mundialmente a la biodiversidad y en un momento de intenso debate sobre el cumplimiento y revisión de los Objetivos del Milenio.

El porqué de este informe

El objetivo de este informe es conocer en detalle el estado de la biodiversidad global y la demanda de recursos. A pesar de la complejidad técnica y la dificultad para recopilar muchos datos, su intención es ofrecer información para gestionar el planeta a través de la protección de la biodiversidad y los ecosistemas como prioridad para construir una economía mundial más fuerte, segura y limpia. Solamente con un profundo cambio estructural del actual sistema socio-económico se abrirá la ruta a la verdadera sostenibilidad.

Una primera conclusión del informe, no por esperada menos desalentadora, es la constante tendencia de pérdida de biodiversidad y aumento de la demanda de recursos que se mantiene desde los años 70. La crisis económica es también debida a la crisis ecológica, y es nuestro planeta el que tiene un grave déficit ecológico. Indudablemente, gastamos más de lo que tenemos y no damos tiempo a la Tierra a regenerar lo que consumimos. Y esto sólo se puede mantener durante un periodo determinado de tiempo, justo antes de que se produzca el colapso ecosistémico. Un dato: sólo en 2007, la humanidad utilizó los recursos renovables equivalentes a 1,5 Tierras; o lo que es lo mismo, la Tierra necesita 1,5 años para regenerar los recursos que se utilizaron en 2007.

Los indicadores del desastre

El Informe Planeta Vivo 2010 relaciona biodiversidad y consumo de recursos a través de dos indicadores principales: Índice Planeta Vivo (IPV) y Huella Ecológica (HE). El IPV analiza las tendencias de 7.953 poblaciones (unas 500 españolas) de 2.544 especies de vertebrados de ambientes tropicales y templados de todo el planeta. Al igual que el índice del mercado de valores, se analiza la variación anual de cada especie y después se calcula el promedio del periodo 1970-2007, el último año del que hay datos disponibles. Pues bien, el IPV global ha disminuido un 30% en este periodo. Especialmente dramático ha sido el descenso en los sistemas tropicales, 60%, apreciándose igualmente un descenso global de los IPV de hábitats terrestres (25%), marinos (24%) y de agua dulce (35%). A escala biogeográfica destaca el descenso de un 66% del IPV para la región Indo-Pacífica, debido sobre todo al rápido desarrollo agrícola, industrial y urbano que ha producido la destrucción y fragmentación de sistemas fluviales, humedales y bosques en esta región del planeta.

La HE es un método de medición que analiza las demandas de recursos naturales de la humanidad. Se obtiene calculando el área requerida para proveer los recursos renovables que utiliza la gente (cultivos, ganado, productos forestales y pescado), la ocupada por infraestructuras y la necesaria para absorber el CO2 procedente de la quema de combustibles fósiles. La HE se compara con la capacidad regenerativa del planeta (biocapacidad). Ambos son calculados anualmente por la Red de la Huella Global y se miden en hag (hectárea de productividad media mundial). En los últimos 40 años, la HE ha aumentado más del doble. Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Dinamarca, Bélgica y Estados Unidos son los países con mayor huella del planeta por persona. España es el 19º país que más presiona sobre la biodiversidad por habitante.

La Huella Hídrica mide la demanda de recursos hídricos, siendo India el país que más consume, seguido de China, Estados Unidos, Brasil e Indonesia. España se sitúa en al puesto 25. Especialmente preocupante es la situación de estrés hídrico de muchos países, de moderado a grave en 45 de ellos, situación que empeorará con el aumento de población y los efectos del cambio climático. A finales de los 90, unos 1.800 millones de personas estaban viviendo en áreas con estrés hídrico grave y hacia 2025, cerca de las dos terceras partes de la población mundial vivirán en zonas con estrés hídrico de moderado a grave. No menos importante es el consumo de agua virtual, es decir, el agua contenida en bienes y productos, que dispara la huella hídrica en los países importadores. A modo de ejemplo, la huella hídrica de un hogar británico medio es de 140 litros por persona y día. Pero si incluimos el agua contenida en los productos importados por Reino Unido, la cifra aumenta hasta los 4.645 litros.

Más riqueza, más pobreza

Uno de las novedades de esta edición del Informe Planeta Vivo es el análisis comparativo del IPV y la HE en función de los ingresos de los países. En este sentido, los países con mayores ingresos tienen una huella tres veces mayor que los países de ingresos medios y cinco veces mayor que los de bajos ingresos. Y, además, el impacto de la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos se deja notar especialmente en la población más pobre y vulnerable. También por primera vez, el informe analiza en detalle dos de los servicios ecosistémicos más importantes: el almacenamiento terrestre de carbono (una herramienta natural para prevenir el cambio climático) y el abastecimiento de agua dulce: a pesar de que solamente el 1% del agua dulce disponible es accesible al hombre, en los últimos 40 años se han perdido la mitad de los ecosistemas que ofrecen este servicio esencial.

El cajón de sostenibilidad está abierto

Sin embargo, los análisis de la HE, el IPV y los índices de desarrollo humano, muestran que es posible el desarrollo sostenible y que no es necesario aumentar el consumo para alcanzar un mayor nivel de desarrollo. De hecho, la actual crisis económica nos ofrece una oportunidad única para revaluar nuestro modelo de desarrollo e iniciar definitivamente la ruta hacia la sostenibilidad. En este camino nos encontramos con dos retos prioritarios: cambiar el modelo energético y la conducta alimentaria. Un escenario alternativo al de la gestión tradicional es disminuir al máximo la huella del carbono hasta conseguir un planeta 95% renovable pero, además, disminuyendo el consumo de carne y productos lácteos. Si la humanidad redujera el consumo de estos productos tan solo en un 9%, se conseguiría una reducción de la huella del 35%. Esto supondría quedar dentro del cajón de sostenibilidad, es decir, cumplir los criterios mínimos de sostenibilidad que aseguran un desarrollo humano compatible con la conservación de los recursos.

La actual situación plasmada en el Informe Planeta Vivo y, lo que es más preocupante, la previsible tendencia para los próximos 40 años, debería estar forzando un cambio definitivo de rumbo del actual modelo de desarrollo y sus estructuras económicas, que en los últimos años están demostrando ser ineficaces, injustas e insostenibles. Para mantener la demanda de recursos en los límites de la capacidad regenerativa del planeta, es urgente este cambio, transformando las pautas de consumo y priorizando la conservación de la biodiversidad. Solamente manteniéndonos en los límites de nuestro planeta y apreciando el valor real de los bienes y servicios que proporciona, podremos encontrar este nuevo rumbo.

Huella Ecológica mundial por componente, 1961-2007