La necesaria apuesta por los medios alternativos

La mayor importancia de la comunicación crítica se refleja en un aumento del acoso estatal.

Héctor Rojo Letón, Diagonal. Revista El Ecologista nº 67

Frente a las empresas comunicativas pertenecientes al oligopolio económico, medios de comunicación independientes como Kaos en la Red, Indymedia o Diagonal consolidan su ya respetable trayectoria. Este proceso va acompañado por un ascenso de sus problemas con los organismos del poder.

“Son líderes en sus sectores. Han dado con la fórmula del éxito. Resisten en medio de la peor crisis global. Representan la imagen empresarial de España en el mundo. La banca, las comunicaciones, el turismo, las grandes obras públicas, las energías renovables, la moda, la cosmética. ‘El País Semanal’ entra en los despachos y las salas donde trazan sus estrategias diez de las grandes marcas de nuestro país. Y ofrecemos de ellas un retrato inédito”.

Con estas palabras comenzaba el reportaje “Retrato del poder”, que publicaba en su última edición de octubre El País Semanal. Una radiografía de diez de las multinacionales españolas que a finales de año mostrarán espectaculares resultados económicos, pero que obviaba muchas de sus prácticas habituales: las condiciones laborales en los servicios de atención al cliente que Telefónica tiene deslocalizados, los desastres medioambientales producidos por Repsol, especialmente en América Latina, o las investigaciones en EE UU sobre el posible blanqueo de dinero procedente del narcotráfico en el banco Santander.

Para conocer estos datos, que complementen la procedencia de la mesa de caoba que preside la sala El Greco donde se reúne el consejo del Santander, necesitamos otra información. Otros medios. Y otras estructuras colectivas alejadas del jerarquizado Consejo de Dirección. Y éste es el guante que desde hace años recogen medios comunitarios, críticos, alternativos, ciudadanos, contrainformativos, cualquiera que sea la definición con que se ha intentado concretar esta propuesta.

Estos medios, “ciudadanos” según la investigadora de la comunicación Clemencia Rodríguez, son los que poseen un potencial para desencadenar procesos sociales transformadores a través de la comunicación. Procesos transformadores que deben ir ligados a los movimientos sociales con los que comparten discurso y formas de organización, como explicaba Gustavo Roig, integrante de Nodo50, en un artículo que intentaba explicar qué son los medios alternativos, como un guiño al trabajo de Noam Chomsky: ¿Qué hace que los medios convencionales sean convencionales?

Lejos de significarse como una mera contraposición de los grandes medios de comunicación, la labor de los medios alternativos tiene su propia apuesta organizativa y comunicativa. La horizontalidad y la participación se hallan en la base de la construcción de esa agenda propia que los medios alternativos pretenden construir, una agenda alejada del sistema económico capitalista y del patriarcado, de la globalización neoliberal y de la lógica de la guerra; una agenda que rechaza el actual modelo energético y de desarrollo y el trabajo asalariado como elemento central del sistema productivo; una agenda que combate el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, la homofobia y todo tipo de discriminación social.

Lejos de presumir de objetividad, la más irreal de las utopías de la que presumen los grandes medios de comunicación de masas, estos medios deben potenciar la discusión y el intercambio como elemento central del desarrollo del conocimiento, puerta de la autonomía y la libertad de la persona.

Los peligros e importancia de los medios alternativos

En las últimas semanas, experiencias comunicativas como Kaos en la Red o el periódico Diagonal han protagonizado sus propias noticias. Sobrevivir en este panorama mediático no es nada fácil sin tener ningún grupo empresarial ni político detrás, sin entrar en la lógica de la venta sin escrúpulos de espacios publicitarios cuando, gracias a los diarios gratuitos, se visibiliza de una forma más clara que un medio de comunicación es un espacio publicitario que llena los huecos con información. Información, por supuesto, que no moleste a las empresas anunciantes e inversoras.

Kaos en la Red ha realizado una campaña de apoyo económico para continuar su labor, pero sobre todo ha sido criminalizada, como diversos movimientos sociales de Barcelona, después de la huelga general del 29-S. Su labor informativa llevó a declarar a la concejala de Seguridad barcelonesa, Assumpta Escarp (PSC-PSOE), en la emisora RAC-1 el 3 de octubre que esta página web, y otras como Indymedia Barcelona o La Haine, deberían ser investigadas por promover la violencia, por lo que exigía que la Fiscalía iniciara una investigación. “Creemos que esta acción forma parte de una campaña de mayor calado, una campaña cuya finalidad última es la criminalización de los movimientos sociales, a los que los medios de información alternativa dan voz y espacio”, denunciaban los responsables de este portal ante la posibilidad de ser cerrado judicialmente. De momento, ésta es la única posibilidad, aunque el cierre de webs después de la conocida popularmente como Ley Sinde quedará en manos de una comisión de especialistas. En este último caso, la amenaza se dirige hacia quienes comparten e intercambian archivos en la red.

Dentro de esta era de la información cibernética, que facilita la proliferación de medios diferentes a los empresariales y donde es más fácil romper su cerco informativo, proyectos que no se pueden considerar alternativos, como Wikileaks, sufren también las consecuencias de la lucha por publicar información que no proviene de ningún servicio de prensa, ni es filtrado por intereses electorales de cara a la siguiente llamada a las urnas.

Pero las urnas no están abiertas para todas las personas, la mayoría de migrantes no tienen este derecho cada cuatro años. Algo que es totalmente imposible si además eres ilegal. Estas personas también están siendo perseguidas por la simple falta administrativa de no tener papeles. Por fotografiar los controles de identificación masivos a sin papeles que realiza especialmente la Policía Nacional, ésta ha requisado las tarjetas fotográficas a varios reporteros gráficos de Diagonal, quienes también han sido amenazados por trabajar. Edu León, uno de ellos, llegó a estar dos días detenido mientras fotografiaba una actuación policial contra migrantes en la Casa de Campo (Madrid). Gracias a su trabajo las denuncias de colectivos en defensa de los derechos humanos han llegado hasta los grandes medios y han servido para que algunas embajadas puedan discutir las negaciones de estas prácticas que ordena el Ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

No todos los retratos del poder son bienvenidos ni publicitados. En esto, los medios alternativos tienen mucho que decir y que crear, incluso modestamente aportar a los propios movimientos sociales. John Downing, teórico y activista de la comunicación alternativa, iba más allá y afirmaba recientemente en Diagonal que “los medios comunitarios no son sólo un producto de los movimientos sociales sino que también los nutren, incluso cuando se encuentran en una de sus fases subterráneas”.

Cinco años de actualidad crítica
Cinco años después de su número 1, que vio la luz en marzo de 2005, Diagonal está estabilizado como uno de los más importantes referentes de la prensa independiente en el Estado español. El quincenal, con sede en Madrid y redacciones locales en Asturias, Cantabria y Aragón, cuenta con una tirada de 15.000 ejemplares y está presente en los kioscos de la Comunidad de Madrid y puntos de venta alternativa de todo el Estado, mientras que su versión digital (www.diagonalperiodico.net) recibe miles de visitas todos los días. Durante el último lustro, Diagonal ha intentado ejercer sus dos principales objetivos: la denuncia al poder constituido y el reflejo de las propuestas constructivas de los movimientos sociales, entre ellos el ecologismo social. Todo ello realizado desde el rigor informativo, un diseño cuidado y una redacción amena para conseguir llegar a toda esa ciudadanía disconforme con el estado de cosas. Y financiado casi en su totalidad por los cerca de 5.000 suscriptores y suscriptoras que hacen posible la existencia de Diagonal.