Fukushima+6

  Sumario  

 2014

Fukushima: muy lejos de la normalidad

21 de abril de 2014

Ecologistas en Acción denuncia que la situación en Fukushima dista mucho de estar controlada. Todavía se sigue filtrando agua radiactiva al mar y los responsables de TEPCO tienen que gestionar miles de toneladas de agua que están almacenadas en tanques que no reúnen las mínimas condiciones para evitar las fugas. Todavía hay más de 140.000 evacuados y ahora se enfrenta al gravísimo problema de desmantelar los reactores.

Los reactores nº 1, 2 y 3 de Fukushima que sufrieron la fusión parcial o completa del núcleo siguen activos y parte del el combustible ha salido fuera de la vasija del reactor. De hecho, ni siquiera hay una imagen del núcleo derretido y derramado en la contención primaria.

En el reactor nº 4, el incendio de las barras de combustible, al quedarse sin refrigeración, produjo un incendio y una fuga extra de radiación. Hoy quedan por desmantelar cerca de dos tercios de las barras en una operación de alto riesgo en la que se podría llegar a fugar una carga radiactiva equivalente a la liberada en 14.000 bombas de Hiroshima.

En estas condiciones aparentar normalidad o dar una imagen de "vuelta a la rutina" con el regreso de unos pocos refugiados a sus casas resulta surrealista. Recordemos que existen unos 145.000 desplazados y se ha permitido la vuelta a solo unos 350, lo cual significa solo a un 0,2% y que gran parte de las familias con niños han renunciado al regreso.

Ecologistas en Acción recuerda que se están vertiendo al Océano Pacifico unas 300-400 toneladas de agua al día procedente de las corrientes de agua subterránea que bajan de las montañas y se mezclan con el agua procedente de los núcleos fundidos del complejo de Fukushima Daiichi. Asimismo, el OIEA, Organismo Internacional para la Energía Atómica, recomienda a Japón que vuelva a realizar vertidos controlados al mar para deshacerse del agua contaminada. Estas operaciones son inaceptables si queremos preservar la salud del ecosistema marino.

Por otro lado, el reactor número 1 de la central de Fukushima y Garoña son idénticos: BWR/3 con sistema de contención Mark I, diseñado y fabricado por General Electric, y empezaron a funcionar en 1971. La vida útil de la central burgalesa está agotada, pues ha tenido más de 40 años de funcionamiento comercial y es la única central en el Estado de las llamadas de primera generación. No podemos aceptar el someter a la sociedad española a riesgos de este calibre, y reiteramos que Garoña es prescindible dada la poca significación que tiene su aportación eléctrica, equivalente a un 1,3% de la producción eléctrica total, como demuestra además el hecho de que no ha funcionado desde diciembre de 2013.

Ecologistas en Acción pide al Gobierno español que abandone las políticas que favorecen tanto la energía nuclear como los combustibles fósiles (prospecciones en Canarias y Baleares) y apueste decididamente por las energías renovables y el autoconsumo.

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Tres cerezos por Fukushima

11 de marzo de 2014

Tres cerezos en recuerdo de las víctimas del accidente de Fukushima del que hoy se cumplían tres años. Durante una ceremonia se plantaron, frente al Ministerio de Industria, Energía y Turismo, estos árboles de gran simbología en Japón, además de leer un manifiesto denunciando que el peligro de la energía nuclear persiste y contamina el futuro.

Vestidos y vestidas de blanco en señal de luto, desplegaron pancartas reclamando un modelo energético basado en el ahorro, la eficiencia, y las energías renovables. Han recordado que el sistema eléctrico español podría funcionar sin centrales nucleares.

"Es un hecho que después de sesenta años de energía nuclear, sigue sin ser segura", se subrayó en el manifiesto. Pero, aun así "persiste la amenaza de Garoña, la central de las mil grietas, la más vieja e insegura de la Península Ibérica, hermana gemela del reactor número uno de Fukushima-Daichi", recordaron en alusión a la posible reapertura de la central burgalesa. Otras, como Almaraz, Cofrentes, Ascó, Trillo y Vandellós, también son un peligro constante.

"Peligro mudo, invisible amenaza, negro futuro" fue uno de los haikus pronunciados durante el acto mientras se repartían "sakuras" flores de cerezo, de papel.

Mientras más de 50.000 personas permanecen desplazadas por el accidente en Japón, en España sigue sin darse respuesta segura a un problema tan grave como el del tratamiento de los residuos radiactivos, que se acumulan en las piscinas de los reactores o en los almacenes en seco junto a algunas de las centrales. El procedimiento de asignación del cementerio nuclear en Villar de Cañas (Cuenca) no ha sido democrático, ni ha seguido criterios técnicos, si no que han sido motivos políticos los que han llevado a tomar esa decisión.

El acto se enmarca dentro de la conmemoración del tercer aniversario del accidente de Fukushima, que ha supuesto la realización de numerosas acciones en diferentes localidades: Plantaciones de árboles, despliegue de pancartas en puentes de carreteras, y concentraciones en varias ciudades como en Barcelona, Bilbaoo Córdoba.

11 de marzo de 2014. Tercer aniversario del accidente de Fukushima

Peligro mudo
Invisible amenaza
Negro futuro

Este es uno de las decenas de haikus que se leyeron hace ya dos años, en el primer aniversario del accidente nuclear de Fukushima. Poco ha cambiado. Quizás la evidencia de que la situación en la zona se encuentra lejos de estar bajo control. Quizás una mirada que debería ser madurada y reflexiva y una voz que se eleva y que reclama que tomemos nota. Hoy aún más de 50.000 personas siguen desplazadas, fuera de sus hogares y de su tierra. Hoy aún se siguen derramando al mar aguas contaminadas. Hoy aún se siguen derramando lágrimas.

Frente a la razón, la fuerza; la imposición frente a los hechos. Es un hecho que la energía nuclear es peligrosa, que contamina nuestro futuro y el de las generaciones que vendrán tras nuestros pasos, por miles de años. Es un hecho que las consecuencias son catastróficas, y que no merece la pena correr el riesgo. Es un hecho que después de 60 años de energía nuclear, sigue sin ser segura, y sigue sin existir solución a los residuos.

La energía nuclear sólo genera beneficios para los dueños del negocio. Se puede prescindir de ella, pero de nuevo se nos impone lo imposible, sin lógica y sin respeto. La lógica de la devastación indica un camino claro: Después de Fukushima, cerremos las nucleares. Es sencillo. Es posible. Con un calendario de cierre debatiremos el destino de las toneladas de residuos. Sin prisa y con transparencia. Sin chantajes y con rigor.

En su lugar, se impone, sin ningún criterio serio, el destino de los residuos radiactivos de las centrales nucleares del estado, bajo la incertidumbre de la cantidad total o del tiempo que permanecerán esos residuos en el cementerio nuclear. Y al mismo tiempo la amenaza de Garoña, la central de las mil grietas, la más vieja e insegura de la península ibérica, hermana gemela del reactor número 1 de Fukushima-Daichi. Y al mismo tiempo, la amenaza de las minas de uranio, y del Cabril, y de Almaraz, y de Cofrentes, Ascó, Trillo y Vandellós.

Voces unidas
¡Fukushima nunca más!
¡Renovables ya!

Porque no todo vale. Porque es un riesgo que no nos podemos permitir. Porque tenemos alternativas. El Sol hoy brilla, y seguirá brillando mañana. Es una realidad palpable, no es una utopía. La utopía es pensar que el uranio es el futuro, porque no hay futuro que no sea renovable. Ellos lo saben. Luchan denodadamente por prolongar su agonía, pero en esa lucha desesperada, puede ser que nos arrastren. Ellos lo saben. Tenemos alternativas

Cerezo en flor
amanece sin nuclear
renace el Sol

¡El futuro es renovable. Después de Fukushima, cerremos las nucleares!

Convocatorias

Fukushima: 201 incidentes en tres años

7 de marzo de 2014

Desde el accidente de Fuskushima, el 11 de marzo de 2011, se han producido 201 incidentes en la central japonesa. La situación sigue siendo catastrófica a pesar del tiempo transcurrido y de la capacidad tecnológica y económica de Japón: las fugas de agua radiactiva son frecuentes, todavía quedan 52.000 personas evacuadas y no hay un plan para desmantelar los reactores accidentados. Ecologistas en Acción ha publicado un informe sobre el desastre. Convoca estos días diversos actos para recordar la amenaza, que aquí sigue vigente con la posible reapertura de la central de Garoña, el proyecto de cementerio nuclear de Villar de Cañas y la ampliación del almacén de residuos en El Cabril.

El martes se organizará junto a la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético una concentración a las puertas del Ministerio de Industria, en Madrid, y una charla posterior con expertos en energía nuclear y vecinos de Garoña y Villar de Cañas. Antes se convocan actos en otras localidades, como la "ocupación de puentes atómicos" en Cuenca, en el marco de un llamamiento internacional, o la celebración del "primer mercado radiactivo" en Gijón.

La Autoridad de Regulación Nuclear japonesa (NRA por sus siglas en inglés) ha registrado más de dos centenares de incidentes desde el día del accidente, es decir, seis al mes. La gravedad de los mismos va desde accidentes laborales no nucleares hasta graves fugas de radiactividad de los tanques, que pueden ser clasificados como nivel 4 en la escala INES de sucesos nucleares. Este nivel correspondería a las fugas de agua radiactiva producidas el pasado mes de febrero y en agosto de 2013. Todos estos sucesos son distintos al accidente y muestran la dificultad para controlar la situación.

La población japonesa sigue sufriendo las consecuencias del siniestro: todavía quedan 52.000 personas que no pueden volver a sus hogares porque los niveles de radiactividad son demasiado altos; muchos niños se ven forzados a pasar poco tiempo al aire libre para reducir el tiempo de exposición a la radiactividad.

Algunos peces presentan niveles de radiactividad muy por encima de los permitidos y debe ser sometida a controles. La generación de miles de toneladas de agua contaminada y las frecuentes fugas al mar no han podido evitarse, llevando a la contaminación de aguas pesqueras y los ecosistemas marinos se contaminen. Ha sido incluso necesario forrar de cemento el suelo marino cerca de la central.

Cuando la radiactividad esté controlada en el territorio, será necesario plantearse el futuro de los seis reactores accidentados, especialmente de los números 1, 2 y 3, que sufrieron la fusión parcial o total del núcleo. El combustible gastado, los materiales más radiactivos, está al descubierto dentro de la vasija y su extracción será extremadamente difícil. Es posible que sea necesario sepultar los reactores bajo un sarcófago de hormigón para evitar las enormes dosis radiactivas y el aumento de radiactividad ambiental que implicaría su desmantelamiento.

El accidente de Fukushima debería servir a la industria nuclear en el mundo, y en particular a la española, como muestra de lo que puede llegar a ocurrir si se sigue usando esta fuente de energía. Lo más sensato es aprender la lección e ir prescindiendo paulatinamente de esta peligrosa y cara tecnología. Existen ya suficientes fuentes de energía limpias que pueden ir sustituyendo paulatinamente a las sucias, peligrosas y caras centrales nucleares. Por ello, Ecologistas en Acción ha convocado diversas acciones en España para reclamar el cierre escalonado de las centrales de nuestro país. La potencia que aportan es perfectamente prescindible puesto que existen alternativas limpias y seguras. En particular pedimos el cierre definitivo de Garoña, nos oponemos a la construcción el ATC en villar de Cañas y a la ampliación del cementerio nuclear de El Cabril en Córdoba.

Fukushima: la realidad que desafía la estadística

5 de marzo de 2014

La realidad desafía en ocasiones a la estadística, con consecuencias desastrosas en el caso del sector nuclear. Los cálculos de probabilidades apuntan a un accidente grave en el mundo con fusión del núcleo cada 200 años, pero han pasado muchos menos entre los últimos siniestros.

El de Fukushima demostró además que los fenómenos sísmicos y también los errores humanos pueden echar por tierra los cómputos teóricos. Tras cada accidente, la industria nuclear proclama que ha aprendido las lecciones y que las incorpora a los nuevos diseños en una carrera imposible contra los imponderables. En el caso de España, el riesgo es aún mayor, con la posible reapertura de una central vieja y peligrosa, la de Garoña, y la instalación de un cementerio nuclear en una zona inestable.

Ecologistas en Acción publica "Fukushima el accidente y sus secuelas en el tercer aniversario", un repaso por lo ocurrido y por las amenazas vigentes.

Entre el accidente de Harrisburg (1979) y el de Chernóbil (1986) pasaron casi 17 años y de éste al de Fukushima casi 25. Todo indica que la probabilidad real de accidente es diez veces mayor que la calculada. No hay garantías de seguridad suficientes para controlar lo incontrolable, ni siquiera cuando las centrales funcionan normalmente y los organismos reguladores (el CSN en el caso español) hacen su trabajo de forma rigurosa.

El accidente de la central de Fukushima nº1 se produjo el 11 de marzo de 2011. Un terremoto de grado 9 en la escala Ritcher al que siguió un tsunami una hora después generó la destrucción de los sistemas auxiliares de los seis reactores de la central, lo que finalmente dio lugar a un gravísimo accidente con la fusión de los núcleos de los reactores 1, 2 y 3, que estaban en funcionamiento y con severos daños en los otros tres reactores, que estaban en paradas de recarga o de mantenimiento. Las emisiones radiactivas alcanzaron el 40 % de lo que se produjo en Chernóbil y se extendieron por el interior de Japón y también por el mar. Junto a los seis reactores de esta central se accidentaron los cuatro de Fukushima nº2 y los cuatro de Onagawa, cuyo cierre ya ha sido decretado.

El accidente nuclear de Fukushima tiene dos características que lo hacen particular. Por un lado, se produjo en un país tecnológicamente muy avanzado y con instituciones democráticas, lo que muestra que la energía nuclear puede generar disgustos hasta en las situaciones más favorables. Por otro lado se desencadenó por un iniciador externo, con las implicaciones que esto tiene sobre la seguridad: se puede controlar el estado en que está la instalación nuclear, pero nunca se pueden prever todos los sucesos externos. La seguridad nuclear se convierte en algo demasiado complejo que depende de factores imprevisibles.

Se han cumplido ya tres años del accidente y la situación sigue siendo catastrófica, a pesar del tiempo transcurrido y de los medios tecnológicos y económicos de un país como Japón. La gestión en un primer momento fue muy deficiente y siguen registrándose errores de peso. Está siendo necesario recurrir a procedimientos totalmente nuevos para esta lucha desigual contra la radiactividad, lo que muestra lo lejos que estamos de controlar técnicamente la energía nuclear.

Todavía quedan 52.000 personas que no pueden volver a sus hogares porque los niveles de radiactividad son demasiado altos. Muchos niños se ven forzados a restringir el tiempo que pasan al aire libre para reducir el tiempo de exposición a la radiactividad. Algunos peces y cultivos presentan niveles de radiactividad por encima de los permitidos y deben ser sometidos a controles. El accidente motivó la evacuación de unas 142.000 personas y sus consecuencias para la salud se irán conociendo a lo largo de las futuras décadas, pero ya se ha registrado un aumento de cánceres de tiroides en los niños.

La generación de miles de toneladas de agua contaminada, y las frecuentes fugas al mar han motivado que las aguas pesqueras y los ecosistemas marinos se contaminen. Ha sido incluso necesario forrar de cemento el suelo marino cerca de la central. Las últimas fugas más graves se han localizado en los tanques de almacenaje que deberían servir para mantener a buen recaudo el agua procedente de los reactores. La empresa TEPCO se ha visto obligada a fabricar almacenamiento para 800.000 toneladas de agua.

Cuando la radiactividad esté controlada en el territorio, será necesario plantearse el futuro de los seis reactores accidentados, especialmente de los números 1, 2 y 3, que sufrieron la fusión parcial o total del núcleo. El combustible gastado, los materiales más radiactivos, está al descubierto dentro de la vasija y su extracción será extremadamente difícil. Es posible que sea necesario sepultar los reactores bajo un sarcófago de hormigón para evitar las enormes dosis radiactivas y el aumento de radiactividad ambiental que implicaría su desmantelamiento.

El accidente de Fukushima debería servir a la industria nuclear en el mundo, y en particular a la española, como muestra de lo que puede llegar a ocurrir si se sigue usando esta fuente de energía. Lo más sensato es aprender la lección e ir prescindiendo paulatinamente de esta peligrosa y cara tecnología. Existen ya suficientes fuentes de energía limpias que pueden ir sustituyendo paulatinamente a las sucias, peligrosas y caras centrales nucleares.

El impacto de Fukushima ha sido muy importante sobre la industria nuclear que ha visto como se truncaban sus planes de expansión en muchos países y como se ha reducido su contribución al mix energético mundial. En estos momentos la producción eólica supera con creces a la nuclear. La situación económica de los operadores de centrales también se ha visto afectada y sus acciones han sido declarados como bonos basura por Standard and Poors.

Sin embargo todavía se observa una resistencia a prescindir de esta peligrosa tecnología en países como España, donde la industria nuclear tiene una gran influencia política a pesar de los enormes problemas que genera. La energía nuclear es una tecnología inmadura, a pesar de sus 60 años de existencia, que todavía no ha resuelto sus problemas técnicos: riesgo de accidente, gestión de los residuos de alta actividad, proliferación nuclear y escasez del combustible.


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