Fukushima+6

  Sumario  

 2012

Desconectada la última central nuclear japonesa

4 de mayo 2012

Si se puede o no vivir sin nucleares es una pregunta que ya tiene respuesta. Japón, uno de los países más nuclearizados del mundo, acaba de desconectar de la red la última central nuclear que tenía en funcionamiento.

Tras la parada del reactor de Tomari, el más septentrional de todo el parque nuclear japonés, Japón se surte de electricidad a partir de otras fuentes, sin necesidad de haber construido nuevas centrales. Y eso a pesar de la gran aportación de las 54 centrales nucleares al sistema eléctrico japonés, que llegaba al 34,5%. Tras el accidente de Fukushima Daiichi, las centrales japonesas han ido parando una tras otra. Algunas de ellas como la de Onagawa o las propias de Fuskushima definitivamente y otras, en principio, de forma temporal para realizar operaciones de recarga o mantenimiento. Dada la enorme oposición a esta fuente de energía que se ha desarrollado en la sociedad y la desconfianza que se ha generado en torno a las empresas explotadoras de las nucleares, los operadores de los reactores no han obtenido permiso para volver a ponerse en marcha. De esta manera, Japón se encuentra en el presente sin aportación de las nucleares al mix eléctrico japonés sin que haya habido problemas de suministro en dicho país.

No es algo que deba sorprender. Por su propio funcionamiento, las centrales nucleares son incapaces de regular la producción, por una parte, y por otra, cuando paran lo hacen bruscamente, provocando una caída instantánea de alrededor de 1000MW en la red. Por lo tanto es necesario tener preparadas otras centrales, que puedan aportar a la red la potencia necesaria para sustituir los eventuales problemas que tengan las nucleares.
Sin ir más lejos, el año pasado estuvieron parados cuatro de los ocho reactores españoles, en tres ocasiones. Al igual que en Japón, la existencia de las nucleares obliga a tener disponible una potencia térmica fósil – de gas o carbón – de un orden similar, para evitar cortes bruscos de electricidad. Si se siguiera la misma política con las renovables, esto es, si éstas aportaran a la red toda la electricidad posible, salvo cuando las condiciones meteorológicas fueran adversas, gas y carbón solo aportarían un máximo del 25% de cobertura de la demanda, a lo largo del año.

Pero al estar obligada la red a absorber los 7700 MW nucleares, de forma constante – salvo las paradas no programadas provocadas por algún incidente y las programadas para recarga y mantenimiento– la potencia instalada de renovables tiene un límite muy inferior al que tendría si no existieran las centrales de uranio. Con ello también se aumenta la proporción de electricidad de origen fósil, no solo para sustituir a los reactores parados, sino para cubrir la parte de la demanda a la que no llegan las renovables, por no tener suficiente potencia instalada, con las ineficiencias que esto genera en el parque eléctrico. Ecologistas en Acción celebra que ya no quede ningún reactor en funcionamiento en Japón, y hace un llamamiento al Gobierno para que suspenda sus ataques a las renovables y determine un calendario de cierre de las centrales nucleares, innecesarias, caras, peligrosas y que generan unos residuos muy peligrosos para los que no hay solución durante miles de años.

11 de marzo de 2012

Un año de Fukushima

Asturianu Català

Se cumple el 11 de marzo un año del accidente de Fukushima-Daiichi, que mostró a las claras la imposibilidad de garantizar la seguridad de las centrales nucleares al 100%. Ecologistas en Acción demanda ante esta evidencia que los poderes públicos demuestren que han aprendido la lección y procedan al cierre escalonado de las nucleares españolas, empezando por Garoña.

Tal día como el 11 de marzo hace un año, la central nuclear de Fukushima-Daiichi sufrió un terrible accidente nuclear que ha dado lugar al segundo escape radiactivo más grave de todos los tiempos, tras el originado por el accidente de Chernóbil, el 26 de abril de 1986. En concreto, según lo cálculos realizados por investigadores de varias Universidades e Institutos de investigación de Noruega, Austria, EE UU y España, se fugó más del 20% de la radiactividad que escapó en Chernóbil.

Las consecuencias sobre la salud de las personas se conocerán dentro de 10 o 20 años, dadas las dosis sufridas ya por la población, y las que finalmente recibirá. Según estimaciones del Departamento de Energía de EE UU, la pluma de contaminación radiactiva que se desplazó hacia el Noroeste por efecto de los vientos, se ha encargado de distribuir por el territorio suficiente radiactividad para que las personas que habiten zonas a más de 50 km de Fukushima reciban dosis superiores a 20 mSv al año, es decir, superiores a las permitidas para el personal profesionalmente expuesto.

La contaminación se ha detectado ya en alimentos como arroz, espinacas, vacuno, algas y pescados. En el caso de estos dos últimos la contaminación procede de los vertidos accidentales y controlados de miles de toneladas de agua radiactiva. Los efectos de estos vertidos son desconocidos, puesto que nunca antes se había producido una contaminación del mar tan intensa.

En contra de lo que proclamaron los "expertos" tras producirse el accidente, que declararon que la situación estaría bajo control en pocos días, se ha tardado casi un año en llevar los reactores a parada fría. Incluso, se han observado aumentos de temperatura en el reactor 1, el más dañado, a los 11 meses del accidente, tras proclamar que la situación estaba controlada.

La gestión del accidente por la compañía propietaria, TEPCO, y por las autoridades japonesas se ha caracterizado por el secretismo y la mentira. Se tardó más de un mes en reconocer que el accidente tenía nivel 7, el máximo, en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES). Se negó la evidencia de que los reactores 1, 2 y 3 estaban parcial o totalmente fundidos, con la consiguiente expulsión de sustancias radiactivas pesadas de larga vida y la dificultad adicional que esto supone en el control de los reactores. Se negó también la evidencia de que los reactores ya habían sufrido daños con el terremoto, y no sólo con el tsunami. Se tardó en refrigerar los reactores más de 20 horas y se permitió que miles de personas recibieran grandes dosis radiactivas al retrasar la evacuación de zonas muy contaminadas más de dos semanas.

Todos estos sucesos han tenido lugar en Japón, una potencia tecnológica de primer orden y un país cuyo régimen pasa por estar homologado a las democracias occidentales. A pesar de eso, no se ha podido evitar este accidente ni se han controlado sus efectos ni se ha evitado la mentira.

Ante todos estos hechos, Ecologistas en Acción reclama del Gobierno español y del Consejo de Seguridad Nuclear que incorporen las lecciones de Fukushima-Daiichi y procedan a establecer un calendario de cierre escalonado de las nucleares, empezando por la central de Garoña (Burgos) -gemela de Fukushima- que no debería seguir funcionando ni un día más. Se debería seguir el ejemplo de muchos países que están ya reduciendo sus programas nucleares o estableciendo calendarios de cierre: Alemania, Bélgica, Suiza, Italia, Japón, etc.

Convocatorias 2012

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Cartel Un año de Fukushima 2012

Actos convocados por el aniversario del accidente nuclear:

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