Propuesta de generación eléctrica para 2020

Una alternativa ecologista, realista y de transición hacia un horizonte más sostenible

Javier González, coordinador del Área de Energía de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 68

Después de un largo debate interno, Ecologistas en Acción ha presentado su ‘Propuesta ecologista de generación eléctrica para 2020’ [1]. La alternativa permite un 73% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la producción de electricidad y prescindir del carbón, fuel y nucleares en 2020. Todo ello con el apoyo decidido a las energías renovables y pasando a titularidad pública muchas instalaciones.

En demasiadas ocasiones el trabajo de los grupos ecologistas se interpreta por algunos sectores de la sociedad como un “oponerse a todo”, que minimiza su credibilidad. Por eso era importante hacer una propuesta de generación eléctrica con un horizonte temporal lo suficientemente cercano como para que no cupiera duda de que quien la ha hecho no sólo sabe lo que quiere, sino que sabe cómo hacerlo.

La proximidad de 2020 ha marcado el carácter transitorio del documento, y ha forzado al realismo de forma palpable, obligando a mantener temporalmente formas de generación no renovables, de las que se podrá prescindir en el futuro.

Por otra parte era importante demostrar, con datos, que hay otra forma de hacer las cosas. Y lo más importante, esos datos hacen patente que no basta con soluciones técnicas –imprescindibles por otra parte– sino que son necesarios cambios en la legislación, la estructura e incluso en la titularidad de las instalaciones eléctricas, si se quiere caminar hacia un sistema eléctrico sostenible. Se trata, pues, de una propuesta transformadora también desde el punto de vista social, lo que la diferencia de otras presentadas hasta la fecha.

Escenario energético y de reducción de emisiones

Es urgente luchar con contundencia contra el cambio climático. En diez años ya se tienen que haber tomado medidas para que la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sea la establecida por los científicos para no sobrepasar el aumento de 1,5 ºC, evitando consecuencias catastróficas. Pero en diez años no hay tiempo suficiente para cambiar la estructura social y económica del mundo en que vivimos. Por ello se apunta además en la dirección de utilizar los recursos –renovables– de la forma más efectiva posible. Consecuencia de ello es la necesidad de construir 24.000 MW de energías renovables en grandes instalaciones, para sustituir la generación con gas, carbón y nuclear en la próxima década.

Sin embargo, en esos mismos diez años sí se pueden sentar las bases de una sociedad en la que la energía sea considerada un servicio público y no un negocio. En la que el transporte se reduzca de forma significativa y se realice de otra manera. Y en la que la producción de electricidad y las redes que la distribuyen caminen definitivamente hacia la descentralización y la sostenibilidad.

Una propuesta de generación eléctrica, por tanto, no se puede presentar de forma aislada. No se entendería fuera del contexto general de reducción de energía, necesaria para encajar unos objetivos coherentes de reducción del consumo eléctrico, y de reducción de emisiones de GEI (ver cuadro).

Algunas cifras significativas para 2020 (reducciones con respecto a 2009)

- Reducción de consumo eléctrico del 26%

- Reducción del 42,2% del consumo de energía primaria

- Reducción del 34,5% de consumo de energía final

- Reducción de emisiones del 73% en el sector eléctrico

- Cobertura de electricidad del 72% con renovables

- Reducción de emisiones del 45% (respecto a 1990)

Es necesario señalar aquí que la reducción en el consumo eléctrico es menor que en otros sectores. El motivo es que se supone que para 2020 una parte importante del transporte se realizaría con suministro eléctrico.

En la tabla 1 de la página 9 del documento puede observarse la dificultad de alcanzar los objetivos propuestos. También queda patente que las medidas propuestas por los gobiernos, incluso por los más avanzados, son ridículas frente a las que es necesario tomar.

El mix eléctrico en 2020

Según la propuesta, se puede prescindir de carbón, fuel y nucleares en 2020. Las renovables cubrirían el 72% de la demanda de electricidad y las emisiones del sector eléctrico se reducirían un 73% respecto a las de 2009. Todo ello es posible por dos razones: reducción en el consumo de energía eléctrica y sustitución de energías convencionales por renovables.

La demanda de energía eléctrica en 2020 sería de 200.000 GWh, que se cubrirían con gas y cogeneración (28%), por un lado, y con energías renovables el resto. Las renovables desplazarían a las formas de generación convencionales de forma irreversible.

El gas sería una energía de apoyo, a utilizar solamente cuando la solar y eólica no puedan cubrir la demanda por razones meteorológicas. Esta es la razón de mantener los 23.000 MW de potencia instalada. Ello disminuiría su aportación al mix en un 64% respecto a 2009. La pequeña aportación del gas en relación a su potencia instalada podría ser un ejemplo de la dificultad de compaginar beneficio económico y prestación de un servicio a la sociedad.

En el mismo caso estarían las centrales de biogás y biomasa, éstas renovables pero con graves impactos si en lugar de utilizarla como energía de apoyo se usan de forma continua. Éste podría ser el caso de un negocio, en el que cuanta más materia vegetal se queme, mayores serán los beneficios [2].

La cogeneración –producir electricidad con el calor generado por una actividad industrial necesaria– quedaría, junto con parte de la hidroeléctrica, como única energía de base, una vez eliminada la nuclear. Esta disminución en la energía de base es fundamental si se quiere aprovechar al máximo la intermitencia de las renovables. Precisamente la no flexibilidad de las centrales nucleares es una de las razones –por si había pocas para pedir su cierre– para que no tengan cabida en una propuesta de generación eléctrica dominada por las renovables.

La eólica sería una de las grandes protagonistas, alcanzando los 32.000 MW en tierra y otros 1.000 en el mar (30% de la potencia instalada). No se prevé más potencia eólica marina debido a la gran profundidad de la plataforma continental en las costas españolas, mientras no se desarrolle otra tecnología hoy por hoy en fase de investigación.

La solar, fotovoltaica y termoeléctrica, compartiría protagonismo con la eólica con 13.500 y 7.000 MW, respectivamente. La última con la particularidad de que parte de su energía sería aprovechable en función de la demanda, en el caso por ejemplo de las centrales que utilizan sales fundidas [3].

La hidroeléctrica cubriría también una parte importante de la demanda. Por una parte como energía de base en aquellos casos en que el vertido de agua tenga que ser continuo, por ejemplo en centrales de abastecimiento o para mantener el caudal del río. Pero también para complementar la intermitencia de sol y viento. Se propone un aprovechamiento mayor de este tipo de energía, por haber una cantidad significativa de embalses que no se aprovechan para generar energía eléctrica –porque la empresa propietaria lo utiliza para riego o abastecimiento humano–, o lo hacen en menor medida de lo que podrían hacerlo. En ningún caso se contemplan nuevos embalses o subida del nivel de las presas. En este caso, y en las centrales de bombeo [4], la titularidad de las mismas puede suponer un serio problema a su utilización en las necesarias condiciones de servicio público.

Impactos ambientales y sociales

Los impactos derivados de la propuesta también son tenidos en cuenta. En primer lugar, el carácter transitorio ya señalado obliga a mantener centrales de gas y grandes embalses contra los que se han librado luchas históricas. Esto no pasa de ser un ejercicio de responsabilidad por diferentes razones, pero el cierre de estas instalaciones sigue siendo un objetivo a partir de 2020.

Por otro lado la construcción de tal cantidad de instalaciones renovables hace necesario un aumento en el número de kilómetros de cableado de la red. Por ello se contempla el enterramiento de líneas de voltaje inferior a 66 kV, y el aprovechamiento de una misma línea para recorrer varias instalaciones.

También es importante hacer notar que, a pesar de que los impactos sean mucho menores que los que se derivarían de la utilización de combustibles fósiles y nucleares, la deuda ecológica española se seguiría incrementando, y también hay que tener en cuenta el aumento de la superficie artificializada.

Conclusiones

Es imprescindible un importante y rápido recorte en el consumo de energía y de emisiones de GEI. Con esta propuesta se demuestra que es posible hacerlo prescindiendo del carbón, fuel y nucleares en 2020 para la generación de electricidad. Para ello es necesario un apoyo decidido a las energías renovables, en grandes y pequeñas instalaciones, y un nuevo marco regulatorio del sector eléctrico que implicaría en buena parte de las instalaciones una titularidad pública.

El camino hacia un sistema eléctrico 100% renovable, en el marco de una sociedad sostenible desde todos los puntos de vista, no es una utopía. Es posible si hay voluntad política. Propuestas como ésta lo demuestran.