La basura que nos espera

En breve se aprobará la nueva y deficiente Ley de Residuos.

Leticia Baselga, coordinadora del área de Residuos de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 68

La obsolescencia programada, los bienes de usar y tirar y el modelo de consumo delirante y compulsivo de nuestra sociedad generan enormes y crecientes cantidades de basura sin que la administración se decida a tomar medidas eficaces para evitarlo. De hecho, la nueva Ley de Residuos no servirá para poner coto a este despilfarro.

En 2010 generamos en nuestro país el doble de basura doméstica que en 1990, unos 27 millones de toneladas. Son 600 kilos por persona al año, 1,6 kilos por persona y día. Casi el 70% fue eliminado en un vertedero o incinerado y el resto reciclado o compostado de algún modo, menos de lo que exige la normativa de la Unión Europea, que tampoco es muy ambiciosa: sólo obliga a reciclar el 50% de los residuos municipales… para 2020.

Este año se aprobará la nueva Ley de Residuos, un marco normativo que regulará la futura generación y gestión de residuos y en la que deberán basarse las Comunidades Autónomas para elaborar sus propias legislaciones. Es positivo que la ley diferencie claramente el compost, obtenido exclusivamente de biorresiduos limpios, del material bioestabilizado que procede de residuos mezclados. También es un avance que se incluyan el ruido y los olores como factores a considerar dentro de la política de residuos y que se obligue a los productores a gestionar los residuos de sus productos adecuadamente y a hacerse cargo de los correspondientes costes.

Pero esta ley sigue fomentando la cultura del usar y tirar. No fomenta la reducción, no pone medidas para acabar con el derroche actual de los recursos naturales, necesarios para la producción de los bienes de consumo. Tampoco plantea sistemas alternativos a la gestión actual de residuos, a pesar de que muchos de los sistemas actualmente en vigor han demostrado con creces su ineficacia, como la nefasta gestión de los envases ligeros del contenedor amarillo que realiza EcoEmbes. Considera la incineración como operación de valorización en vez de eliminación y no establece la obligatoriedad de instaurar ningún sistema de depósito, devolución y retorno de envases (pagar por los envases al comprar el producto y recuperar el dinero al devolverlos).

En cuanto a la eliminación de las bolsas de plástico de un solo uso, que se antoja sencilla viendo cómo se han prohibido en otros países sin problema, en España está siendo aplazada una y otra vez debido a la reticencia del poderoso lobby del plástico y la pusilanimidad de los legisladores.

Reducir la cantidad de basura no da dinero a ninguna empresa, que cuanta mayor cantidad gestionan, más ganan; la prevención, al contrario, sólo aporta beneficios al interés general, al contribuyente, a la salud y al medio ambiente. Es evidente que en este asunto también sigue mandando el capital.

Incineración

La industria incineradora se frota las manos desde que la Directiva Marco de Residuos de 2008 fomentara esta opción, sin que tuviera nada que ver que Caroline Jackson, eurodiputada inglesa encargada de preparar el informe previo para el Parlamento europeo, trabajara para una empresa de este sector. En España, la futura Ley de Residuos hace lo propio y, a pesar de las numerosas alegaciones que así lo exigían, no fija una tasa que convierta la incineración en una opción cara para los ayuntamientos [1].

Además de la contaminación atmosférica y de las enfermedades que provoca [2], la incineración de residuos produce cenizas y escorias altamente tóxicas, agrava el cambio climático y destruye materiales que podrían ser recuperados, como papel, plásticos y restos orgánicos. Es una solución muy cara, de tecnología sofisticada y delicada –la construcción de una incineradora cuesta decenas de millones de euros, por no mencionar su mantenimiento–, detrae fondos que podrían destinarse a reducir, recuperar y reciclar, y genera muchos menos puestos de trabajo que los programas de basura cero.

En cuanto a la producción de electricidad por estas instalaciones, numerosos estudios coinciden en que su eficiencia es muy pequeña, las emisiones de CO2 proporcionalmente son más elevadas que las de otras tecnologías de generación eléctrica y el ahorro energético que se podría obtener con medidas de prevención, reutilización y reciclaje es muy superior a la energía que se recupera en una incineradora.

En los últimos años Ecologistas en Acción ha elaborado y propuesto varios planes de gestión de residuos municipales alternativos a la incineración –para Asturias, Ceuta o Melilla, entre otros– en los que, con mucho menor coste, se crean puestos de trabajo y se recuperan materiales de alto valor comercial [3].

Alternativas: consumo responsable, basura cero y recogida puerta a puerta

España, en comparación con otros países industrializados, tiene unos niveles bajísimos de recogida selectiva y aprovechamiento material. Tenemos que invertir en políticas de prevención, recogida selectiva, reutilización, reciclaje y compostaje de residuos limpios.

Los planes de Basura cero tienen como objetivo que vayan desapareciendo las soluciones de final de tubería, léase vertederos e incineradoras. Se trata de implantar un cambio de modelo de producción y consumo, un concepto de vida sostenible en el que los productos se diseñen para ser reparables y duraderos y en el que la basura se considere como un recurso más. Cada vez hay más ciudades en todo el mundo que ponen en marcha políticas de reducción y tratamiento de los residuos basados en esta idea.

Teniendo en cuenta que el óptimo aprovechamiento de los recursos contenidos en los residuos exige la separación en origen, un sistema que da un resultado excelente es la recogida puerta a puerta [4], basada en la entrega segregada de las distintas fracciones según un calendario preestablecido. Es el sistema que utilizan por ejemplo la ciudad de Bruselas y casi un centenar de municipios catalanes y vascos. La primera ciudad en aplicar un plan “Basura cero” fue Canberra, Australia, en 1995; le siguió la ciudad de San Francisco, Estados Unidos (7.000.000 habitantes) que logró reducir la basura municipal un 50% en 10 años.

Una buena política de recogida diferenciada y de reciclaje y aprovechamiento de la basura crea empleo y consigue que los municipios ahorren e incluso ganen dinero con la venta de los materiales. El ayuntamiento de Logroño, por ejemplo, ganó en 2008 más de medio millón de euros por este concepto [5].

El reciclaje podría crear 500.000 empleos en Europa
Si en la Unión Europea se reciclara el 70% de los principales flujos de residuos municipales, comerciales, industriales y de construcción y demolición, se podrían crear más de 500.000 puestos de trabajo [6]. Actualmente la Directiva Marco de Residuos obliga a reciclar el 50% de los residuos municipales para 2020.

El reciclaje de los residuos crea diez veces más puestos de trabajo que su eliminación en vertedero o por incineración, destino final de más de 5.000 millones de toneladas de material reciclable al año en la UE. Si se reciclara todo este material, se ahorraría el equivalente de 148 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, es decir, el equivalente de retirar unos 47 millones de coches con motor de gasolina de la circulación.

En 2009, cuando el gobierno promulgó varias medidas anticrisis de fomento del empleo, Ecologistas en Acción propuso que se considerara mejorar la gestión de los residuos como una fuente de puestos de trabajo.

Mafia y residuos
Son frecuentes las noticias de escándalos y corrupciones relacionados con los contratos de gestión de residuos, como ha ocurrido recientemente en Orihuela (Alicante), Murcia o Mallorca. Esto se debe a las enormes cantidades de dinero que se manejan en este ámbito y lo fácil y rentable que resulta burlar la ley. Y lo difícil que es conseguir que se persigan estos delitos, como comprueban a diario las personas de Ecologistas en Acción que denuncian las irregularidades.

Esto no ocurre sólo en España. En Italia, la gestión de la basura urbana y peligrosa está en manos de organizaciones criminales, como la Cosa Nostra de Sicilia, la Ndrangheta reggina de Calabria, la Sacra Corona de Puglia o la Camorra napolitana, encargadas de la recogida, el almacenamiento y el reciclaje [7].

Un informe de la organización ecologista italiana Legambiente [8] denuncia que hace décadas que la Camorra se lucra con la basura en Nápoles y sus alrededores. El negocio consiste en tirar las basuras tóxicas en el campo y taparlas, sin más. Con el tiempo se ha ido formando una fuente de contaminación a la que se atribuye una tasa anormalmente alta de ciertos tipos de cáncer en la región. Legambiente estima que la mafia obtuvo ganancias ilegales de unos 7.000 millones de euros en 2009 gracias a la basura, “unas ganancias superiores a las de la mayor industria italiana, FIAT, o las de Benetton”, afirma Roberto Saviano, autor del libro Gomorra.

Por cierto, en este momento todavía quedan ocho millones de toneladas de basura en balas en la región de Campania, según ha denunciado el comisario europeo de medio ambiente Janez Potočnik.

Basura y cambio climático
“Las ventajas que para el clima tiene la adecuada gestión de los residuos residen en evitar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) procedentes de los vertederos, de reducir la extracción y procesado de materias primas que se sustituyen por los materiales recuperados y de fijar el carbono al suelo al aportar compost. En particular, existe el consenso global de que es mucho más beneficioso para el cambio climático reducir la cantidad de residuos y reciclar que cualquier tecnología de tratamiento, incluso cuando se recupera energía durante el proceso.

“Aunque la jerarquía de gestión de residuos establece que la prevención es la primera opción, ésta es la que recibe generalmente menos recursos y esfuerzo. A pesar de ser generalmente ignorado, el sector informal de clasificación y reciclaje contribuye de modo muy significativo a la recuperación de recursos y al ahorro de GEI en las ciudades de los países en desarrollo”.

PNUMA: Residuos y cambio climático, diciembre de 2010 [9].

Sistemas de retorno de envases
De los 18.000 millones de envases que circulan al año en España, un 80% acaba en vertederos e incineradoras.

El sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) es la mejor solución para reducir la cantidad de envases en circulación, porque está comprobado que de esta forma se recoge cerca del 90% de los envases, sin mezclar con otros restos, lo que permite obtener unos materiales para reciclar de óptima calidad comercial. Así se compensa el coste del sistema. Es lo que ocurre en Alemania, Dinamarca, Holanda, Croacia, varios Estados de Canadá y de Estados Unidos, entre otros países donde hace años que funciona este sistema.

En diciembre de 2010, en Madrid, se constituyó la asociación Retorna, formada por ecologistas, consumidores, sindicatos, recuperadores, etc. que aboga por volver a implantar el sistema de retorno de envases en nuestro país. La devolución se hace en una máquina que identifica si vale para ser reutilizado o rellenado, o si se comprime (si es de un solo uso) para reciclar el material. Una vez reconocido el envase, la máquina entrega un ticket al cliente, que puede usarlo como vale descuento o convertirlo en dinero.

Si el envase es de un solo uso, la máquina lo compacta y lo separa por material, pero también puede recuperarlo para su reutilización. En cualquier caso, la ley debe amparar y fomentar esta opción de recuperación en todo el país para evitar diferencias entre Comunidades Autónomas. La gran ventaja de este sistema es que la responsabilidad recae sobre la industria y no sobre el contribuyente.