Ecología profunda

La obra de Arne Naess, rica en elementos para la transformación cultural.

Elisa Iglesias. Revista El Ecologista nº 61

La manida situación ‘actual’ de crisis, entendida en un sentido más amplio, como la expresión de un modelo de civilización en decadencia, abre un espacio para la reflexión y el replanteamiento de nuestro sistema de valores. Si el proyecto del decrecimiento en el gasto global de materia y energía se perfila cada vez con mayor fuerza como el camino para superar la irracionalidad del sistema socieconómico, quizá sea interesante examinar –someramente– las propuestas de la ecología profunda (‘deep ecology’). Uno de sus fundadores, el filósofo noruego Arne Naess, falleció el pasado mes de enero dejando atrás una obra que permanece inédita en nuestro país.

La ecología profunda surge en el mundo anglosajón como corriente filosófica a finales de los años sesenta, vinculada con la revolución ecologista y los movimientos contraculturales de la época. Las posiciones defendidas por la ecología profunda han sido objeto de tantas controversias y críticas que merece la pena indagar en las razones que indujeron, por ejemplo, al cineasta y ecologista de moda, Al Gore, a calificarla como una filosofía “intrínsecamente misántropa” en la que el ser humano es “un alien en la Tierra” [1], o al intelectual francés Luc Ferry a concluir que “se puede decir legítimamente que la ecología profunda hunde algunas de sus raíces en el nazismo y alza sus ramas hasta las esferas más extremas del izquierdismo cultural” [2]. Y observamos que, en casi todos los casos, el pretendido radicalismo de la ecología profunda estriba en su crítica del antropocentrismo y de aquellos fundamentos culturales de Occidente que han abocado al mundo a la crisis multidimensional que enfrenta desde hace tiempo.

Según el propio Naess, creador del término, la ecología profunda o de amplio alcance (deep, long-range ecology) se distingue de la ecología superficial o de corto alcance (shallow, short-range ecology) en un cuestionamiento más hondo de las causas y fundamentos de la crisis ecológica. Partiendo del reconocimiento del valor inherente de la diversidad ecológica y cultural de todos los seres vivos, su enfoque no se limita a aquello que pone en peligro el bienestar o la supervivencia de la especie humana. La ecología profunda declara la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos y el hecho de que, como individuos y como sociedades, estamos inmersos en (y finalmente dependientes de) los procesos cíclicos de la naturaleza.

Un marco conceptual coherente con los nuevos paradigmas

Implica, pues, una visión holística o ecocéntrica compartida por muchas tradiciones espirituales de Oriente y Occidente. Pero más allá de consideraciones místicas, según el físico téorico Fritjof Capra, uno de sus más célebres seguidores, el marco conceptual de la ecología profunda es coherente con los descubrimientos científicos del s. XX, que, sin pretender ofrecer una comprensión completa y definitiva de las leyes naturales, han socavado los pilares de la mecánica newtoniana y el paradigma cartesiano que impregnan la economía, la sociedad y la cultura. Capra advierte que “las distintas facetas de la crisis son facetas de una misma crisis de percepción”, “de una visión del mundo como un sistema mecánico compuesto de piezas, del cuerpo humano como una máquina y de la vida en sociedad como una lucha competitiva por la existencia” [3], perspectivas ya superadas por el ecologismo y la vanguardia científica.

Así, la nueva comprensión de las formas vivas del pensamiento sistémico –cuyos criterios clave fueron formulados en los años 30 por los biólogos organicistas, los psicólogos de la Gestalt, y los ecólogos– junto a los descubrimientos de la física cuántica, la teoría de la relatividad y las matemáticas de la complejidad, constituyen la vanguardia científica de un cambio de paradigmas necesario para restablecer los vínculos entre el hombre y la naturaleza. El cambio cultural hacia el nuevo paradigma ecológico requerirá, como apunta Capra, la “alfabetización ecológica” del conjunto de la sociedad [4].

En esta línea los ocho puntos la ecología profunda (ver cuadro) se proponen como una plataforma de concienciación ecológica de vocación universalista. Están formulados de manera lo bastante amplia como para ser interpretados y adaptados en diferentes países y contextos. Naess insistió en el carácter plural y transcultural del movimiento de la ecología profunda, cuyos últimos fundamentos pueden derivarse de distintos sistemas filosóficos, creencias éticas o religiosas. En su defecto, invitaba a la creación de eco-sofías personales de vida fundamentadas en esos mismos principios y valores biocéntricos. Los ocho puntos pretenden ser también una plataforma común de trabajo que, en diferentes niveles de concreción, impulse los cambios necesarios, en lo individual y en lo colectivo (ver diagrama). La representación del diagrama es sólo ilustrativa, no pretende restar creatividad a la evolución del propio movimiento, que Naess continuó redefiniendo hasta el final de su vida.

El igualitarismo ecocéntrico que propone la ecología profunda tampoco ha estado exento de críticas por parte de representantes del ecologismo social y el eco-feminismo en el mundo anglosajón. En su crítica del antropocentrismo como ideología legitimadora del afán de dominio y destrucción de la naturaleza, algunas expresiones un tanto excesivas de sus seguidores fueron recurrentemente tachadas de misántropas. Ajeno a las polémicas y receloso del dogmatismo, Naess les restó importancia argumentando la inutilidad de buscar explicaciones unívocas a la crisis ecológica. En su opinión ahondar en las diferencias sólo aportaba confusión, pues, en la práctica, los tres movimientos cooperan y se enriquecen mutuamente. Como activista y gran conocedor de los métodos de resistencia no violenta de Gandhi, Naess abogaba por la convergencia del ecologismo con los movimientos por la paz y la justicia social a nivel global en lo que denominó el Movimiento Verde para el Cambio Social (Green Movement for Social Change) [5].

Profundizar en la naturaleza humana

Uno de los conceptos clave de la filosofía profunda, del que Naess se sirvió para articular su propia eco-sofía de vida (Ecosophy T, en homenaje a Tvergastein, un recóndito lugar de la costa noruega donde solía recluirse a trabajar y practicar montañismo) es la auto-realización, si bien interpretada de manera diferente a la habitual. Naess defendía la necesidad de profundizar y redescubir la naturaleza humana. Consideraba que el estilo de vida occidental y los prejuicios y convenciones sociales limitan la evolución del individuo, le impiden madurar y realizar su potencial inherente.

Para Naess la maduración del individuo conlleva una progresiva identificación con todos los seres vivos, humanos y no humanos. En este proceso el sentido de pertenencia a un lugar y un paisaje concretos –que pueden ser de elección, no tienen que coincidir con los natales– es importante para fortalecer el vínculo individual con la Tierra. Experimentar la naturaleza permite valorar la singularidad y la diversidad de las formas vivas. En una observación atenta y continua de la naturaleza el dualismo entre sujeto y objeto termina desapareciendo. Las fronteras del “yo” se ensanchan ayudándonos a experimentar una íntima sensación de unidad con algo que nos sobrepasa. Aumenta la empatía con todo lo vivo, la conciencia de sus interrelaciones.

Conjugada con un trabajo interior y paulatino esta experiencia permite el desarrollo del “Yo-Ecológico”, que, conforme al principio general de la interdependencia de los seres vivos, comprende que la realización de su potencial inherente está íntimamente conectada a la de los demás. No se trata, por tanto, de la realización de los deseos e inquietudes personales desde una perspectiva egotista, sino de una profundización y extensión del “Yo” en la que participan todos los seres vivos, y de las que el cuidado, el respeto y el amor se derivan como consecuencias naturales. El altruismo deja de ser entonces un deber moral para convertirse en la expresión de un destino conscientemente compartido.

Una obra inspiradora de cambios culturales

A lo largo de los años, Naess realizó estudios comparados de tradiciones, filosofías y prácticas orientales (budismo Mahayana, zen, taoismo, entre otras) con métodos analíticos del racionalismo occidental y, fundamentalmente, con la obra de Spinoza. El resultado es una brillante síntesis filosófica que combina sabiamente la contemplación y la acción. Sus ensayos, de gran calado ético y moral, animan al lector en la búsqueda de un pensamiento libre y creativo. Aportan elementos tanto para la reflexión íntima que dirime las constantes contradicciones a que nos enfrenta la complicación estructural de la vida contemporánea como para la acción directa e inmediata. Sugieren cambios en pautas de comportamiento y estilos de vida; métodos y herramientas para enfocar los problemas de la globalización, contextualizarlos y comunicarlos en un lenguaje adecuado; propuestas para la cooperación internacional frente a la crisis ecológica e ideas para la transición a sociedades post-industriales.

Los cambios de percepción, valores y estilos de vida que propone la ecología profunda se inscriben en una cosmovisión todavía minoritaria. Sus planteamientos son compartidos por personas de muy diversas ideologías y procedencias comprometidas en trabajar por reconducir la senda insostenible y destructiva del modelo de civilización actual. Pese a que su horizonte es el largo plazo, su invitación al activismo no-violento es inmediata, ya que, como afirmaba Naess, de la energía transformadora de ese “movimiento verde para el cambio social” dependerá en gran medida el curso de los acontecimientos de las próximas décadas.

Por su activismo, sus investigaciones interculturales y una labor académica interdisciplinar que abarca ámbitos como la epistemología conductista, la semántica empírica y la teoría de la comunicación, los métodos de acción y resistencia no violenta de Gandhi, las filosofías de Spinoza y Wittgestein, la teoría de los sistemas normativos y la ontología gestáltica, la obra de Naess resulta tan novedosa como inspiradora de los cambios culturales por venir. Su traducción y difusión en nuestro país es, sin duda, una asignatura pendiente.

Plataforma de la ecología profunda
1. El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no-humana en la Tierra tienen un valor intrínseco, con independencia de la utilidad que lo no-humano pueda tener para los propósitos humanos.

2. La riqueza y la diversidad de las formas de vida contribuyen a hacer realidad estos valores y son, por tanto, valores en sí mismos.

3. Los seres humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y diversidad, excepto para satisfacer necesidades humanas vitales.

4. El florecimiento de la vida y cultura humanas es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana necesita esta disminución.

5. Actualmente la intervención humana en el mundo no-humano es excesiva, y la situación está empeorando rápidamente.

6. Por esta razón, las políticas deben cambiar. Estas políticas afectan a las estructuras básicas de la economía, la tecnología y la ideología. El estado que resulte será profundamente distinto del presente.

7. El cambio ideológico consiste principalmente en apreciar la calidad de la vida, más que buscar incrementar el estándar de vida. Habrá una toma de conciencia profunda de la diferencia entre lo grande (big) y lo importante (great).

8. Aquellos que suscriban estos puntos tienen la obligación de intentar realizar, directa o indirectamente, los cambios necesarios.




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