Campaña Mercurio Cero

Un reciente acuerdo internacional permitirá su eliminación en todo el mundo.

Leticia Baselga, coordinadora del Área de Residuos de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 61

Desde hace mucho tiempo se conocen los efectos perjudiciales del mercurio sobre la salud humana y los ecosistemas. Pero en febrero de 2009 se alcanzó un acuerdo internacional que permitirá la adopción de medidas para erradicar de todo el mundo este contaminante.

La campaña internacional Mercurio Cero empieza en noviembre de 2004, con la colaboración de los grupos de trabajo Ban Hg Working Group, Mercury Policy Project y el Buró Europeo de Medio Ambiente (EEB), coalición de la que es miembro Ecologistas en Acción. Su objetivo es reducir la oferta y demanda de mercurio y las emisiones de toda fuente controlable, a fin de disminuir en lo posible su presencia en el planeta. En 2005, nace el Grupo de Trabajo Mercurio Cero/ Zero Mercury Working Group, un grupo de ONG de Europa, EE UU, Canadá, India, Brasil, Sudáfrica y China.

El grupo vigila de cerca las políticas europeas referentes al mercurio, en particular las propuestas contenidas en la Estrategia Comunitaria sobre el Mercurio [1], presiona al sector del cloro-sosa para que abandone la tecnología de celdas de mercurio y ayuda técnica y financieramente a cuatro organizaciones de países en desarrollo a poner en marcha medidas que reduzcan el riesgo que supone esta sustancia. A nivel internacional, el Grupo de Trabajo Mercurio Cero participa activamente de las negociaciones que tienen lugar en el Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente (PNUMA) para alcanzar un acuerdo internacional legalmente vinculante sobre el mercurio.

Su actividad en España consiste, además, en hacer el seguimiento del cierre de Minas de Almadén (Ciudad Real), la mayor mina de mercurio del mundo, que tras el abandono de la extracción recibe y vende el mercurio procedente de las plantas de cloro que se van convirtiendo a tecnología de membrana.

¿Por qué el mercurio?

El mercurio es un elemento natural cuya cantidad total existente en el planeta no se puede cambiar. Sin embargo, la actividad humana puede liberarlo de depósitos relativamente estables y hacer que circule por el aire, el agua y la cadena alimentaria, convirtiéndolo en derivados más tóxicos. Así, las principales fuentes antropogénicas son aquellas actividades que emiten el mercurio contenido en las materias primas (por ejemplo, quemando carbón) y las que lo utilizan en diferentes productos (barómetros, fluorescentes) y procesos (industria, minería).

La ONU, la UE y la comunidad científica llevan años advirtiendo de los efectos nocivos del mercurio, una sustancia que afecta al desarrollo cerebral y produce graves daños neurológicos. Según el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente: “En altas dosis puede ser fatal, pero incluso en pequeñas dosis puede tener impactos adversos serios en el desarrollo neuronal y se le vincula con daños en los sistemas cardiovascular, inmunológico y reproductivo”. Es especialmente peligroso para las mujeres embarazadas y en edad fértil, que pueden acumularlo en su organismo y traspasárselo a sus hijos.

La Evaluación Mundial sobre el Mercurio del PNUMA ya advertía en 2003 que los altísimos niveles de mercurio presentes en el medio ambiente mundial suponen una seria amenaza para los ecosistemas y la salud humana. Este informe explica cómo el mercurio circula por el agua, el suelo, los sedimentos y sobre todo por el aire, depositándose y movilizándose continuamente y apareciendo en regiones muy alejadas de la fuente de emisión. El mercurio depositado puede formar metilmercurio, cuya capacidad de acumularse en organismos y de concentrarse en las cadenas tróficas, especialmente en la cadena alimentaria acuática, hace que muchos peces de consumo habitual, como el atún o el pez espada, contengan cantidades de mercurio que pueden afectar la salud de los consumidores.

La industria del cloro-sosa

Las principales consumidoras de mercurio en la UE son las plantas de cloro-sosa con celdas de mercurio, una tecnología inventada en el siglo XIX y superada desde hace años por el proceso de membrana, de producción limpia y que consume un 30% menos de energía. EuroChlor, organismo que reúne a las principales empresas productoras europeas, asegura que las emisiones de mercurio de estas fábricas rondan 1 g por tonelada de cloro producida, pero las cantidades de mercurio que compran estas empresas, los desfases en los balances [2] y los informes de las plantas de cloro de tecnología similar de EE UU, que reconocen un consumo de unos 4-5 g Hg/t Cl2, hacían suponer un consumo superior.

La campaña Mercurio Cero realizó análisis de mercurio en el aire en los alrededores de las plantas de cloro-sosa con celdas de mercurio en España, Italia, República Checa, Francia y Alemania. En España las mediciones se hicieron en colaboración con el Departamento de Ingeniería Geológica y Minera de la Universidad de Castilla-La Mancha. Así pudimos comprobar que las ocho plantas que utilizan mercurio emiten importantes cantidades de mercurio al aire, muy superiores a los niveles que la OMS recomienda no sobrepasar, además de verterlo al agua y al suelo, y con la agravante de que algunas, como la de Flix (Tarragona), están situadas en zonas residenciales e incluso tienen un parque infantil en la puerta [3].

Los resultados de estos muestreos sirvieron para elaborar un informe que concluye que la industria europea del cloro-sosa libera en realidad hasta cinco veces más mercurio de lo que pretende [4]. Los valores medidos en España se utilizaron para una Comunicación en el 3º Simposio de Medio Ambiente de Atenas en mayo de 2008 [5]. Este trabajo logró que en la República Checa la fecha de conversión pasara de 2015 a 2012 y 2014 en las dos plantas de cloro del país, mientras que en Francia los altísimos niveles de mercurio medidos están obligando al gobierno a revisar los permisos concedidos.

Por el contrario, en nuestro país la industria del cloro no sólo ha conseguido evitar cualquier medida concreta para eliminar el mercurio del proceso productivo, sino que ha firmado un acuerdo voluntario de eliminación del mercurio... ¡en 2020! Un incumplimiento evidente de la decisión firmada por España en 1990 en el marco del Convenio OSPAR, por el que las plantas de cloro debían convertirse a tecnologías limpias antes de 2010.

La directiva IPPC

La industria del cloro-sosa está sometida a la directiva IPPC (Prevención y Control Integrados de la Contaminación), que fijaba el 30 de octubre de 2007 como fecha límite para que las instalaciones industriales obtuvieran su autorización ambiental integrada. La intención de esta directiva era mejorar el comportamiento ambiental de la industria europea, previniendo en origen la contaminación mediante la implantación de las Mejores Técnicas Disponibles, el establecimiento de valores límites de emisión al aire, las aguas o los suelos y la preservación de la salud pública y el medio ambiente.

Según esta directiva, el proceso de obtención del cloro con cátodos de mercurio no es la Mejor Técnica Disponible, por lo que estas instalaciones hubieran tenido que cerrar o convertirse en la fecha fijada. Mercurio Cero vigiló de cerca la tramitación de estos permisos, a los que hizo alegaciones, y mantuvo reuniones con las administraciones de las diferentes Comunidades Autónomas responsables de otorgarlos. Pero como la autorización queda en último término a criterio de las autoridades locales, a pesar de los esfuerzos todas las plantas, incluso las más contaminantes y obsoletas, han obtenido la autorización de seguir funcionando con mercurio.

En diciembre de 2008, el Grupo de Trabajo Mercurio Cero presentó el informe “Industria europea del cloro-sosa: ¿está contribuyendo la Directiva IPPC a lograr una industria sin mercurio?” [6], cuyas conclusiones han sido enviadas al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.

Mercurio en pescado

El resultado más globalizado y preocupante de la contaminación por mercurio es su presencia en el pescado hasta unos niveles que desaconsejan su consumo, especialmente por mujeres en edad fértil, niños y adolescentes. Los españoles ocupamos el 5º puesto mundial como consumidores de pescado, con 44,7 kg anuales per cápita. La alta volatilidad del mercurio hace que se acabe depositando a miles de kilómetros de la fuente de emisión, como en el Ártico o en los lagos escandinavos, y que se detecten con frecuencia grandes cantidades de este contaminante en peces como la tintorera, el pez espada, el mero, el marrajo o el atún tojo.

Un objetivo de la campaña es concienciar e informar a los ciudadanos y a las autoridades de la amenaza que el mercurio representa. En el caso español, Ecologistas en Acción publica regularmente en su web las alertas por mercurio en pescado del Sistema Europeo de Alerta Rápida y ha editado una Guía de Mercurio en Pescado [7], ampliamente difundida.

En 2008, el Grupo de Trabajo Mercurio Cero llevó a cabo unas pruebas de detección de mercurio en pescado analizando muestras de cinco países, entre ellos España, en un laboratorio acreditado según un protocolo común. Los resultados se publicaron en el informe “Mercurio en pescado: un problema urgente para la salud mundial” [8] del que se deduce que aunque el riesgo es mayor para las poblaciones que consumen pescado contaminado, el peligro del metilmercurio también existe donde el consumo de pescado y su contaminación son, comparativamente, bajos. En las culturas donde además los mamíferos marinos forman parte de la dieta, la exposición al mercurio aumenta de forma considerable.

Este informe presenta nuevos datos que prueban la contaminación del pescado por mercurio en tres áreas del mundo: el estado indio de Bengala Occidental, la zona metropolitana de Manila (Filipinas) y seis países de la Unión Europea, entre ellos España. También revisa algunos datos publicados sobre los niveles de metilmercurio en las ballenas piloto y otros mamíferos marinos consumidos por las poblaciones árticas, en las islas Faroe y entre los inuits de la zona norte de Canadá. Es evidente que esta contaminación sólo puede afrontarse a escala mundial y que las medidas deben tomarse con el consenso de todos los países con instrumentos internacionales legalmente vinculantes.

El mundo contra el mercurio

Contrariamente a lo esperado, los ministros de medio ambiente de más de 140 países reunidos en Nairobi (Kenia) en febrero de 2009, con ocasión del 25 Consejo del PNUMA, acordaron elaborar un instrumento internacional legalmente vinculante para eliminar el mercurio en todo el mundo.

El acuerdo ha sido posible entre otras cosas por el cambio de presidencia en EE UU, ya que la administración Bush se había opuesto obstinadamente a cualquier actuación obligatoria. La participación de los delegados del gobierno español también ha sido fundamental para que la iniciativa llegara a buen puerto.

El tratado incluirá actuaciones encaminadas a reducir la oferta y demanda de mercurio y su uso en productos y procesos industriales, así como las emisiones mundiales de origen intencional. El Comité Intergubernamental de Negociaciones del tratado se creará este mismo año y las negociaciones empezarán en 2010.

Es decir, por fin estamos ante una decisión que abre la puerta a la toma de medidas eficaces para erradicar este contaminante. Por ello, su desarrollo será seguido de cerca por el Grupo de Trabajo Mercurio Cero.

Pilas y mercurio en África
Jordi Pons Fernández

África se ha convertido en un destino para los productos que ya no cumplen las legislaciones de los países del mundo industrializado. A pesar de los avances en frenar este proceso, siguen llegando productos como las obsoletas pilas con mercurio, procedentes de China. Estas pilas son, mayoritariamente, de bajo precio, ínfima calidad y suelen ser abandonadas en el mismo lugar donde se utilizan. Con el paso del tiempo la carcasa de la pila se degrada, el mercurio se libera y puede acabar contaminando las aguas subterráneas y las cadenas tróficas, al extremo de las cuales solemos estar los humanos.

Ante la falta de vertederos en condiciones y el precio del cemento –para inertizarlas en el interior de bloques– en la zona de Senegal donde trabajamos se ha optado por colocarlas en gruesos bidones de plástico, alejados del sol y las lluvias. La lucha contra este problema pasa también por otros frentes, entre ellos la educación de la población. Pero lo que resulta claro es que una normativa estricta con respecto al mercurio a escala internacional sería de gran ayuda.

Bombillas de bajo consumo
Con motivo de la distribución gratuita de 42 millones de bombillas de bajo consumo a los hogares españoles, el Grupo de Trabajo Mercurio Cero de Ecologistas en Acción se ha dirigido a los titulares de los ministerios de Industria y de Medio Ambiente solicitando que al mismo tiempo que se enfatizan los beneficios ambientales y de ahorro de energía –hasta un 80%– que suponen estas bombillas, se advierta a los usuarios que al finalizar su vida útil deben ser depositadas en lugares de recogida adecuados y en contenedores especiales donde no puedan romperse para su posterior tratamiento y reciclaje, conforme a la Ley de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos.
Tipos Contenido en mercurio
Bombillas bajo consumo 1 - 3 mg
Tubos fluorescentes rectos 1,4 - 10 mg
Tubos fluorescentes circulares 5 - 50 mg
Señales de neón. Especiales: rayos UVA, fotocopiadoras, televisores y monitores CRT de ordenador, pantallas LCD Hasta 500 mg

Fuente: [9]




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