Reserva Nacional de Saja (Cantabria)

Un paseo por el tiempo.

Roberto Carlos Oliveros, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 43.

La Reserva Nacional de Saja se asienta en las estribaciones nororientales de los Picos de Europa. El límite oriental de la reserva está marcado por el cauce del río Besaya. En paralelo al Besaya discurre el río Saja por los valles de Cabuérniga y Mazcuerras. Ambas cuencas quedan separadas por la divisoria de aguas que constituyen la Sierra de Barcenamayor. En el extremo occidental, es el Deva quien delimita la reserva; algunos de sus afluentes, como el Colio y el Urdón (ambos por la margen izquierda) se unen en el impresionante desfiladero de la Hermida. Por último, el tramo alto del Ebro atraviesa de oeste a este la Reserva por su parte Sur.

Con sus 180.186 hectáreas, es el mayor espacio natural catalogado como Reserva de Caza, de todo el territorio estatal. Su ámbito de protección se desparrama por la práctica totalidad del sector occidental de la provincia de Santander, a excepción de la franja costera, e incluye los valles de Liébana, Nansa, Mazcuerras y Cabuérniga.

La geomorfología que conforma la Reserva de Saja es muy compleja y de materiales típicos de la España caliza, con abundantes simas y picos con altitudes importantes, a lo largo de cuyas laderas se distribuyen los diferentes pisos bioclimáticos propios de nuestros bosques caducifolios, a excepción de los pisos basales limitados a la franja costera. Las cotas máximas se alcanzan en los límites territoriales con las provincias de León, Palencia y Asturias; próximas a los Picos de Europa, se registran en la denominada Tabla de los Lechugales, con 2.411 metros y el Pico Tres Mares (2.175 m.), situado en el macizo de Peña Labra y que debe su nombre a que de él nacen tres ríos que van a desembocar a tres mares distintos: el Nansa, que vierte sus aguas en el Cantábrico, el Híjar, afluente del Ebro, que llega al Mediterráneo y el Pisuerga, que a través del Duero termina perdiéndose en el Atlántico.

En la Reserva y su entorno más inmediato se registran más de una decena de espacios naturales integrados como LIC o ZEPA en la Red Natura 2000. Los Valles de Liébana, altos del Nansa y Saja y Alto Compoo, los cauces de los ríos Deva, Asón, Nansa, Alto Ebro, Saja (todos ellos LIC) o el Desfiladero de la Hermida, las Sierras de Híjar, Peña Sagra, del Cordel (ZEPA) son algunos ejemplos. La figura de Reserva Nacional de Caza fue declarada en 1948. Toda la comarca, asolada en sus valores cinegéticos, fue entonces repoblada con ciervos al tiempo que se aplicaron las primeras órdenes de veda y se dispuso de una incipiente plantilla de guardas. El Parque Natural de Saja-Besaya, creado por el gobierno de Cantabria en 1988, se ubica dentro de la Reserva Nacional de Saja ocupando los sectores mejor conservados de los Montes de Ucieda y la Sierra de Barcenamayor en una superficie de 24.500 hectáreas.

Clima, vegetación, fauna y usos

El clima de la Reserva es el típico de influencias atlánticas, frío-templado y húmedo, con precipitaciones abundantes que acumulan unos 1.000 mm anuales repartidas en unos 160 días de lluvia. Las condiciones cálidas en los valles abrigados como el de Liébana contrastan con los rigores de las áreas de cumbre.

En la cordillera cantábrica, debido a la humedad dominante, los bosques de coníferas están sustituidos por los hayedos y robledales, aunque en las zonas más térmicas aún se conservan restos de encinares y alcornocales.

El haya (Fagus sylvatica) ocupa la franja entre los 600 y los 1.000 metros de altitud, preferentemente en las umbrías de suelos arcillosos y calizos. El más importante hayedo lo encontramos en el Monte de Saja y ocupa más de 6.500 hectáreas. El roble, albar (Quercus pyrenaica) o rebollo (Q. petrea) prefiere las altitudes entre los 600 y los 700 metros, también con preferencia por las umbrías. Los mejores robledales están en los términos municipales de Cieza, Ruente, Tudanca, Polaciones y Liébana.

Los cortejos florísticos de estas formaciones principales están integrados por especies como el abedul, el mostajo, el olmo, el serbal, avellanos, endrinos, acebos, el fresno o el sauce. En la Sierra de Híjar quedan algunos pies aislados de tejo, sabinas y enebros, además de unas 5.000 hectáreas de pinar-eucaliptal de repoblación en el norte de la Reserva. El matorral de sustitución de los bosques descritos lo integran fundamentalmente zarzas, tojos y brezos.

Los helechos están bien representados con dos especies diferentes, Pteridium aquilina en las solanas y Polistichum fillixmas en los valles umbrosos y húmedos.

Hasta 14.000 hectáreas de la Reserva son ocupadas por pastizales, de gran importancia para la alimentación del ganado doméstico y las especies de interés cinegético. El sobrepastoreo en algunas zonas de pasto es una de las circunstancias que empiezan a poner en serio peligro la conservación de estas importantes teselas. Los usos ganaderos, más o menos extensivos, son los más representativos en toda esta comarca.

Los vertebrados que aprovechan los variados ambientes del Parque están bien representados. Del grupo de los mamíferos destacan el venado, corzo, jabalí, lobo y nutria. Y entre las aves, señalar al águila real, buitre leonado y perdiz pardilla. El oso, que a principios del siglo pasado ocupaba algunas áreas, sólo tiene una presencia errática.

¿Qué ver, qué visitar?

En tan vasta extensión territorial y en una de las comunidades autónomas con mayores posibilidades y oferta de turismo en la naturaleza de todo el Estado, no resulta fácil destacar un punto clave que visitar. Más bien merece la pena ir con tiempo y dedicarnos al paseo tranquilo, descubriendo colores, olores y rincones de ensueño, charlando con los personajes populares, que sin duda serán nuestros mejores guías de viaje.
Merece la pena un recorrido por todo el valle de Cabuérniga. Siguiendo el curso de los ríos Saja y Argoza, a través de parajes incomparables, llegar a Bárcena Mayor provoca en el viajero la sensación de retroceder varios siglos en el tiempo. El regular trazado de sus calles, lo pintoresco de sus casas y su entorno natural, hacen del lugar uno de los rincones más bellos de Cantabria.
Está prohibida la entrada de automóviles foráneos al interior del casco urbano. El pueblo conserva aún, a la perfección, el ambiente típico de su remoto origen. Todavía quedan restos de la antigua calzada romana, aunque los primeros datos históricos se remontan a la Edad Media. El tipo de vivienda es la conocida casa montañesa de piedra, mampostería y madera. Las fachadas se orientan al sur o al este, destacando algunos soportales con arcos de sillares y sobre todo la talla en madera con decoración en vigas, pilares, aleros...
Igualmente merecen la pena el Palacio de Mier, en Ruente. En Cabuérniga: Iglesias y casonas en Renedo, Terán y Valle y el Conjunto histórico de Carmona.

Urogallos en peligro

El verdadero protagonista de la avifauna de la Reserva, aunque cada día más amenazado por la destrucción del hábitat, la caza furtiva e incluso el cambio climático, es el urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus).

Los datos facilitados por el Consejero de Medio Ambiente (Diario de Sesiones del Gobierno de Cantabria nº 57, 26-3-2001), nos dan una idea del crítico estado de conservación por el que pasa la existencia de la población cántabra de urogallos, según los sucesivos censos realizados:

- 1990: había 14 machos.
- 1995: este número se reduce a 10.
- 1997: se constata la extinción del núcleo oriental de urogallos de Cantabria y la fragmentación del núcleo Camaleón-Vega de Liébana
- 2000: sólo quedan 5 machos

Para Guillermo Palomero, asesor técnico del grupo de trabajo del urogallo cantábrico, “estamos asistiendo al final de la presencia del urogallo en Cantabria”. Según éste investigador, los pocos ejemplares que quedan en la región están restringidos a un área muy pequeña e incomunicados de otras poblaciones, por lo que no cabe esperar que otros núcleos más fuertes de urogallos alimenten de forma natural al núcleo lebaniego.