Las pruebas de resistencia en las nucleares no han sido nada exigentes

Para Ecologistas en Acción, la evaluación preliminar del CSN de los resultados de las pruebas de resistencia de las centrales nucleares españolas no arroja sorpresas y peca una vez más de falta de exigencia, como ya lo hicieron las pruebas en sí mismas. Entre estas no se contemplan acciones humanas externas como iniciadoras del accidente y se ignora la acción de varios sucesos simultáneos. En el informe el CSN reclama la instalación de algunos sistemas nuevos para evitar el venteo de sustancias radiactivas.

En el día de hoy, 15 de septiembre, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha enviado a la Comisión europea la Evaluación preliminar de los resultados de las pruebas de resistencia de las centrales nucleares españolas. Estas pruebas ya eran limitadas en sí mismas puesto que se ha excluido la evaluación de los accidentes provocados por acciones humanas externas como el choque de una aeronave contra los edificios de la central, sean auxiliares o de los reactores, o de un atentado terrorista.

Se toman por separado la resistencia a ciertos sucesos, cuando no sería de extrañar que algunos de ellos concurrieran a la vez. Por ejemplo, que un terremoto llevara aparejada la interrupción de la alimentación exterior de la central y que ocasionara daños en la alimentación eléctrica de emergencia.

En el caso de la evaluación del comportamiento ante terremotos, el propio CSN reconoce en su informe que no se ha aplicado la reciente metodología aprobada por el OIEA y que, por tanto, estos estudios deben repetirse a la luz de dicha normativa. También falta la evaluación del comportamiento de equipos de emergencia y de la refrigeración de las piscinas de combustible gastado.

En el caso de inundaciones se excluye el peligro de rotura del embalse de Alarcón, aguas arriba de la nuclear de Cofrentes, cuando existen estudios que ponen en duda su resistencia. No se contempla la inundación junto con otro suceso extremo.

Ante la rotura de la alimentación eléctrica de emergencia y la desaparición del sumidero de calor, que permita extraer el calor del núcleo del reactor, se afirma que las centrales disponen de equipos que garantizan la refrigeración durante 24 horas, sin contemplar la posibilidad de que estos equipos hayan resultado dañados. Tras esas 24 horas se contempla la aportación de equipos ligeros externos que quizá no estén disponibles en caso de catástrofe. Y finalmente se apunta la necesidad de restablecer la alimentación recurriendo a centrales hidroeléctricas cercanas, cuando con toda probabilidad estas centrales habrán podido también sufrir daños por el mismo suceso que hay ocasionado los problemas en la central nuclear.

En las pruebas se siguen detectando problemas por la posible acumulación de hidrógeno, lo que dio lugar a las fatídicas explosiones de Fukushima. Asimismo se han detectado problemas para el venteo de gases de la contención haciendo necesaria la instalación de sistemas que reduzcan la radiactividad que se expulsaría hacia el exterior, que hoy no existen.

En resumen, para Ecologistas en Acción, se trata de unas pruebas incompletas e insatisfactorias llevadas con una bajo novel de exigencia. No se puede decir que las centrales nucleares españolas estén preparadas para reaccionar bien ante sucesos similares a los acaecidos en Fukushima.


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