Porque es Navidad, ¡mayor despilfarro!

El engalanamiento de nuestras plazas y calles es un ritual que invita a la celebración de unas fiestas tan especiales para mucha gente.Es también una estrategia comercial para animar las compras.Ambos aspectos, nos guste o no, están muy arraigados y por tanto respetamos y nos parecen legítimos, siempre y cuando se hagan con moderación y en sintonía con una situación social, económica y ambiental difícilmente reconciliables con la despreocupación y ostentación que vemos en estos días.

Los ayuntamientos de nuestra provincia tienen serios problemas en su tesorería; no pagan desde hace tiempo a proveedores; han sido avisados incluso de la interrupción de determinados suministros por impago; y por lo general están endeudados. Tampoco están haciendo lo suficiente en promover el ahorro energético, las energías renovables (sobre todo la solar fotovoltaica),
auditorías energéticas, planes de prevención y reducción de gases de efecto
invernadero, la ejecución de medidas de aislamiento térmico del Código Técnico de la Edificación, o unas políticas de movilidad menos dependientes del automóvil y más equitativas con otras formas de desplazamiento en las poblaciones más grandes.

Más allá de incumplimientos y cosas a medio hacer, o de oportunistas premios
autoconcedidos, es una irresponsabilidad manifiesta que las administraciones locales se concedan tanto lujo y frivolidad a costa del erario público, de recursos energéticos importados, de elevado precio y contaminantes, y del clima.

Entre la equivocación y desmesura, subyace algo más preocupante a nuestro juicio; la invitación que se está haciendo a las ciudadanas al consumismo y al desenfreno en un mundo que agoniza y en una sociedad en permanente crisis por un sistema económico y un estilo de vida completamente irracionales, cuya factura vamos a tener que pagar ya.

El consumo desmedido no puede ser la fórmula para salir de esta crisis económica, cuando ello supone sobreexplotar aún más los exiguos recursos de nuestra Madre Tierra, agravando aún más la crisis ambiental, y privando a la mayor parte de la población de los recursos básicos para vivir dignamente.