El mega proyecto de turismo, ocio y juego Las Vegas Madrid

Una de las características distintivas de la globalización económica reside en la libertad de los capitales para poder moverse entre fronteras, apoyados por los poderes públicos competentes en cada caso. De esta manera, antes de aterrizar en los países, generalmente empobrecidos, estos inversores demandan a los gobiernos de turno una serie de exigencias de cesiones y concesiones que garanticen e incrementen sus beneficios de explotación en ese territorio. Beneficios generados a partir de la explotación de los recursos naturales y humanos del país anfitrión, para posteriormente ser repatriados en su mayoría o totalmente a sus países de origen [1].

El Macro Casino Las Vegas Madrid es un ejemplo de que, en tiempos de crisis, el Estado español se configura como destino de estas inversiones ávidas de libertad, y es tratado por las empresas transnacionales como un emergente país del Sur.

El proyecto: hace pocas semanas saltó a los medios de comunicación la noticia de que el multimillonario estadounidense Sheldon Adelson, tercer hombre más rico de los EEUU según Forbes, promotor inmobiliario y propietario de la empresa transnacional Las Vegas Sands Corp., que cotiza en Wall Street, había abierto negociaciones con los gobiernos central, autonómico y municipal para instalar en el territorio madrileño un enorme complejo de casinos y hoteles, similar al modelo Las Vegas.

Ante esta perspectiva, la presidenta de la Comunidad Esperanza Aguirre se adelantó a declarar públicamente que apuesta por “cambiar todas las normas que haya que cambiar” con el objeto de que el complejo se instale en la región. La inversión prevista oscilaría entre los 15 y los 18 mil millones de euros durante la próxima década.

El proyecto consiste en un macro complejo de ocio y juego, formado por casinos, hoteles, resorts, casas de apuestas, centros de ocio y de convenciones, para albergar a turistas internacionales y fomentar aún más esta actividad en la región. En definitiva, 36 mil nuevas habitaciones, 6 casinos (con 1065 mesas y 18 mil máquinas recreativas), y hasta 3 nuevos campos de golf: una oferta destinada en su mayoría a consumidores foráneos.

Según la presidenta de la Comunidad, la previsión es duplicar la cantidad de visitas internacionales que llegan a Madrid al año, alcanzando la escalofriante cifra de los 10 millones de turistas, en un territorio con una superficie algo mayor de 8000 km2 y menos de 6,5 millones de habitantes.

Lo que exige el inversor: motivar y satisfacer la codicia de empresarios de este tamaño no resulta una tarea fácil para las Administraciones que quieren recibir sus inversiones. En este caso, se plantea como punto de partida una modificación radical de las reglas de juego (como el Plan General de Ordenación Urbana) y de otras tantas legislaciones a los tres niveles de la Administración.
- Para la población trabajadora, Las Vegas Sands exige que se cambie el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Extranjería, con el objeto de “flexibilizar” las relaciones laborales y dar un trato preferente a su fuerza de trabajo extranjera, respectivamente.
- Para las arcas públicas, la empresa cotizada exige 2 años de exención total de las cuotas a la Seguridad Social y de todos los impuestos municipales, autonómicos y estatales. Además, el Estado español debería ser garante de un préstamo de 25 mil millones de euros que se solicitaría al Banco Europeo de Inversiones. Finalmente, se pide una ley que garantice la exclusividad del negocio y otras ventajas fiscales durante los 10 próximos años. Al exigir el tratamiento como “zona franca” también se deberían cambiar las leyes del Impuesto sobre Sociedad y del Impuesto sobre la Renta de No Residentes, del IRPF, del Juego, del Impuesto sobre Actividades Económicas o del Impuesto Municipal sobre construcciones, instalaciones y obras, entre otras.
- Para el entorno, se demandan más infraestructuras, como un AVE directo hasta el complejo, además de Renfe y Metro, y también más carreteras para permitir el arribo al complejo en vehículos privados. Más aún: también se demanda la cesión totalmente gratuita del terreno para la edificación [2].
- Y más: asimismo, se han puesto sobre la mesa de las negociaciones otras pretensiones, como la anulación de la Ley anti tabaco y de la Ley de Prevención del Blanqueo de Capitales en el interior del complejo.

En definitiva, se trata del proyecto de construir una “isla” en una suerte de “estado de excepción” fiscal, laboral y legal, que permita duplicar el turismo de negocios y de juego, para que unas 10 millones de personas al año puedan disfrutar de los casinos, el golf y los negocios en un entorno totalmente liberado.

El relato instalado: al igual que sucede con los discursos que legitiman el establecimiento de maquilas en países del Sur, el “chantaje del empleo” es la idea que con más fuerza se pretende instalar en la sociedad madrileña, con el objeto de evitar críticas y resistencias, y hasta de motivar a la ciudadanía a corear al “bienvenido Mister Adelson”. En este caso, según Aguirre, con el proyecto se crearían más de 200 mil empleos, entre directos e indirectos. Sin embargo, ni una palabra de la calidad de estos supuestos puestos de trabajo: ¿temporalidad? ¿Derechos laborales y sindicales? ¿Salarios? ¿Cualificación? No, ni una sola palabra sobre estas cuestiones que hacen a la calidad de los empleos.

Impactos: la idea que se quiere instalar consiste en que a través de esta “receta” de gigantescas inversiones en nombre del “progreso” y la “generación de empleo”, la ciudadanía residente en la Comunidad de Madrid mejoraría su calidad de vida, su prosperidad. Usando recursos comunes y bienes públicos, violando abiertamente derechos laborales conquistados a través de décadas de luchas sindicales y recibiendo un trato fiscal que roza lo vergonzoso. Aunque se trata de una “verdad instalada” que tiene más silencios discursivos que cualquier otra cosa. Se omiten los impactos locales, de duplicar el flujo de turistas internacionales y con ello el flujo de aviones, las emisiones de CO2 y la contaminación del aire, los impactos devenidos de las enormes necesidades de infraestructuras, la destrucción de las condiciones naturales del entorno, etc. Tampoco se oye ni una sola palabra sobre el aumento exponencial de las necesidades de recursos y de la generación de residuos derivados de este proyecto.

No se puede perder de vista que se trata de un proyecto destinado al ocio y el juego de un puñado de privilegiados ciudadanos consumistas del mundo. Un negocio cuestionable en sí mismo, por el que se pide a cambio impactos sociales y medioambientales, eliminación de leyes laborales y beneficios fiscales a espuerta. En definitiva, la profundización de un modelo de turismo, transporte, construcción e infraestructuras que amenaza cada vez más la sostenibilidad del planeta.

Un paraíso fiscal en el que se puede apostar, jugar al golf, hacer negocios y seguir destruyendo el medio ambiente, ubicado en el centro neurálgico de una país asolado por la crisis especulativa de una élite de inversores globales, como el mismo Adelson.

Una propuesta sin sentido: rompiendo con cualquier manifestación del sentido común, en un capitalismo en llamas la retórica del Pensamiento Único se hace presente también para justificar el sinsentido. La propuesta es: para salir de la crisis, profundicemos el modelo, dejemos que el capitalismo salvaje siga avanzando, deteriorando el medio ambiente, usando recursos comunes y bienes públicos para hacer sus negocios.

Por todos estos motivos, desde Ecologistas en Acción Madrid se denuncia la posibilidad de este proyecto, las condiciones fiscales, legales y laborales exigidas para su puesta en marcha así como los enormes impactos sociales y medioambientales derivados. Porque es una manifestación flagrante de las consecuencias que tiene sobre las personas y el medio ambiente este modelo económico y político.

No queremos este tipo de proyectos, ni en Madrid ni en ninguna parte del mundo. Para salir de la crisis, no se pueden dar saltos hacia adelante en el modelo que nos condujo hasta ella, no se puede seguir en el camino del deterioro ecológico y las cesiones de derechos sociales frente al capital. Sino apostar por una transformación radical de los procesos socioeconómicos y ajustarlos a las posibilidades del planeta y la biosfera.

Rodrigo Fernández Miranda, Ecologistas en Acción




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