Entrevista a Miguel Brieva, autor de Memorias de la Tierra

“La sátira puede ser demoledora, pero lo es con un objetivo constructivo”.

Entrevista: Mariola Olcina Alvarado, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 72.

Para Miguel Brieva, dibujante de profesión, el humor es “el resorte más agudo y ameno de nuestra inteligencia, sobre todo si va dirigido a partes iguales hacia el mundo y hacia uno mismo”. En su último libro, “Memorias de la Tierra”, le dedica su ingenio, su humor y sus trazos a nuestro planeta, poniendo la crisis medioambiental en el centro de su sátira. Y todo ello, con un estilo peculiar que recuerda al de los años 50 porque, “en esos años se encuentran los gérmenes narrativos de la sociedad de consumo cuando nos empezaron a vender la flamante moto que, hoy, ha resultado ser una máquina desguazada e infernal”. Sin embargo, lo importante para Miguel Brieva no es la estética de sus dibujos sino que su mensaje llegue con la mayor claridad y atractivo posible. Y así lo consigue.

Debajo de tus trazos se percibe un elaborado análisis crítico que, supongo, te llevará la mayor parte del tiempo que le dedicas a tu trabajo. ¿Cuál es el objetivo principal que persigues con tus dibujos?

El dibujo es algo así como la concreción de una idea. En mi caso, mi necesidad compulsiva de explicarme el mundo –el porqué último de las cosas– es la que impregna todo el trabajo. En un imaginario altamente visualizado como el nuestro, el dibujo es el ladrillo más elemental, la unidad de medida. Yo creo que es hora de emplear masivamente estos ladrillos en construir imaginarios alternativos, tan fascinantes y evocadores (en realidad mucho más) como los que nos ofrecen a paletadas desde los canales del espectáculo.

Después de comprender el sistema en el que vivimos, entendiendo las causas, los intereses políticos y económicos invisibles a la opinión pública, etc. ¿Te topaste con el “qué puedo hacer yo”?

Por supuesto, y no fue algo premeditado, sino más bien mera defensa personal. Cada uno lo intenta con las herramientas que tiene más a mano. Yo dibujo y me río desde niño, así que ésas eran las mías. Mediante el cuestionamiento que propicia el humor uno consigue poner las cosas en su sitio, mostrar sin tapujos la broma pesada que supone nuestra sociedad, y encima te ríes. El dibujo además es un atajo, permite representar de manera muy sintética abstracciones que de otro modo se hacen difíciles de asimilar.

Comenzaste autoeditando tus propios trabajos con la publicación Dinero. ¿Por qué ese título?

Por la intuición de que precisamente el dinero, o la idea misma de valor y de incremento permanente del mismo, había terminado por usurpar todos lo demás valores de la actividad humana, incluso de sus sueños. Si hay dos cosas distantes entre sí, esas son la poesía y el dinero. De ahí el nombre y el subtítulo de la revista: Dinero. Revista poética financiera de intercambio espiritual.

La crítica a la destrucción del planeta siempre ha estado presente en tus trabajos pero, ¿qué te ha llevado a dedicarle tu último libro al medioambiente?

Una conjunción de casualidades. Desde luego la lectura de libros como los de Jorge Riechmann, Ramón Fernández Durán y tantos otros que resitúan esta cuestión en el epicentro de todo. A eso se sumó, hace cinco años, el inicio de una colaboración mensual en el suplemento de ecología (por decir algo) de El País. Me dio la sensación de que, más que chistes al uso, tal vez era más interesante tratar de ilustrar esas ideas fundamentales que la gente corriente desconoce por completo. Una apuesta más didáctica pero sin perder el gancho del humor.

Y además, no olvidas el componente social del ecologismo. ¿Por qué representar esta corriente del ecologismo social en tus dibujos?

Probablemente por la certeza de que no hay otro camino posible. No nos queda otra que cambiar de raíz nuestro modelo, y el centro de la única alternativa que parece sostenible y de sentido común debe ser una economía fundamentada en la vida, en el equilibrio con el ecosistema y en el cuidado y mantenimiento de la vida humana. Es decir, todo lo que en la economía actual está fuera de foco y se da por descontado. Como dice Santiago Alba Rico en una receta sumarísima: “Hemos de ser revolucionarios en lo económico, reformistas en lo político y conservadores en lo antropológico”. Esto ya no es una cuestión ideológica, sino de primeros auxilios.

En nuestra actualidad coexisten varias crisis en paralelo: la económica, que es completamente ilusoria y a la única que se presta atención, la energética, que va a dar la puntilla a la sociedad industrial, la humana (sufrimiento, desigualdad, explotación), que lleva sucediendo casi desde el principio de los tiempos, y la ecológica, que sin duda es la más grave de todas. Lo curioso es que solucionando cualquiera de ellas se solucionan las demás, porque todas son efecto de un mismo modelo económico y simbólico en el que estamos atrapados en bucle.

Y respecto a la posibilidad de ver un cambio de modelo, ¿Eres optimista o pesimista? ¿Crees que cuesta lo mismo?

El entendimiento tiende a ser pesimista, o cuando menos realista (la actualidad y la historia tampoco ofrecen mucho consuelo a ese respecto), pero el corazón por fuerza necesita vislumbrar finales más o menos felices, si no nada parece tener mucho sentido. Es lo contrario exactamente de lo que emana de los medios: cuerpos y rostros en permanente distracción y felicidad extática, por no decir histérica, con un trasfondo de profundo nihilismo preapocalíptico impregnándolo todo. La sátira puede ser demoledora, pero lo es con un objetivo constructivo.

Tienes una extensa colección de viñetas dedicadas a criticar el consumismo. En ellas, te preocupas muy bien de que se perciba una parte obligada de crítica a la publicidad, a la Sociedad de la imagen. Sin embargo, tu crítica está expresada en forma de imagen...

La imagen, por su uso perverso y excesivo, se ha banalizado profundamente. De tanto ver se nos ha ido mermando la capacidad de mirar. Sin embargo, si nos vamos al otro extremo, a la iconoclastia, posiblemente le cedamos todo el terreno del imaginario a la apisonadora mediática que construye mundo. Más bien creo que debemos arrebatarle su hegemonía con un torrente de palabras e imágenes resignificadas. Porque, no lo olvidemos, cada vez somos más analfabetos (de lectura y pensamiento) y las palabras mismas también han sido vampirizadas y pasteurizadas (piénsese en libertad, democracia, derechos humanos, medioambiente, etc.). Urge actuar, sumar voces, dar soluciones colectivas, no perderse en debates teóricos muy propios de la tradición de izquierdas y a menudo bastante estériles a su vez.

En muchas entrevistas que has hecho a raíz de la publicación de tu último libro, el entrevistador te pregunta por la contradicción de tu discurso y el medio en el que publicas. ¿Qué opinas de que la gente no sepa que el ser humano es contradictorio en sí mismo?

Yo les diría que agradezco poder leer a El Roto a diario en un medio de comunicación absolutamente contrario a todo el saber que irradian sus viñetas. ¿Ganamos más de lo que perdemos con ello... o es al revés? Esa respuesta no la sé. Por otra parte, el nivel de contradicciones en el que incurrimos todos por el mero hecho de vivir en esta organización social es monumental. Por ello, el debate debería centrarse más en cuántas de estas contradicciones debemos eliminar cada uno (dejar el coche, desengancharse del móvil, de la tele, del bipartidismo y de muchos otros hábitos de consumo, etc.) para que el mundo sea posible, antes que en pensar que hay que eliminarlas todas de raíz. Ese purismo al final lo que lleva es a la inacción absoluta (por su casi imposible cumplimiento), con lo que termina por ser muy poco práctico.

Algo más que quieras aportar...

Sí, una cosa. Después de Cambiar las gafas para mirar el mundo [1], que creo es un libro fundamental, sugeriría hacer otro que se llamara El mundo con otros ojos o algo así, como una segunda entrega, en la que se presentara un detallado glosario de soluciones que compilara lo que se ha ido avanzando en las distintas áreas sociales. La gente ya tiene la sensación de que este mundo no es posible; ahora hay que ofrecer un aluvión bien estructurado de propuestas concretas. Yo me ofrezco de mil amores a maquetarlo, dibujarlo y ¡hasta a llevar los cafés!