El discurso de la sustentabilidad en el 15M

La habitabilidad del planeta no puede quedar al margen de los debates.

Ángel Calle Collado, Editor de Democracia Radical, Icaria, Barcelona, 2011. ISEC (Universidad de Córdoba) y participante del 15M en Córdoba. Revista El Ecologista nº 72.

El 15M vive una etapa de fuerte construcción vía intersecciones y agregaciones de ágoras y respuestas rápidas en torno a los azotes neoliberales. Este espacio de socialización nutrirá procesos de movilización social alrededor de diferentes discursos. Y la sustentabilidad será cada vez más un eje fuerte de discurso, pero también de conflictividad con otros estilos de vida y enfoques políticos contarios.

La convocatoria de Democracia Real Ya atrajo a personas descontentas de distinto perfil político. Algunas tenían experiencia previa y venían trabajando con organizaciones sociales. Otras participaban de la “caldera internet” y compartían su falta de expectativas, especialmente los y las más jóvenes. Y, finalmente, sin adscribirse a colectivos, en mi recorrido por asambleas aparecen personas próximas a una crítica del consumo o con una conciencia con respecto a los impactos medioambientales de la civilización financiera y petrolera en la que vivimos. Sostengo que al calor de la profundización en debates y en las raíces estructurales tanto de la falta de democracia como de las consecuencias de la misma ha ido emergiendo un discurso de la sustentabilidad (fuerte) que transversaliza otros trabajos y propuestas, y que se liga al tema de la democracia. Un ejemplo ilustrativo lo encontraremos en la reclamación de una soberanía alimentaria.

Por supuesto ha jugado un papel importante en este desarrollo las experiencias de reflexión y acción previas en torno a estos temas [1]. Pero también, subrayo, la propia dinámica de elaborar un discurso con mayor calado y coherencia de la mano de la extensión y consolidación de la red de ágoras, lo cual desemboca, como veremos, en una presencia de material de difusión, debates, talleres e incluso alientos de prácticas en torno a: la crítica del consumo y la propuesta de una soberanía alimentaria, el rechazo del crecimiento material exponencial, el decrecimiento político y económico, la exploración de sistemas y energías alternativos frente al declive del petróleo, etc.

El discurso de sustentabilidad y democracia se liga al “queremos decidir”, sustrato y apelación presente en todas las dinámicas de acción del 15M. Sin duda, el discurso dominante es el de la reclamación de una democracia real, aunque sea de manera difusa, y es un discurso maestro que permite enganchar y conectar otros discursos. De esta manera, y de forma más concreta, le seguiría en popularidad un discurso de democracia participativa o de transformación de las actuales estructuras para conseguir más participación y más justicia social. Junto a él, tomando como anclaje la organización “desde abajo”, encontramos expresiones y reclamaciones de democracia radical: autogestión social, política de proximidades, democracia directa, horizontalidad inclusiva. Y es a partir de este, fundamentalmente, donde se da cabida a una reclamación de participación y justicia, en este caso ambiental y promovida desde la relocalización de satisfactores (económicos, alimentarios, energéticos, políticos), que sería la base del discurso de sustentabilidad y democracia.

Un debate estructurante

La apelación a una sustentabilidad (fuerte), al no ser un discurso enmarcador, tiene una presencia mucho más reducida en los discursos públicos y también en los debates internos. No es tampoco, sostendré, un eje temático al estilo de los mensajes sobre leyes constitucionales o laborales, o las reacciones frente a las acometidas del “azote neoliberal”. Argumento, como justificaré seguidamente, que es un discurso que transversaliza, tanto acciones como debates, de manera constante, en el seno del 15M. Y que se trata de un discurso que se conecta con el ciclo de protestas a escala global que se plantea en otros escenarios, desde Estados Unidos hasta India. Y, por último, dado que los ajustes estructurales seguirán y existe una conexión y riesgos crecientes en torno a sus impactos ambientales, considero que será, como ya lo es puntualmente, un debate estructurante de las relaciones conflictivas entre 15M y las élites políticas y financieras.

Con todo, este discurso, base de propuestas que aflorarán a la superficie, se encuentra próximo a los perfiles de los debates en torno a cuestiones como género, inmigración o la implicación del 15M en centros del trabajo: más anclados en comisiones específicas; evidentes en los usos de espacios (por ejemplo, comida en acampadas); y en general, visibles a través de otras acciones, aunque no han faltado llamadas específicas, como son los encuentros celebrados en verano de 2011 en diversos puntos de la geografía (Tomemos la montaña, Tomemos la playa) frente a especulaciones urbanísticas y económicas de fuerte impacto medioambiental. Una joven activista de la asamblea de Barcelona, al preguntarle sobre cuestiones de medioambiente o sostenibilidad lo explicaba así: “son temas más en la periferia, en las asambleas se habla más de organización y los temas más cotidianos del hacer y del vivir pues no se tocan tanto”.

La revolución será verde

¿Cómo se desarrolla este discurso? Existe un punto de apoyo central, la mera conciencia de los límites planetarios para poder llevar a cabo transformaciones sociales. No es posible dejar la cuestión de la habitabilidad del planeta al margen de los debates. A partir de ahí, el discurso se ramifica, presenta las características rizomórficas del 15M [2]. Así, “la revolución será verde o no habrá donde hacerla”, se manifestaba en una comisión de la acampada de Sol sobre temas medioambientales [3]. A grandes rasgos, los discursos sobre sustentabilidad (en las comisiones relacionadas con el tema de las distintas acampadas) comparten la necesidad de sensibilizar sobre los límites al crecimiento económico y desarrollar líneas prácticas y educativas en torno a un manejo más sustentable de recursos naturales [4]. En torno al primer punto, los límites de una civilización petrolera, surgen propuestas sobre desarrollos urbanísticos, crítica del sistema energético y agroalimentario, pérdida de biodiversidad y el marco normativo (de la democracia, por tanto) que lo sustenta. Sobre el segundo punto, cobran fuerza las propuestas de soberanía alimentaria y de “vivir mejor con menos”. De forma más genérica, existe una conexión con otros discursos del ecologismo político, como el decrecimiento, que intentaría abarcar ambos frentes [5].

Siendo un discurso propositivo y de acción, la sustentabilidad encontró su razón de ser para determinados grupos al interior de las acampadas, en la propia dinámica de preconizar otras formas de relacionarse o de alimentarse, por ejemplo. Así lo percibe uno de los participantes en la acampada de Plaza de Catalunya: “El consum sembla sortir recurrentment. Discursos incendiàriament naïves de protoconsum responsable (boicots a les empreses) micròfon en mà barrejat amb petits i contundents detalls silenciosos: des de que a la precària cuina va haver des del principi separació d’escombraries, fins a tremenda reutilització de materials en tota la infraestructura, per no dir de les innombrables bicis de la seva perifèria. A poc a poc van arribant discursos i elements més sofisticats: una cuina solar, un hort ecològic... Des de la comissió cuina avisen que no es tornaran a donar plats de plàstic, cal portar-se taper i cobert. La comissió de medi ambient sembla estar funcionant a ple pulmó tant en continguts com en pràctiques”. [6]

Se abren así, al interior del 15M, los primeros discursos medioambientales, de ecologismo político llevado a la práctica. Es el caso de los huertos que “simbólicamente” se construyeron en diferentes plazas [7]. El 15M, como red de encuentros, sirvió de diseminación de prácticas de “empoderamiento” sobre diferentes temas, en particular el tema de huertos urbanos y reforzamiento de procesos vecinales. Así se describe por parte de la gente de Hort (in)digne de la Plaça Catalunya: “La gent es va començar a mobilitzar: diferents horts comunitaris de barcelona van fer aportacions de planter, eines i altres materials, una botiga agroecològica de la zona va donar planter, i també gent a títol individual. Molta gent diferent es va trobar en aquest espai, d’intercanvi de coneixements i es va començar un procés col•lectiu d’acció a través de l’hort” [8].

En la cuestión de huertos urbanos, el 15M encontró en ellos una herramienta para practicar una “política de proximidad” en palabras de una joven de Málaga. Se trataría de desarrollar “nuevos espacios para encontrarse”, “nuevas formas de participar”, acudiendo a expresiones utilizadas por activistas de Madrid y Barcelona.

Así mismo, en las acampadas recorridas se encontraba una particular disposición para minimizar los impactos ambientales de la propia acción del 15M. En Madrid se creó un grupo específico, el Grupo de Acción Ambiental. Se reflejaba también en las comidas que esos días sirvieron también de punto de convivencia en las acampadas, con aportes voluntarios que facilitaran un reciclaje de vasos o cubiertos y evitaran la generación de residuos plásticos. Acompañaban a estas medidas cotidianas el desarrollo de talleres específicos o generales sobre el tema. Por ejemplo, en la asamblea Bulevar del 15M en Córdoba se llevaron a cabo talleres que abordaron cuestiones de: decrecimiento, consumo ecológico, economías locales, entre otros.

Es decir, junto a la proposición de satisfactores generales de crítica medioambiental, algunas de ellas muy cercanas a discursos y prácticas del ecologismo político, también se iniciaron reflexiones sobre satisfactores de proximidad, más en la línea de necesidades básicas “sentidas”, complementarias a necesidades o demandas más globales [9]. Se da aquí un ejemplo de intersección entre discursos de democracia participativa (participación y modificación de las actuales agendas e instituciones) y democracia radical (propuestas de autogestión social). Los tres discursos, por tanto, se encuentran en retroalimentación y pendiendo del discurso general, enmarcador y más difuso de “democracia real”. No obstante, subrayo, el discurso de la democracia participativa informa de más claves para entender los actuales manifiestos del 15M (cómo se están nombrando propuestas más mediáticas y mediatizables); mientras que la democracia radical es un verbo o discurso práctico base de las dinámicas expresivas del espacio de movilización.

Espacios propios

Con todo, el discurso de la sustentabilidad ha generado espacios estructurales propios. Toma la Playa y Toma la Montaña han sido dos iniciativas que realizaron convocatorias entre julio y septiembre de 2011 en Almería, Cádiz, Cartagena o León para permear protestas referidas a la sustentabilidad en el seno del 15M: “Los proyectos ‘Toma la playa / Toma la montaña’ del movimiento 15M pretenden ser una dinámica de lucha que a partir de ahora permitan apoyar, difundir y ampliar las numerosas luchas en defensa de la tierra que existen en nuestro territorio, pasando a formar parte de las mismas como movimiento 15M” [10].

A estos espacios del verano de 2011 seguiría el encuentro estatal en Piedralabes (Ávila) del 8 al 11 de diciembre de 2011 que trataba de llevar el “espíritu” del 15M al mundo rural: Rurales Enredadxs [11]. Se apoyaba para ello en dinámicas de discusión y prácticas sobre la transición desde las ciudades a una “nueva ruralidad” inspirada en prácticas decrecentistas, de soberanía alimentaria y de “vuelta al campo”. En sus actas de preparación del encuentro podemos leer como objetivos: “Re-colonización territorial rural: ¿Cómo volver al campo o llegar ‘de nuevas’? (cesiones, ocupaciones, formación en el medio rural, actividades necesarias/posibles, el lado “humano” individual y colectivo, las relaciones con la población local, experiencias cercanas, dificultades, retos…) y “Soberanía alimentaria: ¿qué estamos haciendo? ¿Qué podemos hacer?” (producción agroecológica y campesina, transformación de alimentos, venta en finca, canales cortos de comercialización, grupos de consumo, huertos comunitarios…). [12]

Es también el caso de la reciente creación de un grupo específico de Soberanía Alimentaria en el 15M [13], visible en la red N-1, red impulsada, entre otros, por hacker-activistas del propio espacio de movilización. En él se han ido incorporando personas más activas de diferentes grupos locales y de todo el arco del discurso de la sustentabilidad fuerte: consumo, medioambiente, agricultura sustentable, energías alternativas, entre otros.

Sustentabilidad, eje de discurso y de confrontación

El futuro del 15M es incierto, pero no desmovilizador. Actualmente vive una etapa de fuerte construcción vía intersecciones y agregaciones de ágoras y respuestas rápidas en torno a los azotes neoliberales. Es más un espacio de socialización, un caldo de cultivo que aumenta la credibilidad en la acción colectiva a través de procesos de democracias emergentes, desde abajo. Es un espacio destinado a construir una transición social que afectará a la cultura política de este país. Y de él, probablemente, se nutrirán procesos de movilización social más nítidos, en el sentido de visibles y articulados alrededor de discursos concretos y más “mediatizables”. Y la sustentabilidad será un eje de discurso y de conflictividad fuertes.

Recientemente el movimiento Occupy Wall Street era acusado de intentar cambiar “puestos de trabajo” por “demandas ambientales” [14]. El tema Sustainability se encuentra presente en muchos de los grupos del total de 66 que aparecen en la página de las protestas con sede en la asamblea de Nueva York: Alternative Banking, Sustainability, Environmentalist Solidarity, Alternative Economy [15]. Buena parte de los nuevos movimientos globales recogen ya, en la línea de lo observado en el 15M, la necesidad de reunir temas de sustentabilidad, economías locales y relocalización de satisfactores (como el consumo o la provisión de servicios sociales). Un ejemplo ilustrativo lo tenemos en el movimiento de “Democracia Real” en India [16]. Y mientras tanto, las plataformas y discursos “negacionistas” del cambio climático siguen ganando peso y dimensión planetaria [17]. Ello desembocará, por fuerza, en la definición y práctica de estilos de vida y formas de intervenir en política que se enfrentarán en los próximos años.

El desarrollo del discurso de la sustentabilidad es, pues, un hecho en el marco de estos nuevos movimientos globales. Otra cuestión es entender qué caminos (prácticos y verbales) lo ramificarán y lo aterrizarán. Y qué obstáculos encontrará en su interior, donde la demanda de bienestar (material) puede verse permeada por los argumentos que avalan una necesidad inexcusable de crecimiento económico del PIB para salir de la crisis, con la consiguiente depredación que exigiría el capital financiero para poder seguir aterrizando materialmente su “valor” monetario.

En cualquier caso, resulta aún prematuro saber si, aún fortaleciéndose este discurso al interior del 15M o de posteriores corrientes de movilización generadas por este, podrá dar el salto a la agenda política y social en el corto plazo. Y, caso contrario, qué podría ocurrir ante el advenimiento de una transición forzosa del modelo de producción y manejo de recursos naturales originado por el fin de la era del petróleo. Precisamente los descontentos se nutren de estas y otras incertidumbres.