Vertidos de petróleo

Un problema incesante por la búsqueda de crudo en lugares cada vez más remotos e inaccesibles.

Martin Mantxo, Ekologistak Martxan. Revista El Ecologista nº 78.

Más allá de los accidentes de los grandes petroleros, la extracción y transporte de petróleo, en la medida que cada vez se hace en condiciones más complejas (perforaciones a mayor profundidad, crudos más viscosos, etc.) tiene un abrumador e incesante historial de accidentes que provocan gravísimos problemas ambientales y a las comunidades afectadas.

Como es sabido, las reservas de petróleo disminuyen en mayor tasa que el descubrimiento de nuevos recursos explotables. Según la IEA (Agencia Internacional de Energía) su pico de extracción se alcanzó hacia 2006. Esa reducción provoca su encarecimiento continuo y así petróleo y gas que antes no eran interesantes por los altos costes de sus extracción o por su pobre calidad ahora resultan rentables –petróleo en lugares poco accesibles, en aguas profundas, crudo pesado, arenas bituminosas, gas de esquisto, etc.–. Pero el impacto ambiental y social de estos petróleos no convencionales aún es mayor que el del convencional, situándose en zonas muy remotas, de difícil acceso y también vulnerables pues albergan una gran biodiversidad y pueblos nativos con culturas también muy vulnerables. En el caso de los depósitos en grandes profundidades marinas ya conocemos las consecuencias. Ahora el Gobierno español impulsa prospecciones en el Mediterráneo y Canarias.

Extracción de petróleo a grandes profundidades marinas

El mayor accidente petrolero fue la explosión de la plataforma de BP Deepwater Horizon en el Golfo de México, que derramó nada menos que 780.000 toneladas en la primavera de 2010. Tenía una capacidad de taladrar a 10.680 metros de profundidad. A más profundidad mayor riesgo.

Repsol también tenía planes de perforar en aguas profundas cubanas. El Gobierno estadounidense presionó para que no lo hiciera argumentando que de ocurrir otro accidente ellos serían nuevamente damnificados. Pero quizás la verdadera razón era impedir a Cuba acceder a su propio petróleo. Repsol cuenta con accionariado estadounidense que se opuso a estas prospecciones. Para este proyecto Repsol contaba con la plataforma Scarabeo-9 con capacidad de operación a 4.548 metros de profundidad.

Repsol también tiene planes de extraer petróleo en aguas de Canarias (Lanzarote y Fuerteventura) desde 2001. A ello se han opuesto unánimemente tanto la población y organizaciones sociales como las instituciones locales (el Parlamento canario, etc.). Sin embargo, este pasado abril el Gobierno español obvió todo ello y le otorgó permiso para iniciar las prospecciones. Allá operaría a 3.500 metros. Repsol también ha hallado reservas en Brasil a una profundidad total de 7.210 metros.

Derrames de crudo pesado

El crudo pesado (casi el 70 % del petróleo existente) fue desestimado durante muchos años por ser un petróleo de peor calidad, además de encontrarse en lugares poco accesibles. Ahora en cambio es rentable pese a sus altos costes de extracción, transporte, refino, etc. De este tipo son los crudos que se extraen en Ecuador, Perú, Brasil o Nigeria.

Por eso Texaco fue la única petrolera operando en Ecuador hasta 1990 (y no había comenzado hasta 1967). Pero desde la década de los 90 otras empresas empezaron a entrar en la zona y hoy la Amazonia ecuatoriana se encuentra en su totalidad dividida en bloques de extracción. El último intento de ampliar la frontera petrolera fue el pasado julio, cuando el Gobierno de Ecuador firmó la Décimo Primera Ronda petrolera para otorgar nuevas concesiones. Desde Ekologistak Martxan/Ecologistas en Acción secundamos la iniciativa internacional de presentar cartas en las embajadas y consulados ecuatorianos exigiendo que no avance la frontera petrolera en la Amazonia.

Siendo un ecosistema tan rico, tan vulnerable y siendo el crudo pesado tan contaminante, sin embargo los derrames se suceden en la Amazonia sin cesar: 50 al año en la zona ecuatoriana, que supone ¡1 vertido por semana! [1]. En estos 30 años de actividad petrolera se han vertido 20 millones de galones de petróleo en la Amazonia ecuatoriana. Del año 2000 al 2010 se han contabilizado 539 derrames (ver gráfico 1).

El último derrame (que conozcamos) ocurrió el 31 de mayo en el río Coca, confluyendo en el Napo –que irónicamente pasa por la Reserva Yasuní, lugar en el que el Gobierno ecuatoriano había propuesto no extraer su petróleo para protegerlo, algo que ahora parece que va a cambiar–. Fueron 11.480 barriles de petróleo que se extendieron, además, en territorio peruano (donde afectó a 32 comunidades nativas) y brasileño. El derrame lo causó un derrumbe ocasionado a su vez por el volcán Reventador, que rompió el oleoducto SOTE (Sistema de Oleoducto Transecuatoriano), demostrando nuevamente cuán delicada resulta esta extracción y su transporte. Alexandra Almeida, de Acción Ecológica de Ecuador, explicó que el SOTE “ya es un oleoducto viejo”, construido en los años 70 para llevar el petróleo desde la Amazonia hasta la costa, cruzando los Andes.

Poco antes, el 8 de abril, también sufrió una rotura el OCP (Oleoducto de Crudos Pesados), con idéntica función que el SOTE. Uno de los propietarios del OCP es Repsol y entre sus financiadores originales está el BBVA. Este derrame supuso el vertido de 5.000 barriles de crudo en el estuario del río Winchele, en Esmeraldas, afectando a 5 kilómetros del río en los que acabó con todo vestigio de vida (peces, anfibios, camarones, etc.). Fue considerado como un desastre ambiental. En 2009 el OCP sufrió también un grave accidente derramando 14.000 bidones de crudo en los afluentes del Amazonas Coca y Napo.

El BBVA también ha financiado el oleoducto Bicentenario en Colombia, ubicado en una zona muy vulnerable por ser uno de los escenarios más activos del conflicto bélico colombiano. Los oleoductos Gasyrg en Bolivia y el Camisea en la Amazonia peruana también fueron financiados por el BBVA. Camisea se ha roto ocasionando derrames en múltiples ocasiones, una de ellas también en 2009 y otra el pasado febrero, en el río Urubamba, acabando con todos los peces y afectando también al pueblo machiguenga. Este banco también ha financiado el oleoducto Nordstream que une Rusia y Alemania.

Otro de los derrames más recientes ha ocurrido en Nigeria, país que continúa siendo un infierno ambiental y social. De allá proviene buena parte del petróleo y gas que usamos en el Estado español y también operan allí todas las transnacionales energéticas estatales (Iberdrola, Repsol, Gas Natural, Endesa). El 11 de marzo ocurrió un derrame en Gwagwaladan, en el oleoducto NNPC, en una zona pantanosa en la que contaminó el agua de la que dependen muchas comunidades. El 2 de abril fue Shell quien protagonizó otro, en el oleoducto de Nembe Creek, vertiendo 60.000 bidones de crudo.

Pero en sentido contrario a estos accidentes continuos, fue en enero de 2013 cuando la corte holandesa declaraba a Shell culpable por primera vez de uno de sus muchos vertidos y de la contaminación consecuente en el delta del río Níger, en concreto por el derrame de Ikot Ada Udo. Esta decisión supone todo un hito que esperamos siente jurisprudencia en casos posteriores.

El nuevo infierno bituminoso

Las arenas bituminosas son unos de los yacimientos de petróleo no convencional que se han vuelto rentables por el aumento del precio del crudo. De hecho, prácticamente no se había empezado a explotar hasta este siglo XXI. Alguno de los mayores yacimientos se encuentra en América del Norte (Estados Unidos y Canadá). En 2006 ya existían en Canadá 81 proyectos de este tipo –en Alberta operan ahora 20 transnacionales– extrayéndose 1,25 millones de barriles por día.

La extracción y procesamiento de las arenas bituminosas, como la fractura hidráulica, conlleva un elevado gasto de energía y dinero. Por tanto, afecta más al cambio climático (12 % más de gases invernadero que el petróleo convencional). Pero además, al remover la tierra y la arena, el bitumen se mezcla con tierra y agua, contaminándolo todo. La separación del crudo de la arena precisa también grandes volúmenes de agua: de cuatro a seis barriles de agua para producir uno de petróleo (dos o tres más que el petróleo convencional). Un 10% de esa agua es devuelta al río, pero contaminada. El resto se deposita en grandes piscinas, algunas del tamaño de lagos como la de Syncrude [2]. El agua resulta tan tóxica que las aves que se posan en estas lagunas mueren a millares [3]. En Alberta (Canadá) se extrae agua del río Athabasca (652 millones de metros cúbicos al año). El pasado 25 marzo se registraba un derrame de 2.200 bidones de aguas residuales a este río.

De 15 de los derrames acaecidos entre marzo y abril, 4 correspondían a las arenas bituminosas. El último que hemos recogido data del 13 junio 2013 [4] en el oleoducto TransMountain cerca de Merritt (Canadá). Este oleoducto pertenece a la compañía Kinder Morgan, a la que el BBVA financió en la adquisición de El Paso Energy [5]. Kinder Morgan, que posee oleoductos para la industria gasista y ahora para el petróleo de arenas bituminosas, comenzó su andadura en 1997 y ya atesora 30 derrames de relevancia. Adquirió el TransMountain en 2005, que a su vez ha sufrido siete derrames considerables.

En marzo también ocurrieron importantes derrames desde oleoductos: en Fort Simpson, Canadá (6.290 bidones de petróleo) y en Mayflower, Arkansas, EE UU (12.000 bidones). Tras este último accidente, varios activistas se encadenaron parando la construcción del oleoducto transcanadiense Lockdown Halts Keystone XL en Oklahoma, que amenaza zonas pantanosas y habitadas por indígenas. El 27 marzo, también, un tren vertió 952 bidones de petróleo de arenas bituminosas en Minnesota (EE UU).

Como en otras actividades extractivas, los pueblos nativos son los principales afectados: en Canadá el 70% de las arenas bituminosas se localizan en tierras de la nación nativa del Lago Lubicon, y también son afectados los pueblos originarios Metis, Dene (txipewyan), Kree, Ihanktonwan Dakota o Nadleh Whut’en. El pasado 20 de marzo se juntaron en Ottawa representantes de esos pueblos de Estados Unidos y Canadá para oponerse a los oleoductos que partiendo de Alberta cruzan sus territorios: el Trans Mountain, el Keystone XL –que va hasta Texas– y el Northern Gateway –discurre hasta el Pacífico para exportar petróleo a China–. El 16 de mayo 10 naciones indígenas [6] abandonaban una reunión con el Departamento de Estado de Estados Unidos y firmaban su rechazo al oleoducto TransCanada/Keystone XL. “El oleoducto –afirmaban– será contraproducente no solo para las naciones recogidas sino para todas las futuras generaciones del planeta Tierra”. Se refirieron a él como “una desacralización de Ina Maka (Madre Tierra)”.

A finales de julio 2013 varios cientos de ecologistas ocuparon los campos de extracción de arenas bituminosas de Utah como parte de un campamento de acción para la defensa del ecosistema del valle del Río Verde.

Frack-off! Resistiendo al fracking

Al estar tan desarrollados los métodos de extracción de petróleo de arenas bituminosas y de gas de pizarra (fracking) en Estados Unidos y Canadá, y sus impactos comprobados, la oposición y desobediencia también se están incrementando [7]. Este 27 de julio los Payasos Rebeldes llevaban su mensaje al Directorio para Planificación y Asuntos Ambientales de Escocia. Sin duda, la compañía Cuadrilla era el principal objetivo de los activistas, pues es la responsable del fracking ya iniciado en Reino Unido. Ese mismo día un grupo de ecologistas paralizaban la actividad de esta compañía, mientras que otros muchos bloqueaban las de Sussex, donde Cuadrilla tiene un proyecto al que se opone la comunidad.

En Estados Unidos, varios activistas pararon la Conferencia sobre Combustibles No-convencionales en Salt Lake City el 7 de mayo. También aquí el 1 de mayo ocuparon la planta de procesamiento de arenas de sílice para fracking en una zona de bosque nativo en Winona, acción por la que 35 personas fueron detenidas. La arena de sílice es utilizada en el fracking para impedir que se cierren las grietas durante la fracturación de la roca, y su extracción se realiza mediante la eliminación total de la montaña.

Muchos municipios se oponen también a la fracturación hidráulica sin poder hacer respetar su decisión, pero el 3 de mayo la Corte de Apelación de Nueva York dio la razón a los ayuntamientos de Dryden y Middlefield a la hora de prohibir la fractura hidráulica en sus territorios. Este caso es todo un hito en la batalla legal contra el fracking en Estados Unidos, pues tan solo en Nueva York son más de 50 los municipios que se han planteado prohibir el fracking sin poder ponerlo en práctica. El 9 de abril otro juez se posicionó con los ecologistas y denegó el permiso concedido por el Gobierno para extracción por fracking en Monterrey (California).




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