Axarquía: Premios Atila 2005

Con ocasión de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, Ecologistas en Acción presenta un panegírico de defensa del mundo rural en la Axarquía, a la vez que concede los Premios Atila (Local) del año 2005.

DEFENSA DEL MEDIO RURAL

La conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente nos debe servir para recordar que formamos parte de una intrincada red de relaciones tanto sociales como naturales, de cuyo conocimiento y buena gestión dependerá nuestro futuro como especie. Siguiendo la idea organicista de Gaia, nuestro desmesurado crecimiento y nuestra inimaginable voracidad hacia los recursos naturales limitados pueden ser la clave del fin de nuestro momento geológico pero no de nuestro planeta, que se defenderá de nosotros precisamente aniquilándonos para siempre y así proseguir en su imparable marcha en el tiempo.

Pero, descendiendo a un plano más local e inmediato, quisiéramos, en este día, gritar a los cuatro vientos que nunca deberíamos abandonar nuestro mundo rural y tenemos muchas razones para defender esta idea, frente a la, cada vez más machacona consigna política, procedente de muchos alcaldes de la Axarquía, de que nuestra comarca no puede vivir de la agricultura y que por tanto se les debe autorizar a construir en el campo con toda libertad.

La defensa del mundo rural tiene varios argumentos. Por una parte, no hay que olvidar que la Axarquía tiene la impronta de una actividad agrícola que se remonta a muchos siglos atrás y que nos ha legado un paisaje inimitable, dominado por su abrupto territorio domesticado por la titánica mano del hombre, que ha dejado su sello en sus laderas, sus terrazas, sus policultivos de secano. Este paisaje, que incluye una confortabilidad climática envidiable, ha sido el principal reclamo para una legión, cada vez más numerosa, de turistas que están contrarrestando, económicamente, la regresión de la actividad agrícola a que nos ha conducido los procesos de globalización del mercado y los acuerdos europeos en materia agraria.

Pero moriríamos de éxito si, en el afán de sacar provecho al suelo, y sobre todo sacar provecho de manera especulativa (el mercado de la compraventa) descuidamos, deterioramos o destruimos precisamente el reclamo que alentó la oleada de visitantes: el paisaje agrario. Por este motivo, a la lógica tendencia al crecimiento urbanístico que hay que admitir por el crecimiento del número de residentes, hay que oponer necesariamente un conjunto de limitaciones si se quiere que esto sea sostenible. Estas limitaciones son nuestros recursos naturales, que incluye el agua, el suelo, el paisaje, etc. Ésta debería ser la meta principal de cualquier plan de ordenación urbana, sea a nivel comarcal o a nivel local.

Defender el mundo rural, no sólo es defender el paisaje, sino también el paisanaje. Nos referimos a las gentes de los pueblos y sus tradiciones, su cultura. Y es una enorme falacia y un gran contrasentido defender la urbanización del campo bajo el pretexto de mantener a la población rural en los pueblos. Nada más lejos de la realidad, cuando el abandono del campo, su venta al primer eslabón de la cadena especulativa, dejará sin sentido la permanencia en el pueblo y servirá en bandeja la emigración de la población autóctona a la gran ciudad, para buscar allí otra vida alternativa o, terminar sus días aparcada en cualquier piso. Mientras tanto, las señas de identidad, las tradiciones y la cultura de cada pueblo irán sustituyéndose por las correspondientes a una amalgama de culturas foráneas cerradas que intentan reproducir su microcultura en territorios alejados y que para colmo no dan empleo alguno. Esto no es una fábula, ya está ocurriendo en muchos pueblos, como Torrox por ejemplo.

Defender el mundo rural es defender también la actividad agrícola. Porque la actividad agrícola es la que mantiene el paisaje. Y si para ello ahora tenemos que pagar un plus a los agricultores (sea mediante impuestos, subvenciones o lo que sea) pues muchos estamos dispuestos a asumirlo pues debemos agradecer a su trabajo la calidad ambiental y paisajística de que gozamos. Pero es que, además, la defensa de esta actividad agrícola tiene mucho que ver con el mantenimiento de la biodiversidad agrícola, las variedades de frutos y productos alimenticios, en un mundo cada vez más globalizado, en el que poco a poco serán un par de multinacionales las que tendrán el poder de suministrar semillas (transgénicas) a todo el mundo.

Ningún pueblo debe abandonar la actividad agrícola, el “campo”, por muy terciarizado que esté, por muy boyante que sean los negocios inmobiliarios (que siempre lo son para unos pocos), y en general toda la actividad económica del sector primario, entre otras cosas porque es un seguro de vida en un futuro cada vez más incierto. Porque, ¿qué pasaría si el ahora esplendoroso negocio turístico se viniera abajo? ¿de qué íbamos a comer? Porque hay varios escenarios en los que hace posible esta regresión del turismo: las muy posibles crisis energéticas (que encarecerán enormemente los viajes), las muy posibles crisis climáticas (que harán que esta zona sea climática insoportable gran parte del año), las muy posibles competencias de otros países (ya está ocurriendo), etc. En un escenario de decrecimiento del turismo, la agricultura es un seguro. Como también lo es si el globo cada vez más inflado de la globalización, que nos suministra ahora alimentos desde todos los rincones del mundo, se pincha por la crisis energética, por conflictos internacionales, etc, en cuyo momento, traer alimentos de otros lugares será demasiado caro o peligroso. En estos escenarios posibles, sería muy peligroso e imperdonable para nuestras futuras generaciones que nuestros campos se hubieran convertido en urbanizaciones. Por este motivo, en este memorable día, defendamos el campo y a los campesinos, que son nuestro seguro de vida.


Premio Atila (Local) del 2005

Como todos los años, la organización Ecologistas en Acción concede, a título honorífico, un premio a persona o entidad que ha destacado en el año por su labor en contra del medio ambiente y la sostenibilidad del desarrollo. Si bien a nivel regional el premio será notificado por la coordinación regional, a nivel local, la organización comarcal (GENA-Ecologistas en Acción) ha decidido conceder este premio al Grupo Independiente Pro-Municipio de Torre del Mar (GIPMT) por haber demostrado ser un nido de gestores y promotores del desarrollismo inmobiliario, el principal enemigo de la sostenibilidad, la calidad de vida y el mundo rural, como sucede con los siguientes casos:

- 1.- D. Manuel Rincón: actual teniente alcalde de Torre del Mar, por la promoción del aberrante proyecto de Circuito de Alta Velocidad más complejo de golf y varias miles de casas en las arcillas expansivas de Las Rozas (El Borge-Cútar).

- 2.- D. Enrique Faura: que aunque actualmente no es concejal, no hace mucho lo fue y de urbanismo de Vélez, dejando su sello en muchas atrocidades urbanísticas como los campos de golf de Villanueva del Rosario y Torrox, con sus correspondientes macro-urbanizaciones.

- 3.- D. Jose L.Sánchez Toré: actualmente concejal de urbanismo, que sigue haciendo del PGOU de Vélez un chicle especulador, con el que intenta recalificar terrenos de allegados, Playa Fenicia y numerosos campos de golf en el municipio de Vélez.

- El Caballo de Atila recae en D. Antonio Souvirón (alcalde de Vélez-Málaga), sobre el que cabalgan los anteriores Atila.