Castilla-La Mancha se olvida del medio ambiente

Un año más se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente y, como tantos otros, no hay nada que celebrar. No es que el lema elegido por la ONU sea muy motivante ni entendible (“Una Economía verde, ¿te incluye a ti?”). Pero era de esperar que en esta situación de crisis económica, social y ambiental, al menos nuestros gobernantes se aproximaran si quiera un poquito a la realidad y nos dieran un mensaje mínimamente estimulante.

En Castilla-La Mancha, el Gobierno regional ha despachado el día con un alegato a la “economía verde” y con un discurso descafeinado destinado a granjearse las simpatías de agricultores y ganaderos y se ha olvidado clamorosamente de enunciar siquiera un buen deseo o un mínimo compromiso medioambiental. Desgraciadamente no se podía esperar otra cosa de quienes están dedicando toda su energía a laminar los logros medioambientales que la sociedad estaba conquistando a lo largo de décadas de esfuerzo e inversión.

La economía verde, en los términos que se reconoce a nivel mundial es una falacia cuyo objetivo es mercantilizar lo verde, es decir, monetarizarlo todo aún más, dejando de lado, como siempre, a los que generan economía social. De momento, y si la ONU, la UE y los Gobiernos no lo evitan, la verde es la economía de las multinacionales, de los especuladores, de la esquilmación de las tierras y de los recursos naturales, en especial de los países pobres. De la explotación, en suma, de los agricultores y ganaderos de verdad.

Frente a eso hay una economía ecológica y sostenible que es la única que nos puede sacar de esta crisis que vivimos. Una economía que recupere el papel de las personas en la sociedad y que no esté centrada exclusivamente en poner precio a todo. Una economía, no lo olvidemos, que podría generar en España, según estudios oficiales, más de un millón y medio de empleos, además de garantizar el futuro de miles de agricultores y ganaderos que recibirían precios justos por lo que producen a cambio de ejercer su actividad de forma respetuosa con el entorno.

En este sentido, demuestra una vez más este Gobierno de Castilla-La Mancha lo desnortada que es su política en general, y en particular en materia medioambiental. No le ha bastado con ningunear el medio ambiente en su organigrama de Gobierno. Ni con eliminar, cual residuo que se echa al vertedero, buena parte de los recursos humanos y económicos destinados al medio ambiente en la Región. Ahora, con ánimo que parece más bien de venganza y guiados por los lobbys más reaccionarios, quieren reducir a escombros la normativa ambiental y mantener el impulso a las políticas suicidas que nos han llevado al particular desastre en que está sumida Castilla-La Mancha.

No hay que olvidar tampoco que la mano que mece la cuna de algunas de las reformas que ha empezado a aprobar el Gobierno Central en materia de conservación de la naturaleza, de aguas o de caza. Este Gobierno quiere para Castilla-La Mancha más regadíos intensivos, más infraestructuras innecesarias, amnistía a la ilegalidad urbanística, el mercadeo con agua de pozos, más caza dañina, más especies exóticas en nuestros ríos y más contaminación. ¿Es esta la economía verde de la que nos hablan?